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La historia de un perico

QueBusca-Perico-Chistoso

He aquí una historia original. Ciertamente, ya pasaron más de 25 años desde que mi viejo amigo Trevor me la contó. Mi punto es que este es un “relato único” directamente de la boca de quien lo vivió.

La manera en la que puedes identificar una historia original es por los detalles extras que no obtienes cuando la gente copia o imita un chiste, cuento o relato original. Trevor siempre conoce a personas interesantes, personas fuera de lo ordinario, y siempre tienen una historia que contar.

Conversiones de gas

Esta historia se remonta al tiempo en que Inglaterra estaba convirtiendo los aparatos de gas de metano a gas natural. Un amigo de Trevor, Barney, tenía un buen trabajo como instalador de estos nuevos aparatos de gas. Era un gran trabajo, ya que pagaban por unidad montada. Entre más conversiones hiciera, más dinero ganaba.

Barney se hizo cada vez más rápido en su trabajo. Era un experto desenroscando las piezas del boiler y de los hornos viejos, y luego colocando los nuevos accesorios. Era tan bueno que podía convertir los aparatos sin tener que apagar las cañerías principales de gas. Para hacer este truco, Barney entrenó su respiración, así como lo hacen los chicos que pescan ostras. Inhalaba una gran cantidad de aire, quitaba el accesorio viejo, y sí, el gas se escapaba, pero se apresuraba a poner la nueva y reluciente pieza y luego inhalaba nuevamente por una ventana abierta. Sin embargo, había una condición para este riesgoso atajo: el dueño tenía que estar fuera de casa.

Un día llegó a una casa, y cuando le contestaron la puerta, le explicó a la dueña que él había llegado de la compañía de gas para realizar la conversión en su hogar. La señora estaba entusiasmada de que ya por fin cambiarían del viejo gas oloroso al nuevo gas natural. Le dijo a Barney que saldría de compras y que mientras su esposo trabajaba en el jardín, Barney podría ponerse a trabajar. Esto sonaba a un trabajo rápido, no tendría que apagar las cañerías principales. Al estar haciendo la instalación, el boiler no fue problema, pero uno de los reactores del horno estaba viejo y oxidado. A pesar de que el gas se estaba escapando, Barney roció una lata de WD-40 en la necia pieza, eventualmente se desenroscó y Barney colocó el reemplazo.

Cuando Barney subió por aire, descubrió horrorizado que el periquito que estaba en la cocina estaba boca arriba en el fondo de su jaula. No era nada bueno, y para colmo podía ver a la señora abriendo la puerta del jardín. ¿Qué hacer? Barney, siendo creativo, cortó un trozo de alambre y envolvió con él las patas del periquito muerto y lo ató a su percha. Como toque final, hasta hizo que la percha se meciera, y se volteó para encontrarse con la señora en la entrada. “Todo listo”, dijo Barney, y caminó por la vereda hacia la puerta del jardín.  

“Santo cielo, mi periquito”, dijo la señora. Barney sintió las malas vibras de la señora y su oportunidad de escaparse se volvió nula cuando el esposo de la mujer apareció repentinamente y bloqueó su salida. “Vuelve aquí”, dijo la señora, y ya que su salida de escape estaba obstruida por el marido, no tuvo opción más que regresar y enfrentar las consecuencias.

“Es un milagro”, dijo la señora, “cuando me fui esta mañana, mi periquito estaba muerto, y ahora ha regresado a su percha y se mece tan feliz como nunca.”


Baudilio Sosa Mayonga

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