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El amor en Marte

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Es el año 2253 y Miguel y María aterrizan en Marte después de acumular los suficientes kilómetros frecuentes. Conocen a una pareja marciana y empiezan a hablar de todo tipo de cosas con ellos. Miguel pregunta si Marte tiene una bolsa de valores, si tienen laptops, ¿cómo hacen dinero?, etc. María habla sobre pasatiempos, la comida en Marte, etc.

Finalmente, María menciona el tema del sexo. “¿Cómo lo hacen?”, pregunta María. “Muy parecido a como lo hacen ustedes”, responde la mujer marciana.

El debate sigue y finalmente les gana la curiosidad a todos y las parejas acuerdan cambiar parejas por esa noche para experimentar el uno con el otro. María y el hombre marciano van a una habitación donde el marciano se desnuda. Su miembro es chiquitito-chiquitito, cerca de un centímetro de largo y la mitad de ancho.

“No creo que esto vaya a funcionar”, dice María obviamente.

“¿Por qué?”, dice él, “¿cuál es el problema?”.

“Bueno,” María responde, “creo que no es lo suficientemente largo como para alcanzarme”.

“No hay problema”, dice él mientras empieza a golpearse la frente con la palma de su mano. Con cada golpe que se da, su miembro crece hasta que es razonablemente largo.

“Bueno”, dice ella, “Eso es impresionante pero todavía está muy delgado… “.

“No hay problema”, dice él y empezó a jalarse las orejas. Con cada tirón, su miembro se hacía cada vez más y más ancho hasta que el resultado final se hizo bastante interesante a los ojos de la mujer.

“¡Vaya!” exclama María y se tiran ambos sobre la cama. Lo hacen loca y apasionadamente por muchas horas.

Al día siguiente, cada uno se reúne con sus respectivas parejas y cada quien toma un destino diferente. Mientras caminaban juntos, Miguel le preguntó, “¿y qué tal estuvo?”.

“Odio decirlo, amor”, dijo María, “pero estuvo bastante bien. ¿A ti cómo te fue?”

“Estuvo terrible,” contestó. “Todo lo que gané fue un terrible dolor de cabeza. Lo único que ella hacía era golpear mi frente y estirar mis orejas”.


Taciana Bañuelos Sauceda

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