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¿Por qué las personas son engañadas por los políticos?

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¿Por qué los políticos son tan malos? ¿Por qué los políticos se sirven a sí mismos y no al pueblo? ¿Por qué los políticos son tan cínicos y corruptos? Todas estas preguntas nos las hemos planteado todos en alguna ocasión. Sin embargo, en esta ocasión abordaremos otra cuestión, que de igual manera pudiera parecer una pregunta sencilla de responder, pero la realidad es que su análisis vale la pena: ¿Por qué la gente es engañada por los políticos?

Para hacer nuestro análisis un ejercicio más digerible y fácil de comprender, separaremos las aristas de esta pregunta en diferentes subtemas que a continuación vamos a desglosar. Veamos, pues, porqué tantos individuos suelen ser engañados por los políticos.

El mesianismo, o la facilidad de creer en un salvador supremo

Como nos ha demostrado la religión a través de los siglos, el ser humano siempre ha tenido una necesidad profunda de creer en algo, en un ser superior y redentor, tan poderoso que pueda perdonar todos nuestros pecados y salvarnos del abismo en el que nos encontramos.

Pues bien, no hace mucho tiempo los políticos se dieron cuenta de esa necesidad y desde entonces han sabido cómo explotarla al máximo. No son pocas las campañas políticas que podemos observar a diario, donde se presenta al político en turno como un “salvador”, como un “mesías” que viene a solucionar todos los problemas políticos, económicos y sociales de determinado país o estado. Y pues bueno, si la gente cree en Superman y Jesucristo, ¿por qué no va a creer en un ser supremo más?

La pobreza, la miseria y la necesidad  

Este triángulo de vida precaria es uno de los mayores responsables de que los ciudadanos decidan optar por creer en el mesianismo político. En México hay más de 55 millones de pobres, de los cuales 33 millones tienen una educación truncada, lo que se traduce en que casi la mitad de la población del país tiene que mendigar para comer, mientras que un tercio no tiene el criterio suficiente para distinguir cuando un político le está prometiendo milagros como estrategia de campaña, de alguien que le está vendiendo cosas imposibles.

Así pues, cuando son tiempos de campaña, no es raro ver a los políticos “vestirse de pueblo” y acercarse a los más desfavorecidos con despensas, dinero y hasta artículos tatuados con su nombre por todas partes. La pobreza, la miseria y la necesidad son, pues, factores de desgracia de los que no pocos políticos se aprovechan con toda vileza y cinismo para conseguir votos. “Ganar, cueste lo que cueste”, debe ser el verdadero lema de muchos.

La influencia de los medios

Uno de los factores sociales que más inciden en la credulidad de la población mexicana —que deviene en el engaño masivo que los políticos hacen de la misma—, son los medios de comunicación masiva. Bien sabido es que en México las cadenas de televisión más grandes (Televisa y TvAzteca) están al servicio del poder estatal (son medios “oficialistas”), al igual que una infinidad de pequeños medios impresos.

Es desde todos estos canales comunicativos que los medios bombardean a los mexicanos con basura, desde telenovelas hasta chismes de la farándula, desde escándalos del mundo del deporte hasta la espectacularización de la primera dama y sus nuevos vestidos. Ante este embate diario de incontables mensajes que vomitan mentiras (vestidas de verdades) como “el gobierno trabajando para ti”, o “La economía a la alza”, los pobres espectadores mexicanos, iletrados, ignorantes, no tienen defensa alguna.

Por qué seguimos creyendo que los políticos deben representar al pueblo

La última de nuestras razones es simple. Todo político debería, por deber y obligación con su respectiva vocación, trabajar para representar honradamente al pueblo. La política es necesaria para llevar a cabo actos ciudadanos y sociales, donde pocas personas deben tomar decisiones importantes, siempre en favor del beneficio de la mayoría.

Por desgracia, desde el nacimiento del Estado como concepto (por allá en el Siglo XIX), las cosas se han invertido. Así pues, los políticos no sirven al pueblo, sino que se sirven del pueblo. Sin embargo, en su acepción original la cosa es a la inversa, y pareciera que muchos siguiéramos persiguiendo esa idea romántica de que los políticos van a hacer su trabajo en aras del bien común. Somos nosotros mismos quienes, a fin de cuentas, también participan en el espectáculo del circo llamado política. 


Dogo Filósofo

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Comments

Casia Cifres Valdivia     30 June 2017

El pueblo debe mantener en orden y a raya a los políticos, pero eso sólo es posible cuando es un pueblo educado, cosa que el gobierno no le conviene y no permite, y así se da nuestro círculo vicioso... y terminamos con mujeres llorando por lo guapo que es EPN y otras besándole la mano a AMLO... :S

Arturo Vega Estrada     29 June 2017

Sí tiene algo que hacer con la costumbre y la fé que tiene uno en ver el mismo grupo temporada tras temporada esperando algún cambio. ¿Qué se puede hacer?

Sarahí Hernández     29 June 2017

Creo que es en gran parte porque no sabemos que debe hacer un buen político. Creemos que ya por ser político es inherentemente corrupto y estafador