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¿Por qué no deberíamos temerle al infierno? Historia y orígenes

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No sé si alguno de los que lean esto llegó a tener miedo del infierno en un punto de sus vidas en que son suficientemente grandes como para haber oído de él y lo suficientemente jóvenes como para no tener un criterio bien formado, pero sin importar cuál sea el caso, lo cierto es que el infierno no debería de ser algo que nos causara temor, ¿por qué? Para empezar, voy a recurrir a la definición del Diccionario de la Lengua Española de la RAE.

La primera definición dice que “en la doctrina tradicional cristiana, lugar donde los condenados sufren, después de la muerte, castigo eterno”, pero la segunda dice que es el “lugar que habitan los espíritus de los muertos”. Claro, especifica que esto es así en otras mitologías y religiones, no obstante, es curioso notar que allí no figuran el sufrimiento, la idea de castigo o personas sujetas a una condena sin fin.

Es curioso que al consultar el término en otros sitios, como Wikipedia o Wikcionario, la definición oscila entre estas dos definiciones, en el caso de Wikipedia predomina la primera definición ya que en su parte introductoria, antes de hablar de ‘todos’ los infiernos y las referencias hechas a los mismos en literatura y otras artes, describe que “es el lugar donde, después de la muerte, son torturadas eternamente las almas de los pecadores”.

Ahora, lo que sucede en el caso del Wikcionario es que presenta varias definiciones, igual que el Diccionario de la Lengua Española, entre las cuales figura aquella de que es el lugar al que van los espíritus después de la muerte, sin castigos ni connotaciones negativas. Sé que Wikipedia es una enciclopedia colectiva y mi objetivo aquí no es juzgar, pero me parece bastante tendencioso, y un poco preocupante, que la definición introductoria de ‘infierno’ en el artículo de la enciclopedia libre sea el de un lugar de tormento eterno.

Y todo esto lo digo no porque me interese que se conozca la verdad, sino porque me conduce a los orígenes de la idea del infierno que tienen que ver con algo que algunos ya conocen, y otro tanto con otra información que quizá sea menos difundida. En la cultura popular es difundida la idea de que el infierno de la tradición judeocristiana no figuraba como tal en las escrituras sagradas, La Biblia o la Torá, sino que fue hasta que Dante Alighieri escribió su Commedia, que comenzó a fraguarse la imagen e iconografía del infierno.

Lo que pocos conocen, o que al menos yo no he oído mucho decir, es que Dante también era sacerdote. Si además se toman en cuenta el contexto social e histórico del momento, entonces será mucho más claro que el infierno es un constructo creado por un grupo de personas que buscaba, de algún modo, controlar la conducta de las personas mediante un sistema de recompensa o castigo más allá de la justicia que pudiera proveer la mano del hombre.

Por este motivo considero que no deberíamos de temerle al infierno pues es un lugar creado en el mundo de las ideas con un propósito de control y no un lugar que en realidad exista. Pero no sólo considero al argumento anteriormente expuesto suficiente como para descartar la existencia del infierno, también tomo en cuenta el hecho de que en las religiones de las primeras civilizaciones nunca figuró un lugar parecido al infierno. Más allá del inframundo, que era el lugar al que iban las almas después de que caducara el cuerpo, no había un lugar descrito que fuera como el infierno.

Si bien es cierto que otras religiones consideran la existencia de un lugar similar al infierno de la tradición judeocristiana, también es verdad que ninguna de esas religiones tiene una antigüedad tan vieja como la historia de la civilización humana. La realidad es que el infierno es una invención de la humanidad, como muchos otros productos socioculturales intangibles, y vale la pena cuestionar cuánta efectividad tuvo como método de control, pero no más allá.

Nuevamente repito que no busco crear juicios, pero creo que, para la época en la que vivimos, debemos de tener la cabeza un poco más fría y pensar de forma razonada qué tan probable es que un lugar como el infierno en verdad exista. Finalmente, creo que el hecho de que no exista el infierno, y por lo tanto no debamos de temerle, no significa que hagamos lo que queramos porque no habrá un castigo. Aún logrando burlar la ley o siendo astutos, deberíamos de respetar a cada persona y ser vivo por simple humanidad y para que el infierno no sea el mundo en el que vivimos.


Elisa E.

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