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¿Los cuentos son sólo para niños?

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El fin de semana pasé por una experiencia que uno de mis profesores tal vez habría llamado iniciática. Ciertamente tuvo bastante de epifánica. Me conmoví hasta las lágrimas con una mujer que se subió al escenario a contar cuentos y, aunque las lágrimas pueden explicarse por otros motivos, más allá del efecto de los cuentos, me dejó pensando que los cuentos no son un asunto necesariamente infantil.

Ya desde hace un tiempo ha habido varios eventos de cuentacuentos para adultos, pero más allá de lo que siempre significa que sea para adultos, o sea la temática erótica, es verdad que hay cuentos que son para adultos que no involucran al sexo, pero por su complejidad, por datos o por acrobacias narrativas son idóneos para adultos.

Además, los cuentos ofrecen la oportunidad de vivir el tiempo de forma distinta. Aunque estamos acostumbrados a la productividad y la rapidez por el sistema económico en que estamos inmersos, y por lo tanto la lectura para la mayoría también suela ser rápida, lo cierto es que una buena narración requiere tiempo para expresar de manera efectiva las emociones que sienten los personajes así como para sumergir en el ambiente a los escuchas.

Tampoco se puede olvidar que las historias nos invitan a la empatía, pues lo queramos o no, identificarse con los personajes es algo que suele ocurrir con frecuencia. Así pues, los cuentos ofrecen un universo de posibilidades también para todos aquellos que hemos crecido y deberíamos recordarlo cada vez que estamos frente a un narrador.

Las historias y los cuentos no tienen límite de edad realmente. Claro, analizando un poco la situación del mundo supongo que se pugna por el olvido de los cuentos porque muchas veces también inspiran valor y eso evidentemente no conviene a los intereses de las empresas que buscan gente que esté dispuesta a vender su vida por dinero y a mantenerse callados y doblegados al pie de los que dominan no por conocimiento y entereza sino por preponderancia económica.

Lo anterior lo digo no sólo por mera deducción o hipótesis, sino porque lo he experimentado en carne propia y, sea porque acabo de escuchar cuentos que impulsan el movimiento o porque me llevaron al límite, terminé por revelar lo que pienso en mi trabajo sobre asuntos que la mayoría callan hoy en día porque hablarlo es “buscar el despido”.

¿En qué momento se transformó la dignidad y el respeto en una ofensa? ¿Cuándo se convirtieron los jefes en tiranos y quienes trabajamos en esclavos? Sé que son cosas que probablemente pienso porque soy nueva en esto, que el mundo ya era así hace mucho y no hay nada nuevo en ello; pero también considero que la causa de que todo siga igual hasta ahora radica en que la gente poco considera mantener esa parte viva en ellos mismos.

Para ser parte del sistema hay que matar al niño que escucha gozoso cuentos en donde las luchas valen y hay recompensas. Los ideales de honor y felicidad pasan a ser sustituidos por el poder de adquisición y las noches de juerga y borrachera una vez a la semana. La mayor parte de la gente a eso se acostumbra y por eso piensa que los cuentos son sólo para niños, pero siempre habrá unos cuantos locos como yo que seguirán gustando de los cuentos y las historias y que alzarán la voz aunque eso signifique estar fuera del sistema.


Elisa E.

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