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El triunfo de las redes sociales

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Las redes sociales se han vuelto parte indispensable de nuestras vidas. O al menos eso nos han hecho creer. Y es que su introducción en nuestro día a día fue tan subrepticia que no pudimos ni siquiera protestar, pues antes de darnos cuenta, ya no levantábamos la voz, sino que escribíamos furiosa y arrítmicamente… en las mismas redes sociales. Su impacto es indiscutible: median la comunicación que tenemos con los demás, las noticias que recibimos y las opiniones a las que estamos expuestos. Nos imponen modas, temas de conversación y ese video del gatito tan divertido que te mandó tu tía.

El origen

Exploremos un poco la situación. El origen de las redes sociales se puede encontrar en Hi5 o el Space de Messenger. Sin embargo, el gran boom se dio con Myspace. ¿Qué ofrecían estas redes que no te ofrecieran los servicios de mensajería instantánea? Fácil: la exposición. La posibilidad de ser el centro de atención de muchas personas… y que ellas lo supieran. Poder re-construir una persona para internet, seleccionando rasgos e información sobre nosotros usuarios para exponerla al mundo empaquetada de manera vistosa fue lo que impulsó a la gente a inundar estas redes. ¿Cómo podía ser de otra manera? Los adolescentes, en busca de identidad propia, estaban a merced de la tentación más grande: ensamblarla con un sinfín de herramientas a su disposición. El mundo real empezó a ser secundario.

Myspace nos mostró la demanda que había de parte de una generación de exhibirse ante los demás, de ser, aunque fuese sólo en la red, aquello que siempre quisieron ser. Poco iba a saber un grupo tan ingenuo como lo son los adolescentes que la red los estaba usando a ellos. Ignoraban que no tenían el control. La demanda de seguidores, de publicaciones, llevó a la degeneración. Pero entonces llegó Facebook. Y fue la perdición de una generación. Los me gusta han sido el calvario de millones de personas: aprobación a una selfie de distancia. Pero claro, Facebook lo llevó más allá: además de personalizar tu espacio, decidió invadir otras facetas de la vida humana: los negocios, las fiestas, la camaradería… Todos secuestrados en una red pegajosa de la que resulta muy difícil escapar. La gente se prostituye por un me gusta. Y, en una ironía preocupante, toman millones de fotografías de su vida, subiéndolas a la red para mendigar atención, a la vez que predican que “hay que vivir el momento y no preocuparse del qué dirán”.

Potencial activista o impacto social

No todo está perdido, por supuesto. Hemos visto ya varias veces que las redes sociales pueden servir para que la sociedad se organice y se active. Prueba de ello es el importante papel que han jugado respecto a las movilizaciones en contra de los gasolinazos y la ley del agua en B.C. (y en México, en general). Su potencial es enorme, si acaso pudiéramos liberarnos por un momento de la trampa del ego inflado al que nos inclinan y que nos ciega. Ya que no sólo tienen amplias posibilidades de tener un impacto político, sino un impacto en nuestra vida diaria. ¿Se imaginan una red que la gente usara no para compartir memes, sino para informarse? Y no nos referimos a ver videos de Playground, gráficos de Pictoline o similares. Nos referimos a informarse de verdad, no a páginas de des-información con agendas tan claras.

No abogamos porque la red se deje de utilizar para compartir algunos preciosos momentos de nuestra vida. Poder exponer con un solo click ante toda tu familia y cientos de tus amigos la primera foto de tu hijo recién nacido es algo que facilita mucho la labor de difusión de buenas nuevas y que te permite darle a la gente una suspiro y un pensamiento de “bueno, no todo está tan mal”. Pero subir la 5ta foto este día de tu comida y compartir el 12vo meme de esta mañana… es algo que debería hacerte replantearte tus prácticas en la red y tus usos de la misma.

Es hora de reevaluar nuestras costumbres y nuestra actividad dentro de todas las redes que utilizamos. Hora de detenernos un momento a reflexionar sobre si nos están ayudando a conectarnos o desconectarnos. Porque sería hermoso, de verdad, si por un instante pudiésemos levantarnos de nuestras sillas, alzar la mirada del celular y mirar el cielo, pensando “no triunfó la red sobre mí, sino todo lo contrario”. Y si lo logras, por favor… no lo publiques en Facebook. Eres mejor que eso.


Dogo Filósofo

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Comments

Aileen Rivera Diaz     10 February 2017

Parece que fue ayer que apenas usabamos MySpace... pero es cierto que hoy en día es difícil no estar pegado al teléfono o la computadora. Yo si creo que nos ayuda mucho a mantenernos en contacto con personas que de otra forma ya no podríamos ver seguido por las vidas ocupadas que muchos tenemos.