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¿Por qué bautizamos a las personas?

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El bautismo, el primero de los siete sacramentos de la iglesia católica, es, por excelencia, el rito católico más popular a lo largo y ancho del mundo; tanta es su fama que incluso muchas religiones – más bien sectas – lo han imitado. Inclusive la expresión “bautismo” es usada frecuentemente en los ámbitos deportivos y de negocios, donde asocian dicha frase con la “prueba de fuego” de un deportista o ejecutivo dentro del campo profesional.

Pero, ¿por qué nos bautizamos? ¿Quién lo inició todo? ¿De qué sirve? ¿Cuál es el supuesto objetivo detrás de semejante ritual?

La primera razón por la que se realiza el acto de bautismo es borrar el pecado original – aquel cometido por Adán y Eva durante su estancia en el Edén – es decir, nacemos pecadores y solo el bautismo lograr eliminar esta inconsistencia en el alma.

La segunda, es que es un requisito para pertenecer a la iglesia en cuestión. El ritual del bautismo es llevado a cabo por las iglesias: anglicana, protestante, ortodoxa y por supuesto, la católica.

En el catecismo de la iglesia católica se le define como:

el fundamento de toda la vida cristiana, el pórtico de la vida en el espíritu ("vitae spiritualis ianua") y la puerta que abre el acceso a los otros sacramentos. Por el Bautismo somos liberados del pecado y regenerados como hijos de Dios, llegamos a ser miembros de Cristo y somos incorporados a la Iglesia y hechos partícipes de su misión…”

Art. #1 El Sacramento del Bautismo

Queda entonces claro que sin el bautismo, no se nos admite como parte de la feligresía de la doctrina en cuestión. El bautismo es un pase, y sin él, nuestro lugar en la comunidad de la religión elegida simplemente no existe, dado que bautizarse nos abre la puerta a los demás sacramentos (una persona sin bautizar, en consecuencia, sería inelegible para casarse).

Según la teología católica, al recibir el bautismo adquieres la gracia santificante, las virtudes sobrenaturales y los dones del espíritu santo (en términos simples, te vuelve cristiano/católico para toda la vida).

Históricamente, el ritual alega venir de los tiempos de Jesucristo; su primo, Juan el bautista, sumergía a las personas para lavar sus pecados y permitirles recibir al espíritu santo (la gracia santificante del párrafo anterior). El mismo Jesús fue bautizado por su primo, quién le reconoció al instante y le dijo que el bautismo debería de ser al revés, pues Jesús era el puro, el hijo de Dios, y era el más capacitado para impartir el sacramento.

Y fue en el famoso Concilio de Nicea donde obtuvo su carácter oficial e institucional como ceremonia.

Se reconocen tres maneras principales de bautizar:

  • La inmersión. Practicada por iglesias bautistas, angélicas, y protestantes donde el sujeto que recibe el sacramento es sumergido en agua, preferentemente de una fuente natural como lagunas o ríos.
  • La ablución. Preferida por la iglesia católica, en la que el individuo recibe un derramamiento de agua sobre la cabeza (sólo esta zona se moja durante el ritual).
  • La aspersión. Usada por las iglesias que practican la ablución, que permite salpicar a las personas en lugar de derramarles agua (en caso de que esto último no pueda llevarse a cabo por alguna razón en específico).

Ahora bien, si el bautizo es una especie de compromiso con la iglesia católica (o protestante, anglicana u ortodoxa), ¿cómo es que un niño puede tomar el bautismo? ¿No es acaso demasiado pequeño como para tener uso de razón en lo que se está metiendo?

Al igual que en materia legal, son los padres (o al menos uno de ellos) quienes pueden tomar la decisión por el pequeño, prometiendo de tal forma a la institución eclesiástica en cuestión que educaran a su hijo/hija bajo los preceptos de dicha doctrina.

Cuando un adulto quiere ser bautizado, entra en un proceso llamado catecumenado, que lo prepara con los conocimientos necesarios para adentrarse en la fe cristiana de su preferencia. Dado que ya ha alcanzado “el uso de la razón”, debe pasar esta suerte de prueba para dar el paso inicial en su nueva fe.

En pocas palabras el bautismo es un compromiso, y sucede por una simple razón: es nuestro boleto de entrada hacia el camino de la fe, una que, como leímos hace un par de párrafos, seguramente ni siquiera fue elegida por nosotros.

¿Será que Dios en verdad aprueba este ritual meramente humano?

¿En verdad será necesario para alcanzar la felicidad en el más allá? 

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