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Aumento de la globalización a través de la tecnología

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Como muchos articulistas y medios de comunicación ya han mencionado hasta el cansancio, vivimos una época histórica marcada por dos grandes eventos: la globalización y el desarrollo de las nuevas tecnologías digitales.

Los años noventa fue la década donde se gestaron estos dos grandes cambios humanos, siendo la globalización una consecuencia de la apertura económica, los tratados de libre comercio (promovidos por el neoliberalismo norteamericano), la expansión de la industria cultural y la masificación del acceso a Internet.

A partir de esta revolución de grandes proporciones, donde la hibridación cultural y el intercambio acelerado de mercancías han creado condiciones geopolíticas que apuntan hacia una homogeneización socio-cultural cada vez más totalizadora, muchas preguntas sobre el futuro de una rama política muy importante se han multiplicado: “¿Qué va a pasar con la economía?”, se cuestionan académicos, políticos y especialistas a diestra y siniestra.

Como ya mencionamos, el paradigma económico que actualmente rige a la mayoría de los países es el capitalismo, en su versión más novedosa que lleva el nombre de “neoliberalismo”. Esta corriente económica se caracteriza por una privatización abusiva de los servicios y recursos públicos, y después de 30 años de su primera aplicación —llevada a cabo por la dictadura del comandante Augusto Pinochet en el Chile de los setentas—, las consecuencias han sido más que desastrosas.

Quizás el mayor impacto que ha provocado esta política-económica ha sido el desbalance entre el poder público y el poder económico privado. Mientras que los ciudadanos han visto reducido su margen de acción y decisión sobre su realidad sociopolítica y económica —esto en gran parte por la crisis de credibilidad y corrupción de los servidores y funcionarios públicos—, los empresarios han conseguido la anulación de derechos laborales, tratados sindicales y una explotación mayor de la mano de obra barata.

Curiosamente, a la par de estos hechos se ha dado un cambio radical en las interacciones humanas, derivado del progreso tecnológico, donde la democratización de los medios de comunicación ha significado un parte aguas en la sociedad contemporánea. Así, los intercambios no regulados de bienes y servicios a través de la red son cada más comunes, permitiendo que los usuarios se pongan en contacto directo con los proveedores sin necesidad de intermediarios.

Y no sólo eso, las nuevas tecnologías también han introducido una nueva unidad monetaria virtual: el bitcoin. Las posibilidades que abre esta nueva moneda digital son inmensas. Para empezar, permite el intercambio económico libre de impuestos y tarifas aduanales (que hoy en día, según las relaciones económicas entre los países, llegan a ser inmensas), por lo que el consumo de artículos internacionales comprados con esta moneda suelen tener un precio más barato.

Además, es una moneda que no se devalúa por factores externos, como lo son desastres naturales o las crisis financieras. En medio de un entorno económico tan volátil como el del Siglo XXI, donde las especulaciones de la bolsa han dejado a países enteros sumidos en una crisis inflacionaria o recesiva, el bitcoin parece ser una excelente oportunidad de recuperar esa autonomía del valor monetario.

Sin embargo, quizás la propiedad más sorprendente del Bitcoin sea su universalidad, ya que al pertenecer exclusivamente a la red globa, y no a una nación en particular, su valor es el mismo para todo el que lo use, independientemente del lugar geopolítico donde le haya tocado la suerte (o desfortuna) de nacer.

Es por esto que muchos analistas ya contemplan la posibilidad de que próximamente el bitcoin reemplace el dinero físico tradicional, pues las ventajas que introduciría la masificación del uso de esta moneda en el volátil mundo económico de hoy, tan global y conectado, podrían suponer otra revolución, esta vez, de carácter económico.

Claro, también hay que señalar las desventajas de esta moneda virtual, y podemos iniciar mencionando un argumento irrefutable: el bitcoin permite que los negocios ilegales se pongan de fiesta. Comercios clandestinos como lo son la trata de blancas, la venta de drogas, pornografía, armas y el tráfico de personas se pueden llevar a cabo gracias a esta moneda, sin dejar rastro alguno que permita dar un seguimiento claro al origen de las transacciones.

Así pues, la facilidad para retirar y cambiar de lugar los fondos en bitcoin tampoco ayuda mucho al momento de realizar operaciones policíacas, y en tiempos de tanto paraíso fiscal, lo que menos necesitamos como sociedad civil es mayores dificultades para atrapar a los criminales.

En conclusión, los acelerados cambios económicos y culturales que ha generado la globalización, aunado a la híper-comunicación facilitada por el Internet, nos dejan con un escenario muy complejo, donde el futuro de la economía mundial quizás sea determinado por la introducción de una nueva moneda digital. Sólo con el paso de los próximos años podremos decir con precisión si nos acercamos a una época de mejoras económicos, o si, por el contrario, terminaremos en un contexto donde las crisis financieras nos hundan por completo. 


Dogo Filósofo

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