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Historias de terror de hospitales

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1. Volteó a verme con su rostro sin ojos

“Solía cuidar a una señora mayor con discapacidades de aprendizaje y sin ojos (se los removieron debido a una condición congénita). Ella era puro amor pero tenía la maña de caminar en su departamento de noche en silencio total. Eso llevó a situaciones escalofriantes donde salía de mi cuarto a las dos de la mañana para encontrarla parada en silencio en el pasillo, volteando a verme con su rostro sin ojos”.

2. El hombre muerto gimiente

“Cuando estaba en la universidad, trabajé cómo guardia de seguridad para un hospital local. La única cosa espeluznante que recuerdo es cuando un hombre muerto gimió. Una de mis tareas era ayudar a llevar a los pacientes que habían muerto a la morgue del hospital. Una vez, llevamos a un hombre desde la sala de emergencias y, a medio viaje, en el pasillo, dejó escapar un gemido bajito. Empezó a darme pánico, pensé que iba a regresar a la vida pero el paramédico me explicó (ya que yo era nuevo) que a veces el aire en los pulmones no sale hasta después o que se tarda un poco”.

3. La cabeza de un fantasma deslizándose en el pasillo

“Solía trabajar en un viejo hospital, algunas de sus partes tenían más de mil años de edad. Uno de los edificios tenía dos pisos (con techos muy altos), así que los pisos fueron derrumbados y los volvieron a hacer para hacer cinco pisos. Las enfermeras que trabajaban en el turno de la noche a menudo nos decían que se aparecía el fantasma de una enfermera nocturna que se paseaba en silencio haciendo sus 'rondas' en la noche pero debido a los nuevos pisos, solo su cabeza se podía ver deslizándose en el pasillo”.

4. Vi cómo cambian los ojos en el momento de la muerte

“Tengo una cuantas historias, la mayoría de ellas son graciosas y están esas en las que ni siquiera quieres pensar. Lo que más me traumó fue cuando ví cómo los ojos cambian en el momento de la muerte. Imagina que estás viendo agua clara pero de repente el agua se vuelve turbia en un instante. En mis ocho años trabajando en el hospital sólo he visto eso una vez y, personalmente, he visto cerca de 250 personas muertas o agonizando”.

5. Una mano se acercó y tomó mi muñeca

“Una de las experiencias más espeluznantes fue cuando tenía a una señora que se estaba muriendo en mi departamento. Encontré que muchas veces cuando los pacientes con demencia están en el proceso de morir, balbucean. Es raro al principio pero te acostumbras. Esta señora no balbuceaba, estaba completamente callada y tan quieta que me puso los pelos de punta. Aparte de eso, seguí con mi sistema usual de revisarla cada media hora para asegurarme de que estaba limpia y lo más cómoda posible. En mi última revisión antes de irme, ya la había limpiado y le había dado la vuelta para limpiar su cesto de basura cuando una mano me tomó de la muñeca. Voltié y me encontré con esta pequeña y anciana señora que estaba sentada muy derecha en la cama, mirándome, sosteniéndome de la muñeca fuertemente. No dijo ni una palabra y sólo se volvió a acostar y se durmió.”

6. Empezó a sangrar de todo orificio posible: ojos, nariz, boca y orejas

“Una de las cuidadoras con las que trabajo dijo que estaba haciendo cuidados postmortem en una paciente que había tomado muchos, muchos anticoagulantes antes de morir. Dijo que cuando la giraron empezó a sangrar de todo orificio: ojos, nariz, boca, y orejas. Dijo que cuando ella y la enfermera se fueron a casa tuvieron pesadillas por una semana.”

7. Ella alucinó al hombre que había muerto en la siguiente habitación

“Trabajo como enfermera en la unidad de cuidados intensivos. Una mujer en sus veintes llegó con unas anormalidades cardíacas serias y entonces tuvo dificultades para respirar. Nunca tuvo ninguna historial médico parecido. Tuvimos que ponerla en el ventilador pero estaba sedada lo suficiente como para mantenerla lúcida. Ella podía mover la cabeza para decirnos si o no para respondernos preguntas. Una noche, la paciente en la habitación continua a la suya murió pero su cuerpo todavía se encontraba en la habitación y estaba a punto de ser llevada a la morgue. La puerta de la paciente estaba cerrada con cortinas, así que no pudo ver qué es lo que estaba pasando en la siguiente habitación. Cuando fui a revisarla, en la cara se le miraba el puro pánico y temblaba. Le pregunté una serie de preguntas para saber si tenía frío o calor, si sentía dolor o no, y negó todas. Le pregunté si había visto algo y empezó a mover agresivamente la cabeza para decirme que SÍ. No estaba tomando drogas que pudieran hacerla alucinar. Seguí para saber cómo estaba la cosa. Después de veinte preguntas obtuve esto: un hombre, blanco y pálido, le faltaba el brazo izquierdo, gordo, calvo, parado detrás de mí. Ese era el hombre que había muerto en la siguiente habitación. Pase el resto de la noche consolándola.”

