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¿Cómo es trabajar siendo editora de una revista porno?

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Siempre he creído que el porno puede mejorar una relación a la que le falta fuego, pero también he criticado a las chicas que posan. Asi que cuando recibí una llamada de un reclutador preguntandome si queria ser editora para una revista de porno popular, estaba sorprendida… y confundida.

Era un gran nombre, asi que sentía curiosidad por saber cómo sería. Sin embargo, tenía mis preocupaciones, ¿estaba tan de acuerdo con el concepto del porno como para trabajar ahí? ¿Era una mala decisión en mi carrera? A pesar de esas preocupaciones, esperaba poder darles a los lectores algunas perspectivas frescas. Además, era un buen título y un gran avance en cuanto al pago. Asi que después de cuatro años de estar en el mundo de las revistas de belleza y moda, decidí tomarlo.

Foto falacias

Rápidamente aprendí que tan diferente sería mi trabajo. En vez de buscar los méritos de la nueva crema de noche, tenía que trabajar sobre capas y capas de chicas con sus piernas abiertas totalmente, tratando de escribir historias ficticias y sensuales para acompañar las fotos. También descubrí que ver no es siempre suficiente para creer. Retocabamos algunas de esas fotos, de hecho muchas. En el departamente de arte, podías apreciar fotografías con notas en la página: “Reduce los muslos”, “Minimiza los labios”, “Haz más grandes los senos”. Era reconfortante saber que no era real pero también me decepcionaba saber que los detalles que hacen única a una mujer eran cambiabas en pro esta idea uniforme de lo que significa ser sexy.

La mayoría de las chicas que posaban para la revista tenían entre 18 y 26 años. Eran bailarinas exóticas, estrellas porno y ocasionalmente una muchacha guapa que se encontraban en la calle, todas reclutadas por miembros de la compañía que eran mujeres para que se sintieran más cómodas. Las mismas modelos aparecían en la revista mes tras mes y cuando pasaban por la oficina se llenaba de gritos. Firmaban autógrafos y posaban para la fotos (¡A veces sin camisa!) con los hombres del equipo.

Lo más sorprendente que llegué a ver fue cuando una modelo caminó hasta mi escritorio y me preguntó si sus labios parecían estar invertidos. Antes de que pudiera decir una palabra se bajo la falda y su ropa interior y se expuso a ella misma.

Las chicas eran amistosas, al menos conmigo. Pero había mucha tensión y competencia entre las chicas. Algunas hacían comentarios sobre las cirugías plásticas de las otras chicas sin escrúpulos. Había mucha presión para ser perfecta, una modelo se hizo hasta 14 cirugías, incluso se enderezó los dedos.

La verdad

Cada mes tenía que entrevistar a la protagonista del desplegable para una sesión de preguntas y respuestas. Les preguntaba acerca de sus ciudades natales, sus intereses y sus posiciones sexuales favoritas. Pero todo lo que queria preguntarles era, ¨¿Por qué haces esto?” “¿Qué piensan tus padres?” “¿Acaso no quieres algo más para ti?”. Me preguntaba si en realidad les prendía su “poder sobre los hombres”. Recibí una respuesta cuando hablaba con una de las desplegables. “Algunas chicas lo hacen para tener la validación que nunca tuvieron al crecer”, dijo. “Otras lo hacen para expresar su confianza. Tener chicos que salivan por ti es halagador. Y si la haces, eres una estrella”.

Pero las historias de los fotógrafos volvían está una realidad más dura. Muchas modelos estaban drogadas o borrachas durante las sesiones fotográficas. Un editor de fotografía me dijo qué tan deprimido estaba después de su primera sesión de chica-chica porque las modelos parecían estar tan inseguras cuando las cámaras estaban apagadas. Pero una vez que las cámaras empezaban a rodar, encendían “el encanto de estrella porno”.

Gajes del oficio

Una parte de mi trabajo que seguía siendo difícil era escribir el texto que acompañaba a las fotografías. Tenía que contar una historia, usualmente sobre dos mujeres desnudas que estaban teniendo sexo. Ya que soy heterosexual, no sabía cómo empezar.

Luego estaban los efectos de estar rodeada de porno todo el día. Una mujer, miembro del equipo, me dijo que se prendía en el trabajo. Yo tampoco era immune. Pensé que me volvería inmune a la estimulación visual pero nunca lo hice. De hecho, mi deseo incrementó. Las reacciones de las personas hacia mi trabajo eran variadas. Algunas mujeres estaban fascinadas, algunas estaban asqueadas. Los hombres, sin ser ninguna sorpresa, estaban muy interesados e inevitablemente me invitaban a salir. Encontraba divertido que asumían que yo personificaba la sensualidad de la revista.

Después de trabajar ahí por un año, renuncié. Estaba cansada de estar en un ambiente ambicioso saturado de sexo. Y cualquier influencia que creía tener era tan artificial como las fotografías que publicabamos. Desearía que hubiera aprendido una lección positiva que eliminara mis antiguos prejuicios acerca de las mujeres que posan para las revistas pero todavía creo que no se están moviendo hacia una dirección exitosa. Dicen que si puedes ganarte la vida mientras te diviertes, aunque sea durante poco, vale la pena. Pero para mí, no lo fue.


Ovidio Toro Griego

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