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Mondo Cane: el morbo cambió de dueño

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En 1962 aparece un documental italiano que daría nombre a todo un género: Mondo Cane. Para su realización se filmaron costumbres de distintas partes del planeta, presentadas alternativamente y sin ningún tacto con las susceptibilidades de los espectadores.

«Así de perro es el mundo», dicen sus directores, agregando que no deberían sentirse ofendidos quienes ven el documental, pues no hay otra intención en él que la de presentar las cosas tal cual son, la verdad cruda.

Por otra parte, el documental Mondo Cane no es una recopilación de imágenes desagradables. Algunas son divertidas y divertido puede resultarnos el tono con el que el narrador va explicándonos la historia de cada una de las postales que vemos.

Hallamos desde mujeres obesas intentando reafirmar sus nalgas en Los Angeles; borrachos dormidos de pie en algún barrio obrero de Alemania; pescadores indonesios vengándose de los tiburones que arrancan sus brazos o piernas en una lucha a muerte por no pasar hambre; dulces mujeres a lo Marilyn Monroe saludando y lanzando besos a los marinos desde pequeños yates; o una tortuga que no pierde la esperanza de regresar al mar, a pesar de que sea un mar contaminado por la muerte radioactiva; y muchas otras cosas detestables u ordinarias.

El género al que dio pie es llamado (o fue llamado) cine mondo, que fue transformándose y enfocándose cada vez más en las imágenes fuertes por su violencia. De los más famosos documentales de este género encontramos las colecciones de Faces of Death y Trauma. Estos sí son una recopilación deliberada de videos atroces y reales (asesinatos y accidentes en su mayoría) recuperadas de aquellas grabaciones televisivas que no pueden mostrarse al público por su impacto, por lo que quedan en los archivos de las televisoras.

Hay en dichos videos, imágenes sobre suicidas y lo que queda de ellos (como los que se arrojan de rascacielos y terminan siendo una maraña de carne y pelos en el pavimento); o quienes se pegan un tiro, o de quienes son ejecutados en alguna guerra lejana.

Al género se le confunde con el snuff, aunque este último consiste únicamente en la filmación de una persona secuestrada, a la que se le aplicarán las torturas o idioteces del gusto de algún rico enfermo imbécil que pagará por ver el video. El snuff ha estado rodeado de leyendas urbanas y el cine lo ha aprovechado en dos películas famosas: Tesis, de Alejandro Amenávar; y 8mm, de Joel Schumacher. En estas dos películas el argumento gira alrededor del tema snuff. En otras, en cambio, la videograbación trata de hacer creer que lo que el espectador ve es un video de snuff real. A este último caso pertenecen películas como Flower of Flesh and Blood, August Underground o Tumbling Doll of Flesh.

Con el acceso cada vez más fácil a internet, la escasez y dificultad con que anteriormente se conseguía ver estos videos, ha cambiado radicalmente. El snuff sigue siendo un mito, (aunque cualquiera podría admitir que su práctica existe), pero la posibilidad de ver imágenes sangrientas reales va en aumento.

Quienes rastreaban sacrificios en Medio Oriente o no salían de la página Show No Mercy, ahora pueden encontrar cosas peores desde la comodidad de unos cuantos clicks. Desafortunadamente en México podríamos desarrollar una gran cultura cinematográfica al respecto, pero algo me hace pensar que ya no nos llamaría tanto la atención como cuando estaba escondida en extraños sitios web y con muy mala resolución.

Actualmente estamos hasta la madre de ver gente asesinada, de ver cabezas, torsos, piernas y brazos por la calle, declaraciones de narcos antes de ser decapitados, que quizá las obras aquí citadas no causen mayor interés o hartazgo del que ya sentimos.


Cochito de Balandra

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