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10 dificultades de crecer sin cable en México

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Para todos aquellos que tuvimos nuestra niñez en la década de los 80’s, la televisión era un medio muy limitado, con canales bastante escogidos y señales débiles que difícilmente llegaban más allá de las grandes áreas metropolitanas.

La televisión abierta era la única opción y sólo una televisora tenía la calidad suficiente para llegar a la mayoría de los hogares mexicanos.

He aquí una lista de diez dificultades que enfrentamos todos aquellos que crecimos sin televisión por cable:

  1. ¿Canal con toda la programación? ¡Eso no existía (ni existe) en la televisión abierta! Si querías saber que había en los demás canales, tenías que recorrer uno por uno hasta encontrar alguno que te gustara. La única cosa buena que salió de esto es que tu memoria se desarrollaba rápidamente, pues era obligada a recordar con exactitud la hora y canal en la que se transmitía cada programa.
  2. ¿Temporadas? ¿Quién sabía a ciencia cierta de que temporada eran los episodios que estabas mirando en la televisión? Nadie. Sólo sabías que eran episodios nuevos cuando un comercial te lo informaba con un mes de antelación. A veces esperabas con ansía uno de tus shows favoritos sólo para terminar decepcionado dos minutos después cuando te dabas cuenta de que el programa en cuestión “estaba repetido”.
  3. Te sabías todos los episodios de Chespirito, entre los que destacaban: “Los caquitos”, el “Chavo del ocho”, “El doctor Chapatín” y el “Chapulín colorado”. O veías eso o mejor apagabas la televisión.
  4. No había repeticiones en otros horarios, así que más te valía estar frente a la televisión a la hora que empezaba tu programa favorito, o simplemente te podías perder el mejor episodio de la serie.
  5. Sólo podías ver Televisa. La señal de Imevisión no llegaba a ningún lado y cuando llegó TV Azteca, sólo atendía a la Ciudad de México. La oferta era tan limitada que cuando apareció el canal 28 con sus videos musicales, fue calificado de inmediato como “una bendición”.
  6. La señal podía verse afectada por cualquier cosa: viento, lluvia, temblores, el frío… Si eras afortunado, tenías antena aérea, que causaba menos molestias. Si no, tenías una antenita de “conejo”, cuya principal función era quitarte tiempo de tu vida al intentar estabilizarla.
  7. Muy pocos canales: pronto te dabas cuenta de lo escasa que era la oferta en la programación de la televisión nacional, pues recorrías los canales tan rápido que en muchas ocasiones preferías no cambiarle y agarrarle el gusto a lo que fuera que estuviera pasando en la televisión.
  8. La programación para niños terminaba a las 7 de la noche: Así es, a partir de las diecinueve horas con un minuto, la televisión se transformaba en señal para adultos (no explicita, pero si ¡aburrida!) y no te quedaba más remedio que sentarte con tu mamá a ver una telenovela o hacer la tarea que debías de haber hecho al llegar a casa después de la escuela.
  9. Las transmisiones terminaban a medianoche, razón por la cual nadie se desvelaba viendo televisión (a menos que quisiera ver programas de ventas en el canal cuatro), y empezaban hasta las seis del día siguiente, ¿adivinen con qué? ¡Correcto! Noticieros…
  10. Tu única oportunidad de ver otro deporte que no fuera futbol era durante las olimpiadas: salvo contadas excepciones, la televisión abierta sólo transmitía futbol, y claro, de la liga mexicana. Había algunas veces que se televisaban los partidos del Madrid porque ahí jugaba Hugo Sánchez, pero fuera de eso, si querías saber de deportes vía televisión, estabas obligado a sintonizar “Acción” los domingos.

Sé bien que existen muchas cosas más que ni siquiera mencioné, pero seguramente ustedes pueden ayudarme a recordarlas. Cuéntenme, ¿Qué otras vicisitudes les tocó vivir durante su infancia carente de televisión por cable? 

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