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Hasta que las redes sociales nos separen

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Hoy en día es casi imposible no oír hablar de las redes sociales, están en todos lados y forman parte de más aspectos de la vida de los que podríamos imaginar. Aunque no comparto la efusividad que algunas personas tienen para con ellas y sus relaciones personales, de tipo amoroso o amistoso, es innegable que todos hemos permitido que se filtren los aspectos que componen nuestra vida privada a las redes sociales en mayor o menor grado.

Aunque el título lo pensé sobre todo por la cantidad de parejas que hoy en día se separan por conversaciones con personas ajenas que, quizá de no existir otro modo no tendrían lugar, al escribir las primeras palabras me llegó a la mente que las redes sociales también pueden ser una herramienta que destruya o arruine amistades. El etiquetado en fotos, publicaciones y otro tipo de interacciones muchas veces es motivo de molestia o enojo entre amigos.

No sé si la sensibilidad se potencia con este tipo de herramientas o si es que las redes sociales tenían un manual de instrucciones que la mayoría de personas desconocemos. Tal vez convendría preguntarle a Mark Zuckerberg algunos consejos para utilizar Facebook de una mejor manera o simplemente deberíamos tomarnos las cosas menos en serio.

Lo curioso del asunto es que no sólo afecta a las personas adultas, que de por sí tenemos complejos y mil vicios, también está llegando este efecto a las generaciones más jóvenes. Un día platicaba con mi hermana y ella me contó que una profesora suya relató en clase cómo se enojaban y sentían sus hijos porque ella no les contestaba los mensajes de facebook. Le reclamaban y decían cosas como  “¡me dejaste en visto!”; a raíz de esta situación ella notó que este ámbito era mucho más importante de lo que ella consideraba y cambió sus hábitos, aunque no sé qué tan conveniente sea.

Más allá de tener cuidado con todos nuestros contactos, creo que convendría tomar las cosas con más tranquilidad porque, si hay algo que he aprendido en estos años de vida digital, es que puede haber muchos malentendidos. Volviendo al tema que inspiró el título de este escrito, muchas veces he oído, y experimentado en carne propia, problemas de comunicación o malentendidos a causa de la intervención tecnológica.

Estas situaciones son normales porque los medios informáticos nos ofrecen muchas ventajas, como la inmediatez y versatilidad, pero también desventajas, como la falta de canales de comunicación no verbal, entonaciones, etc. Es curioso, pero creo que sería mucho mejor comunicarnos con mensajes de voz que con textos a través de las múltiples computadoras. Lo sé, tal vez no sea sencillo y yo misma prefiero los mensajes escritos y escribo inclusive estas líneas y no las narro con mi voz.

Ahora bien, aunque quizá ésta sea una opción para evitar ciertos malentendidos, tampoco es la solución real porque todavía hay ciertos elementos que se escapan a la percepción sensorial ¿Serán las videoconferencias entonces la solución? Mi respuesta es que sí y no, y vuelvo al tema de la paciencia y el diálogo. Aun con las personas enfrente, todos llegamos a tener malentendidos con los demás, por eso, más que contestar todos los mensajes, conviene armarse de paciencia y aprender a comunicarnos de la manera más asertiva posible.


Elisa E.

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