8. Escuché a alguien paseándose por el pasillo

“Solía ser asistente de enfermera en un asilo. Juro que escuche a alguien caminando por el pasillo por unos buenos minutos. Los pasillos siempre están solos, las puertas no estaban cerradas ni abiertas e hicimos recorridos cada 15 minutos después de eso y cada una de las personas estaban acostadas”.

9. La paciente gateó por la sala hasta mí

“Trabajaba como enfermera en un asilo. Trabajé el tercer turno para pagar la universidad. En la noche apagamos la mitad de las luces para que estuviera más oscuro en la tardes y no llegara mucha luz a las habitaciones de los residentes. Teníamos una residente que era mayor (estaba en sus setentas) y estaba ahí más que nada debido a razones mentales. Tenía el cabello largo y oscuro y estaba muy delgada. Un día, estaba sentada en la estación de las enfermeras en la parte de arriba de la sala y escuché una luz de llamada que se apagaba. Me paré, miré hacia el salón oscuro y la residente estaba agachada, como en El Aro, y la residente estaba gateando por el salón hacía mi. La otra cuidadora había olvidado poner la cama hacia arriba y la residente era muy buena para escalar fuera de la cama. Sin más que decir, necesité un par de pantalones nuevos y casi me da un infarto.”

10. Cerré sus ojos y se abrieron de nuevo

“Trabajo en un paliativo. La mayoría de las muertes que he visto han sido más o menos pacíficas y las que no lo son, se quedan contigo. Un muchacho estaba gritando silenciosamente durante sus últimas horas de vida. Otro señor (que hasta ese punto había estado irresponsivo), se acercó y me agarró cuando intenté bajar su cama para girarlo. Una vez, mientras estaba haciendo los cuidados postmortem, entré a la habitación, vi un cuerpo y pensé: “bueno, eso es raro, ¿cómo es que nadie más ha venido a cerrarle los ojos?”. Tenía ese aspecto muerto perfecto, como de película, con ojos azules muy claro que miraban fijamente y una quijada apretada y la piel gris y como de cera. Cerré sus ojos y empecé los cuidados y, cuando le vi los ojos, estaba viéndome fijamente, abriéndo los párpados lentamente, uno un poco más lento que el otro. Gruñó cuando lo giramos para lavarle la espalda y su mano se atascó en los tubos de la cama y tuvimos que liberarla. Cuando finalmente lo pudimos poner de nuevo de espaldas, hayamos un líquido apestoso, color negro, aceitoso y a la vez viscoso en la funda de la almohada. Le limpié la boca de nuevo pensando que había salido de ahí pero su boca y su nariz estaban limpias. Mi mejor respuesta es que debio haber salido de su ojo. No podía esperar para cerrar la cremallera de esa bolsa.”

11. Todos sabían que iban a morir

“Trabajé en un asilo como enfermera. Mientras trabajaba ahí, siete residentes me pidieron que fuera a sus habitaciones y me dieron las gracias y se despidieron en noches diferentes durante los tres años que estuve ahí. Todos murieron en la noche en la que hablaron conmigo. Todos sabían. No sé cómo pero hoy hay otra forma de explicarlo. Una sería una coincidencia, quizás hasta dos, ¿pero siete?”

12. No pude dormir por semanas

“Una niña de nueve años llegó una vez. Sus padres habían encontrado sus muñecas alrededor de la casa con cinturones o cuerdas atadas en sus cuellos. La niña entró en cólera y se puso un cuchillo en el cuello. La llevaron al hospital y durante su evaluación psicológica dijo que escuchó voces que le decían que era estúpida y que debía matarse. Dijo que no quería hacerlo pero que tenía que escuchar a las voces. No pude dormir por semanas”.

13. Jesús, 666 y el Diablo

“Soy enfermera en una unidad de emergencias médicas y cuando alguien llega a la sección esperando una cama de salud mental, si tienen psicosis aguda el 99% del tiempo hablan sobre Jesús, 666 y el Diablo, como si de verdad estuvieran poseídos”.

14. Un chihuahua se comió cuatro de los dedos de los pies de su dueño

“Quizás es más perturbador que escalofriante pero… una vez me llamaron tarde del trabajo. Soy enfermera que trabaja en cirugías y por lo general las llamadas en medio de la noche son como tirar los dados. El operador del hospital que me llamaba me dio pocos detalles de lo que estaba pasando, sólo el nombre del cirujano y del paciente. Llegué y el doctor había agendado una amputación transmetatarsiana en un paciente diabético, que no es nada inusual. Cuando llegué a hablar con el paciente, me contó que debido a su nefropatía diabética, y por lo tanto la falta de sensación en su pie, tuvo un dolor en sus dedos que no fueron tratados (otra vez, nada inusual). Bueno, en está ocasión se había despertado cuando escuchó ruidos como de algo masticando en medio de la noche… se despertó y prendió la luz para encontrar que debajo de las sábanas, su amado chihuahua se había comido ya cuatro de sus dedos de los pies y estaba a punto de comerse el dedo grande. La herida tenía una vista realmente fuera de este mundo y las marcas de esos pequeños dientecillos es algo que nunca olvidaré.”


Taciana Bañuelos Sauceda

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