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Nombrar un volcán

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Nombrar a un volcán puede ser fácil o difícil según el tipo de montaña escupe fuego con que uno se encuentre. Como todo en la naturaleza, los volcanes poseen diferentes propiedades según los climas donde surgen, la historia de sus rocas, las características de sus suelos y las ofrendas que les hayan dado los pobladores nativos a su alrededor.

Para poder nombrar un volcán con tino, yo recomiendo aproximarse al volcán sin miedo. Claro que su figura imponente puede demandar de nosotros un poco de respeto, pero eso en cierta medida. Para nombrar a un volcán primero hay que conquistarlo, y eso no se puede hacer con miedo.

Una vez conociendo los rasgos más superficiales del volcán, como su altura, el número de veces que ha escupido lava en los últimos años o las propiedades de sus suelos, uno puede proceder a embarcarse en una misión indispensable para todo conocimiento: acercarse, experimentar de cerca la montaña, conocerla de primera mano.

Es esta parte del proceso de bautizo que el explorador del volcán descubre los secretos más íntimos de esta masa caliente y enorme. De repente aquella estructura que a lo lejos pareciera mínima se vuelve inmensa, o por el contrario, al ir escalando sus cumbres uno puede sentir que no, el volcán no es tan gigante como uno lo pensó al comenzar a escalar.

Conforme se va subiendo más y más alto uno comienza a percatarse de que todo volcán no sería lo que es sin su vista. Al igual que las montañas, no se puede pensar a un volcán sin sus alrededores, sus ecosistemas, sus plantas, animales, cielos, lluvias, océanos. Es todo esto lo que complementa al volcán.

Mientras se sube el volcán en cuestión sucede que la mente y el cuerpo cambian. De repente uno ya no piensa la montaña como fuera de sí, sino como parte de uno mismo. Despierta en el interior esa sensación cósmica del todo, de sentir que el mundo entero, el universo inmenso, le pertenece a uno, y viceversa. Entonces el volcán deja de subirse, para sólo comenzar a ser con él. El magma interior despierta y la cima se descubre en el centro del pecho; el espíritu hace erupción.

La cima abre la puerta a la iluminación, y ya en lo alto, ya en el cielo, con los pájaros sobrevolando tu cabeza y el corazón latiendo de emoción, la cara real del volcán te puede saludar. Te sonreirá o te condenará según tus intenciones y tus deseos. Es crucial desnudarse el alma frente al magma. Sólo así uno puede sentir de verdad el fuego, saber el fuego, ser el fuego. Cubrirse por completo de ese elemento capaz de destruir y construir.

A partir de este mundo se vuelve imposible narrar con precisión el proceso de bautizo a un volcán, pues como en todos los momentos de transformación interior profunda, llega un punto en el que las palabras no sirven ya para describir los fenómenos internos y externos. Es ahí, cuando la luz de la existencia rebasa la capacidad de conceptualizarla y cristalizarla, que surge lo verdaderamente auténtico. Y es ahí cuando el nombre del volcán aparece sin tener que solicitarlo. 


Dogo Filósofo

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Comments

Rebeca Aragon Obrado     22 November 2017

Me encantaría poder nombrar a un volcán.

Rebeca Aragon Obrado     15 November 2017

los volcanes es un bello regalo de la naturaleza, pero tenemos que tener cuidado con este.

Alicia Carolina Zazueta Lucio     15 November 2017

Creo que de la naturaleza los volcanes son algo extraordinario.

Alison Ruigomez Bellera     14 November 2017

Los volcanes son una de las bellezas naturales, pero creo que de lejos los admiraría.

Deborah J. Albarado     14 November 2017

Mi respeto para los volcanes son algo increíble de la naturaleza.

Aileen Rivera Diaz     14 November 2017

A mi me gusta la naturaleza y todo lo que hay en ella, pero un volcán vivo es algo peligroso, creo que solo de lejos los admiraría.