Go Back

La experiencia de regalar un libro como otra manera de conversar

libro-lectura-persona

La lectura es abrir ventanas a la enormidad de un universo que se incendia, fuego de estrellas que aún al cerrar los ojos permanecen en nuestros sueños como regresar a ese planeta imposible y remoto que es la infancia. Por eso, cuando regalo un libro no sólo regalo hojas amontonadas, encuadernadas e impresas: no, regalo un trozo del paisaje de mi mente, entonces regalar un libro se transforma en un acto de suma intimidad y acercamiento al otro (amigo, desconocido, familiar y amor imposible) para un lector.

Pero al regalar un libro nunca sabemos si a la persona le gustará o lo entenderá, sucede que no todos somos los mismos tipos de lectores o algunos no gustan de la lectura. Y sin embargo, he preferido siempre ese acercamiento misterioso que mucho y poco dice. A veces observo a la persona y en una especie de suerte de adivinanza creo poder descubrir qué cosas le quitan o le hacen florecer el sueño, pero casi siempre es un azar.

Y a la final tomo todo lo que en mí arde en el cuerpo de un objeto ahora ajeno y lo entrego: La risa, el llanto, las noches sin dormir, el amor que se da y nunca vuelve, el terror, el escándalo, el erotismo secreto de un pasaje triste y todo lo que no sé nombrar. E imagino aquella persona en sus horas de lectura, por un momento, me toca y su tristeza, alegría o duros recuerdos se transmutan a través del libro. Hablamos sin usar palabras de nuestras bocas, porque en la lectura nos encontramos y ésta es parte de un acercamiento cuando no estoy a su lado.

¿Y si nuestro posible cómplice no logra encontrar esa conexión? Cuando aquella persona es un lector principiante o no lector, busco mis viejos libros, los que me procuraron mayor tiempo de compañía cuando lo necesite, los que su lenguaje se abrió ante mí como un regalo y no tuve que descomponer y recomponer en mi dura lengua materna tangible, los que me hallaron a mí y no los que yo hallé, mis primeros libros y mi primer acercamiento a la lectura, y lo entrego.

Esa es nuestra primera conversación y posterior todas las conversaciones que surgirán de esa primera. Un libro nunca falla, no son palabras exactas, literales que quisiera decirle, es una conexión al mismo planeta de quienes lo leen, es un “asómate a ver lo que yo veo”. Particularmente cuando las palabras cuestan para relacionarse con alguien o hay cosas que son difíciles de decir o tal vez simplemente las palabras que surgen de mi boca son muy torpes para decir lo que debería.

Entonces aquel amigo, familiar, amor imposible o desconocido, comparten algo más que una presencia tangible o un recuerdo. Comparten una risa mutua, una tristeza parecida, una confesión no delimitada. Regalar un libro es decir “Estoy aquí”.


Paola Carolina Valencia Villalobos

Create your own