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Nostalgia: El verdugo de una generación

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-"Amigo, ¿no viste? ¡Va a salir una nueva película de Arnold!"

-"¡Camarada! ¿No te has enterado? ¡Hay una nueva versión de Pokemon!"

-"¡Hermano! ¿No me digas que no sabes? ¡Están transmitiendo una nueva versión de Dragon Ball!"

Frases como éstas o similares son comunes en estos tiempos. Nos dicen mucho sobre el estado de nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestra generación, dado que es fácil hacer un primer ejercicio y darse cuenta de que los que las pronuncian no son niños de 4 años. No son personas de la tercera edad. No son ni siquiera adultos de 40 años, ni adolescentes de 17. No. Son la generación condenada. La generación a la que se le arrojan innumerables estereotipos (la mayoría de corte desfavorable o insultante). La generación que no "creció". Los temidos millennials.

Una generación con mil atributos, diez mil pasatiempos y millones de causas bajo sus brazos. El millennial es conocido por su liquidez, si bien hay quienes gustan de atribuirles un sinfín de características, hábitos y defectos. Mas esto no es una vindicación del millennial, sino una reflexión sobre el estado en el que se encuentran muchos de los miembros de esta generación: un estado de sosiego total y la vista fija en el pasado; un estado de nostalgia permanente.

Claro, no asumimos que el millennial sea el único ser que alguna vez sintió nostalgia por el pasado. Lo que acusamos es que la maquinaria capitalista ha sido más perjudicial para él que para otros, en tanto que ha sabido abusar de esa nostalgia para atraparlo en una red de constante renovación de lo mismo. Una y otra vez, sacan de nuevo aquello que el millennial adoró de niño: caricaturas, videojuegos, películas... Han hecho del remake su principal producto de consumo.

¿Podemos condenarlos por ello? No, son sólo víctimas de un sistema que sabe bien que con drogas y nostalgia (en sus diversas presentaciones), puedes tener a sectores enormes de la población adormecidos, en un estado de zombificación donde se mueven, comen, trabajan y se abandonan a sus instintos primarios. Pero al final, su alma pareciera ausente y su mente parece haber sido devorada por las pantallas. ¿Cómo podemos condenar a quien está en ese estado? Pareciera inadecuado. Sin embargo, no dudamos en desaprobar ese estado y tacharlo de indeseable. Es lo justo.

Los empresarios encontraron una manera fantástica de someter a la cultura millennial: primero, la bombardearon desde la infancia con propaganda en la televisión. ¿Cuántos no fueron partícipes de la fiebre pokemon? Segundo, la atestaban de ideologías, haciéndole aspirar a modelos todos vacíos; puedes ser un buchón, un emo, un metalero, un mirrey, etc., de modo que formaran tribus urbanas con productos de consumo específicos cada una, necesarios para mostrar pertenencia, y se disgregaran. Finalmente, los unificaron a todos bajo los mismos vicios y les vendieron una y otra vez aquello que sus padres les compraron de niños: una nueva serie de Saint Seiya, 500+ pokemones nuevos, remakes de Sailor Moon, Rocko, Arnold, Digimon, Dragon Ball, otra de Toy Story, Monsters Inc., Aladín, El libro de la Selva, etc.

¿Y la novedad? No es necesaria. Si se quiere pretender que está siendo osada, tal vez se pueda hacer una versión Live Action, o una serie. Claro, ambas pueden ir acompañadas de un videojuego. ¿Quién notará la diferencia? Nadie. ¿Quién quiere que sea diferente? Definitivamente no el millennial. El quiere lo mismo. Tal vez que le muevan poquito al empaque, para que pueda utilizar la palabra "nuevo" o, si es osado, "revolucionario". Pero que no le muevan mucho, no vaya a ser que resulte en el fiasco que fueron las Chicas Superpoderosas Z. Dennos la misma gata pero revolcada.

¿Queda algo por hacer? ¿Hay salvación? Por supuesto. Pero no vendrá de esos mismos que están viendo esas series, probablemente. Y no vendrá de quienes las producen. Vendrán de aquellos pocos que, por azares de su entorno, crecieron para ser un tanto diferentes. Aquellos que tienen propuestas para hacer arte. Aquellos que hacen cine independiente, animaciones o incluso series originales. Aquellos que buscan espacios para hacer teatro. Esos son quienes salvarán a sus compañeros de generación. A esos pobres diablos cuya única actividad es fumar marihuana y ver series. Esos son quienes salvarán a los millennials de esa llave asfixiante en que los ha trabado el capitalismo y la industrialización de la cultura.


Dogo Filósofo

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