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¿Cómo ganar las elecciones?

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¿Cómo ganar una elección?

Esa es la pregunta del millón para todos aquellos metidos en la política. Si pensamos como lo hace el PRI, el PAN y el resto de partidos políticos de México, las respuestas son sencillas: comprar votos, utilizar la demagogia para escupir las promesas que quiere escuchar el pueblo, robarse propuestas ajenas, iniciar guerras sucias y utilizar todos los medios a nuestra disposición para construir una imagen política consumible para la población.

Sin embargo, si volteamos a ver la política honrada, justa y verdaderamente democrática, veremos que hay formas mucho más nobles de ganar una elección, sin tener que incurrir en prácticas políticas corruptas.

Primero que nada, es necesario plantear desde las bases cuál será la identidad del partido o plataforma que va a lanzar al candidato para la elección popular. Es decir, un candidato sin respaldo de los suyos no es nada. Una vez con un grupo sólido consolidado, hay que establecer principios que guíen el actuar del candidato. Estos se decidirán a partir de las creencias, posturas y cosmovisiones políticas y éticas de los miembros.

Ya con el proyecto materializado y respaldado por una fuerza ética, podemos comenzar a pensar en el siguiente punto importante para ganar las elecciones: los grupos de trabajo. Como en toda organización, es necesario distribuir tareas, delegar responsabilidades y asignar áreas de compromiso para cada uno de los integrantes.

Después de que tengamos un grupo de trabajo que conozca los principios del mismo y sus respectivas áreas de trabajo, es momento de pasar a una actividad crucial para conseguir la victoria: generar las propuestas de campaña. Para ello, es necesario comprender el contexto social, cultural y económico donde se va a desarrollar la elección, y preguntarse cosas como: ¿Qué tipo de carencias tiene la población? ¿Qué es lo que necesitan? ¿Cuál es su opinión sobre administraciones públicas pasadas? ¿Qué opinión tienen de las elecciones y de la política en general? ¿Cómo han atendido sus necesidades en el pasado?

Después de conocer las respuestas a estas interrogantes hay que analizar cuáles de éstas son prioritarias, es decir, cuáles son las más demandadas por la población. Hay que ver también cuáles podrán ser atendidas, según los recursos de los que se dispondrán y los permisos correspondientes.

Con nuestras propuestas pensadas y planeadas, el siguiente paso es elaborar las estrategias de campaña para difundirlas, haciéndonos cuestionamientos como los siguientes: ¿Qué medios vamos a utilizar para comunicar nuestras propuestas? ¿Cuál es el medio que más utiliza nuestra población y que será más efectivo para comunicar nuestro proyecto político? ¿Cuál será el acercamiento con los votantes? Aquí cabe señalar que es crucial saber ser muy preciso con la selección de nuestros medios y la construcción del mensaje, pues definitivamente la comunicación política es uno de los elementos más determinantes al momento de ganar una elección. Así pues, vale la pena detenerse y pensar con mucho cuidado cómo comunicarnos efectivamente y también plantearse maneras de innovar para que nuestra opción electoral se distinga del resto con facilidad.

El siguiente paso también es importantísimo: el desarrollo de la campaña. Durante esta etapa de la elección pondremos en práctica todo lo que hemos planeado hasta el momento. Nos presentaremos y acercaremos con la población, escucharemos a los votantes, veremos cuáles son sus necesidades —que siempre surgen nuevas— y haremos la difusión de las propuestas que ya hemos formulado para atender algunas de ellas.

Es durante esta parte de la elección que sucede la confrontación con los equipos, partidos o grupos opositores; no podemos hablar de elección sin competencia y variedad de candidatos. Por lo mismo, en esta etapa del proceso no sólo se contrastarán las formas políticas de aproximación con el electorado y las propuestas de cada grupo político, sino que seguramente tendrán que ponerlas a prueba en un debate público.

Hay que tener mucho cuidado aquí de no caer en provocaciones durante el debate, pues no pocas veces los candidatos terminan descalificándose unos a otros antes que esgrimiendo argumentos con respeto y madurez—como los vimos en los debates entre Clinton y Trump—.

Terminado el debate, lo siguiente será la votación. Hasta aquí habrán llegado nuestros esfuerzos por tratar de convencer a los electores de que nuestra opción política es la mejor. Quedará en sus manos escoger. Pero claro, en dado caso de que no nos importe ser deshonestos y corruptos al estilo priista, siempre podemos recurrir al fraude electoral (es broma, no lo hagan).

Ganar una elección no lo es todo. Yo pienso que es más importante el proceso que la victoria definitiva, pues es en cada una de estas etapas es que crecemos políticamente y que participamos como ciudadanos responsables. Además, nos brinda una experiencia inigualable: el acercamiento con la comunidad, que siempre será mucho más importante que ocupar un cargo público. 


Dogo Filósofo

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