Go Back

¿Cómo ser un buen padre de un adolescente?

Madre-hija-adolescente

La adolescencia es conocida como la etapa más problemática del ser humano. Es el momento en que los niños experimentan una transición a la adultez, desafiando todo tipo de reglas y normas impuestas por la sociedad. Es muy importante que éste proceso sea acompañado por los adultos de la familia, ya que muchas veces estas transformaciones físicas y psicológicas pueden traer consecuencias en la vida del adolescente.

Los cambios más visibles que comienzan a manifestarse en la vida del joven son los físicos. El inicio de la pubertad y el desarrollo sexual son dos situaciones a las que los padres deberían poner atención. Por otra parte, y justamente no menos importante, llegan los cambios psicológicos, y es aquí donde los adultos deben desempeñar su rol con diligencia. En este momento los adolescentes estarán desarrollando su personalidad y buscando su identidad y es donde más pueden cometer errores.

Existen tres tipos de roles que los padres pueden adoptar: Permisivos, dictadores o compañeros.

Permisivos

Los permisivos son aquellos que no dan importancia a la conducta de los jóvenes y consideran que no deben intervenir poniendo límites en sus acciones ya que sus hijos pueden decidir por sí mismos. Esta postura es la más riesgosa puesto que muchas veces el adolescente no conoce exactamente qué camino debe seguir ante situaciones desconocidas y puede desencadenar en tomar malas decisiones. Si toman esta postura difícilmente podrán evitar consecuencias graves como los problemas con adicciones, mal uso de redes sociales y la delincuencia, entre otros.

Dictadores

También existe la postura del padre dictador, aquel que prohíbe a su hijo a decidir por su cuenta y no toma en cuenta sus opiniones. Obligan al adolescente a seguir a rajatabla todo tipo de norma social y familiar impuesta, y ejercen un control extremo sobre él. Esta postura es tan riesgosa como la primera, ya que la adolescencia se trata de eso: desafiar las normas. El adolescente buscará cualquier vacío parental para escapar a esas normas y puede desencadenar en cualquier acto rebelde tan parecido a los que nombramos anteriormente.

Compañeros

La última postura es la del padre compañero, aquel que ayuda a su hijo a tomar decisiones, guía en la búsqueda de la identidad del joven y por sobretodas las cosas posee un control sano en la vida del adolescente. Esta postura es la más compleja y la que más trabajo de comunicación exige. Sin embargo, es la que mejores resultados dará. Los padres conseguirán saber lo que pasa por la cabeza de sus hijos, lograrán su confianza y acompañarán la llegada a la adultez de manera más responsable. Para lograr esta última postura cualquier adulto debe preguntarse qué siente el adolescente, cómo fue su día, qué le molesta, qué le agrada, qué actividades tiene durante el día, qué amigos tiene. Estas son varias maneras de informarse acerca de la vida de su hijo, y no deberán ponerse ansiosos si el joven no quiere compartir todo con ellos. Hay que recordar que también se trata de darle independencia y privacidad.

Ser un buen padre de un adolescente no siempre es fácil, pero con trabajo, dedicación y compañerismo se puede lograr un buen resultado.


Noelia Marisa Santillán

Create your own