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La muerte de la clase media: La procesión del espíritu

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El arte se ha convertido en un producto de consumo para la clase media, arrebatado de sus manos y generado a nivel industrial. ¿Qué le queda? En este artículo abordaremos la situación tan precaria en que se encuentra la espiritualidad de este estrato.

Empecemos dando una definición a “espiritualidad”. Podemos definirla como toda aquella actividad que esté destinada a transformar al individuo en su dimensión intelectual, emocional o física. Sin embargo, es también común que se atribuya cierto sentido religioso (incluso ritual) a esta palabra; por ende, hemos de confrontar el problema que desde ambos abordajes encara la clase media.

De inicio, el desarrollo intelectual del individuo clase-mediero está mermado. Hay multitud de razones para ello, como la cantidad tan abrumadora de información que se le ha puesto enfrente, la falta de ética profesional de los medios de información (todos con intereses y agendas muy marcadas), la ausencia de pensamiento crítico y varias otras trabas que le impiden desarrollarse intelectualmente. Pero tal vez su mayor obstáculo es su falta de interés por desarrollarse intelectualmente; ya sea porque ha caído en la ilusión de estar informado por ver videos de treinta segundos en Cultura Colectiva y Playground, o ya sea porque cree que una publicación con un comentario tendencioso en Facebook o Twitter es una fuente legítima de información, es irrelevante.

Sirva este caso para ejemplificar cómo se ha generado una estupidez normalizada, cuyo mayor peligro reside tanto en su ilusión de información como en su disfraz de cinismo e indolencia. Y al asumir este tipo de actitudes, la estupidez no se vuelve sólo el estándar, sino que se ve como deseable para muchos. Ya hemos visto en mi artículo anterior La muerte de la clase media: El velo(rio) del arte, que se busca arte empaquetado para poder estar constantemente estimulado. Y se necesita cinismo e indolencia para poder estar constantemente adormecido, con la excusa de que ya se sabe. Ya se sabe cómo funciona el mundo. Ya se sabe que las cosas no van a cambiar. Ya se sabe que es mejor preocuparse por uno.

El siguiente aspecto de la espiritualidad (el emocional) es uno delicado, pues el bienestar emocional implica no sólo sentir y estar a la merced de las situaciones que el mundo nos arroje en cara. El bienestar emocional implica un cierto control de las mismas emociones. Ya lo deja claro Lewis cuando declara que “el corazón nunca reemplaza a la cabeza; pero puede, y debe, obedecerla”. Esto se muestra particularmente relevante, pues la sociedad está expuesta a cantidad inmensa de estímulos (desde fotos acompañadas de textos “conmovedores” hasta videos de gatos haciendo cosas graciosas) a través de internet, fuente del ocio de la inmensa mayoría de la población clase mediera. Sin embargo, nada saben sobre auto-control. Al contrario, se condena a este mismo con simplemente llamarlo “represión”.

No hay mucha esperanza de que se enderece el camino en un futuro inmediato, ya que se ha extendido ampliamente una ideología de la vulnerabilidad, que reza cosas similares a “siente, no pienses”. He ahí uno de los mayores impedimentos para este aspecto: el facilismo en el pensar, propagado por diversas sectas de coaching, experiencias vivenciales, liderazgo, programación neuro-lingüística y similares. Agrupaciones, todas ellas, que han desarrollado sistemas para lucrar a partir de la vulnerabilidad emocional y el sentimiento de estar a la deriva a la que están sujetos nuestros estimados clase medieros, quienes, al final del día, sin importar la cantidad de sosiego que les proporcionen las series, la música genérica y su cinismo, están bajo el peso de su falta de propósito. Ahí entra el coach. Culpamos de esto a los psicólogos mal preparados que validan estas prácticas y a todos aquellos bien preparados que no condenan la divulgación chafa (y a menudo sensacionalista) de un tema tan delicado.

Hay también otro tipo de sectas que impiden el desarrollo tanto intelectual y emocional de las personas. Nos referimos al creciente número de iglesias de corte cristiano que han proliferado tanto los últimos años. Y no es casualidad, que justo en estos tiempos de instituciones desacreditadas e ideologías caídas (estos tiempos tras la muerte de Dios) surjan tantos que busquen proporcionar un asidero a aquellos que se sienten indefensos… por un módico precio. Y no condenamos la religión, sino su comercialización. Condenamos que, ante la fragilidad de la gente, tantos decidan adulterar las religiones y tradiciones de un pueblo para venderlos. Porque ese es su negocio: tomar una tradición de cientos de años y diluirla para que se ajuste a las creencias de la gente. ¡Imagínense! Ahora, la gente, en lugar de adaptar su vida a los preceptos de su religión, consume una religión que se ajuste a su estilo de vida. Más fácil, en efecto, que cuestionar o suprimir algunos malos hábitos.

Concluimos con esperanza, pero sabiendo que la batalla para la clase media es una que todavía se está librando. Sus prácticas espirituales pueden haber sido magulladas, pero se pueden reparar. La clase media está caminando para enterrar su cultura, pero aún hay tiempo. Podemos luchar por nuestra cultura. Está en apuros, pero la podemos y nos podemos defender.


Dogo Filósofo

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Comments

Casia Cifres Valdivia     6 November 2017

Claro es algo que ya tiene tiempo que se habla de esto pero nadie hace nada.

Laura Patricia Mateo Rojo     3 November 2017

Si es algo que ya se veía venir desde hace tiempo con esta economía y corrupción.

Melissa Martha Mora     3 November 2017

Aquí la culpa es solo del gobierno, la educación ya no es como antes, han quitado muchas cosas y la educación no es tan buena.

Arturo Vega Estrada     2 November 2017

Es un tema que enoja a muchos y es que ya sabemos que los politicos no hacen nada para ayudar al pueblo, si no para el beneficio de ellos mismos.

Rebeca Aragon Obrado     1 November 2017

Un truco mas para engañar al pueblo o algo así de seguro, para poder seguir robando.

Alicia Carolina Zazueta Lucio     1 November 2017

Lo único que se es que la vida en Mexico es cada vez mas cara y que el dinero ya no alcanza, o comes o lo usas para el transporte.

Aileen Rivera Diaz     31 October 2017

Para empezar la culpa es del gobierno, solo habrá en el futuro dos clases la clase rica de los politicos y la de los pobres.

Jacinta Chalco Oliveri     31 October 2017

Ese dinero hubiera servido mejor para construir nuevas escuelas, modernizar las escuelas viejas y mejorando la infraestructura de México.

Juan José Perez Gonzalez     31 October 2017

Por no mencionar que en México, el país mantiene a los partidos políticos. Es decir una parte del presupuesto del país es otorgado a los partidos políticos para hacer campaña, lo cual no tiene sentido para mi y estamos hablando de casi 12 mil millones de pesos para 2018.

Luis Camacho Rodriguez     31 October 2017

El problema es la clase baja, que al tener poca educación, el gobierno y las religiones pueden aprovecharse de ella para sus fines. Por ejemplo, en México los partidos políticos usan el dinero de los impuestos para comprar despensas que después distribuyen a la clase baja con la condición de una copia de su credencial de elector. Para después usar la credenciales que obtuvieron para votar por los mismos partidos y así seguir en poder.