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¿La tecnología nos hace más inteligentes o más ignorantes?

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El Smartphone en tus manos te permite grabar un video, editarlo y enviarlo a todo el mundo. Con tu teléfono puedes guiarte en la ciudad, comprar un carro, controlar tus signos vitales y realizar miles de tareas más. ¿Y?

Cada una de esas actividades requiere habilidades especiales de aprendizaje y los recursos necesarios para hacerlo. Para grabar un película, primero consigue una cámara de video y el equipo necesario (cinta, luces, equipo de edición). Segundo, se aprende a usarlo y se renta el equipo. Tercero, se graba el video. Cuarto, se desarrolla y edita el video. Quinto, se hacen copias para distribuirlas.

Ahora todas esas funciones se resolvieron con la tecnología. No se necesita mucho tiempo para aprender los detalles pues los programadores de smartphones se han ocupado de todo. Así los cineastas son libres de enfocarse solo en su obra, ahora es más fácil que nunca convertirse en un cineasta. Históricamente, la tecnología nos ha hecho, en forma individual más ignorantes y más inteligentes- y en conjunto más inteligentes. La tecnología nos ha hecho capaces de hacer más mientras entendemos menos acerca de lo que estamos haciendo, también aumentó nuestra dependencia de otros.  

Estos no son cálculos recientes, pero son parte de la historia de la tecnología desde que los primeros seres humanos empezaron a cultivar. En décadas recientes, tres mega cambios aceleraron el proceso, empezando por el aumento del ritmo de los seres humanos que se especializan en tareas en particular. Además, delegamos más tareas a las herramientas tecnológicas, como la aplicación para grabar en un smartphone, esta reduce el reto de aprender mucha información tecnológica. La gente tiene acceso a la tecnología mucho más que en el pasado, lo que les permite usar dichas herramientas con mayor facilidad.

Conocimiento especializado

La especialidad nos permite ser muy buenos algunas actividades, pero esa inversión en aprendizaje por ejemplo, viene de otras habilidades como la manera de cultivar tu propia comida o construir tu propio refugio.

Según Adam Smith en “Wealth of Nations” 1776, una especialidad le permite a la gente volverse más eficiente y productivo en un tipo de tarea, pero con el costo de aumento de dependencia de otros por necesidades adicionales. En teoría todos se benefician.

La especialización tiene consecuencias morales y pragmáticas. Es más probable que las personas experimentadas consigan trabajo y ganen más dinero que sus contrapartes no preparados. Una de las razones por la cual Estados Unidos ganó la Segunda Guerra Mundial fue que el proyecto decidió mantener a los  trabajadores entrenados, ingenieros y científicos trabajando en su ámbito laboral en vez de enviarlos a la guerra. El operador de una máquina especializada o una plataforma petrolera contribuía más a ganar la guerra al quedarse en casa y apegarse a un rol especializado que al estar al frente con un rifle en la mano. También significó que otro hombre (o alguna mujer) se pusiera el uniforme y tuviera una alta probabilidad de morir.

Hacer máquinas para todos

Agregar habilidades humanas a una máquina- llamada “black boxing” hace que las operaciones sean invisibles para el usuario- permite que más gente, por ejemplo, mida la presión arterial sin invertir tiempo, recursos y esfuerzo en aprender las habilidades que se necesitan para usar el aparato que mide la presión. El poner la experiencia en el dispositivo reduce los obstáculos para realizar algo, pues la persona no necesita saber mucho para hacerlo. Por ejemplo, es como diferenciar entre conducir un carro manual y un carro automático.

La producción de tecnologías black boxed permite su uso general. Los Smartphones y monitores de medición de presión arterial serían mucho menos efectivos si tan solo miles en vez de diez millones de personas los pudieran usar. Menos felicidad, producir diez millones de rifles como el AK-47 significa que los individuos pueden matar gente con más facilidad en comparación con las armas primitivas como los cuchillos.

Más prácticos, dependemos de otros para hacer lo que no podemos hacer. Los residentes urbanos en particular dependen en gran manera de estructuras invisibles para proveer el poder, eliminar el desperdicio y asegurar la comida,  miles de otros dispositivos están disponibles.

El abuso de la tecnología es peligroso

La principal desventaja en el incremento de la dependencia por la tecnología es el aumento de las consecuencias si esas tecnologías fallan o desaparecen. Lewis Dartnell’s “The Knowledge” ofrece una agradable (y alarmante) exploración acerca de cómo los sobrevivientes del devastador apocalipsis de la humanidad podrían rescatar y mantener las tecnologías del siglo XXI.

Tan solo un ejemplo de muchos es el de la Academia Naval de E.E.U.U que continúa con el entrenamiento para que los oficiales naveguen con sextantes.

¿Cómo sobrevive y prospera la gente en este mundo donde sigue aumentando el cambio y la dependencia? Es imposible ser totalmente autosuficiente, lo que sí es posible es aprender más sobre la tecnología que usamos, para aprender los conocimientos básicos y arreglarlos (tip: siempre verifica tus conexiones y lee el manual) además para encontrar gente que conozca más acerca de temas en particular. De tal manera el vasto recurso de información no solo puede aumentar nuestra dependencia sino reducirla (claro, la incredulidad acerca de la información en línea, nunca es una mala idea). Pensar sobre lo que pasará si algo sale mal podría ser un ejercicio útil para salir de una preocupación excesiva. De manera individual, dependemos de la tecnología más que antes pero del mismo modo, podemos hacer más que antes. De forma colectiva, la tecnología nos hace más inteligentes, capaces y productivos. Lo que no ha hecho la tecnología es hacernos más sabios.  


Baudilio Sosa Mayonga

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