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No fuerces tu religión en tus hijos

Madre-hija-iglesia

La religión varía en cada persona por su concepto de ética  y su cultura. La religión cumple una función interesante e importante en el ser humano. Le ayuda a construir una conexión con su espiritualidad, la desarrolla, le fija un esquema moral y da un propósito. Cada individuo con su capacidad de tomar decisiones, discernir y analizar busca o solo llega a la religión que más cumple con sus necesidades. Esta es una decisión importante que se logra con el tiempo, aprendizaje y madurez tanto espiritual como intelectual. Es una travesía que todos debemos pasar. Por lo consecuente, debe haber un límite en la influencia de nosotros hacia ellos.

Como parte de una sociedad crecemos apreciando, venerando y pidiéndole a personajes o entidades que son parte de nuestra cultura. No podemos huir de esto y es importante también para nuestro conocimiento y para la incorporación a la sociedad. Sin embargo, dentro del hogar es donde vemos la mayor parte de la influencia en cuanto a la religión. No tiene nada de malo querer continuar con la tradición familiar de ciertas prácticas pues lo padres procuran inculcarle lo mejor a sus hijos. Lo que sucede cuando los influenciamos demasiado es que ellos pierden ese sentido de discernir. Les enseñamos a seguir como rebaño a los líderes, pero no les enseñamos que no todos son de confiar, qué no todo lo que los demás nos dicen es lo correcto y que cada quien tiene la capacidad de determinar qué es bueno y que no. No obstante, cuando se autoevalúen se darán cuenta que no están ahí porque ellos lo decidieron per sé, si no que están ahí porque no conocían otra cosa.

Continuamos enseñándoles una doctrina a los niños y jóvenes sin informarles de todo el panorama y posibilidades que hay. Ellos no son parte ni practican una religión por gusto o porque les enriquece, en este punto lo hacen para complacer a sus padres o porque simplemente no saben lo que hacen y solo es costumbre o miedo. Además,les recalcamos que la religión se basa en miedos y que existen castigos para el que no sigue su doctrina y esto hace que ellos permanezcan aunque no estén satisfechos o plenos con la religión. Esto contradice el propósito que predican la mayoría de las religiones. Los estamos encerrando en una posición en lugar de dejarlos descubrir el mundo por sí mismos.

Los jóvenes son personas igual que los adultos, y deben prepararse y aprender a tomar decisión y más cuando lo único que está en juego es su felicidad, su vida. La religión debería ser para enriquecimiento y crecimiento espiritual. Lo que hace ahora o lo que cultivamos en los niños es costumbre, miedo, confusión, exclusión de lo exterior y ceguera ante todo lo demás que existe en el mundo. Por esto, lo más importante es enseñarles, en lugar de seguir nuestra religión, cómo buscar, informarse, tener curiosidad, preguntar e involucrarse en distintas prácticas y que se conecten con ellos mismos para llegar a un punto donde ellos mejoren como personas. 


Catalina

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