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Una buena impresión

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La jefa del nuevo trabajo de mi esposa nos invitó a cenar anoche. En el camino, mi esposa me reiteró varias veces lo importante que es dar una buena impresión. Me reí y arrogantemente le informé a la absurda de mi esposa que yo siempre doy buenas impresiones.

Su jefa es una mujer soltera en sus cincuentas, así que solo éramos nosotros tres. Platicamos mientras bebíamos y comíamos ensalada. Todo parecía ir muy bien. Su jefa se reía de mis chistes oportunos y perfectamente apropiados, y mi esposa parecía contenta.

No tardó en traer el platillo fuerte: un gran y jugoso filete para cada uno de nosotros. Cuando comencé a cortar el mío, me desalentó darme cuenta de lo poco cocido que estaba.

Ahora, he comido bastantes filetes en término raro. Prefiero término medio, pero puedo soportar un término raro. Sin embargo, este era un término raro que solamente había tocado la parrilla caliente por unos cuantos minutos. De haberlo intentado, probablemente hubiera podido resucitar a la vaca. Me quedé sentado jugando con mi cuchillo y mi tenedor, pensando en qué hacer para salirme con la mía y no tener que comermelo. ¿Decir que era vegano? No, ya había fingido un gran entusiasmo al ver el filete.

Justo en ese momento, nuestra anfitriona se disculpó y pasó a la cocina para preparar algo del postre. Al mirar a través del elegante comedor, ví que la ventana del departamento estaba abierta… y sentí como un foco se prendió sobre mi cabeza.

Sabía que tenía que actuar pronto ya que la señora podría volver en cualquier momento. Así que me decidí y tomé el filete con mi mano, lo sacudí con delicadeza para que se le cayera el jugo, y lancé un perfecto tiro justo al centro de la ventana abierta.

He aquí donde la regué. La ventana no estaba abierta. Era la estúpida ventana más limpia que habías visto en tu vida… hasta que mi pedazo de filete casi crudo se estrelló contra ella y se deslizó lentamente hacia abajo, dejando un camino de jugo sangriento en su camino.

Mi esposa, cuyo filete era un lindo término medio y desconocía de mi dilema, volteó, se quedó boquiabierta y me miró como si fuera un alien de otro planeta. Su mirada poco a poco se transformó en una expresión de furia demoníaca que me decía: “no hay lugar en este planeta donde te puedas esconder de mí”.

La jefa de mi esposa escuchó el impacto del filete contra la ventana y se apresuró a venir. Observó la escena, el filete en el alféizar de la ventana, el rastro de sangre, mi plato vacío, y luego se me quedó viendo, con mirada inquisidora, confundida.

Yo no sabía qué decir. Se sintió como un minuto de silencio aunque probablemente hayan sido solo tres o cuatro segundos. Finalmente, lo mejor que pude articular fue: “Lo… lo siento. Soy tan torpe… No sé… Lo estaba cortando… y… se… se resbaló… pregúntele a mi esposa… ¿verdad, cariño?... (no me estaba ayudando)... voy a limpiar esto… no puedo creerlo… lo siento tanto…”

Ambas mujeres continuaban mirándome como si me hubiera escapado de un loquero mientras yo limpiaba la sangre de la ventana con mi servilleta de tela, recogía el filete y continuaba balbuceando mi ilógica explicación. Sabía que ninguna se tragaba mi historia.

Sólo había una cosa por hacer. Regresé totalmente avergonzado a mi asiento y procedí a comerme cada bocado de ese asqueroso, frío, duro, sangriento y crudo filete.

Permanecí bastante callado durante el resto de la velada. Las únicas palabras que mi esposa me ha dirigido desde el incidente han sido: “Estoy bien”.

Actualización:

Acabo de recibir la primera comunicación de mi esposa desde su trabajo, vía mensaje de texto…

“Buenas noticias, mi jefa y yo nos acabamos de carcajear por lo pinche idiota que eres. Espero que sepas que nunca te la vas a acabar. Te amo, tarado.”


Eira Regalado Cavazos

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