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Polarización política: ¿por qué no todos nos podemos llevar bien?

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A comienzos de este siglo irrumpió con fuerza un nuevo término que describía un fenómeno político muy común en todas las democracias del mundo, este término así mismo fue rápidamente incorporado por las líneas editoriales de noticieros, periódicos, semanarios y programas de opinión, este hecho a su vez empujó una producción espectacular de todo tipo de columnas de opinión, artículos, infografías, caricaturas y debates en escenarios académicos e institucionales, me refiero nada más y nada menos que a la denominada “Polarización Política”.

Si destinara una semana de mi vida para leer los editoriales políticos de los principales periódicos de Argentina, Colombia, México, Brasil, Venezuela, Chile, Estados Unidos, España, Francia, Alemania e Inglaterra (solo por citar algunos ejemplos), pues seguramente aparecería explícita o implícitamente el término “Polarización Política”.

Con esto dejo entrever que está tan generalizado el uso y el abuso de este término por todo el mundo Occidental, que incluso se ha llegado a deformar o desnaturalizar por aquellos que hablan y escriben indiscriminadamente, pero que no poseen una verdadera formación en la ciencia política.

Si el objetivo es saber si nuestro país está polarizado y entender cuáles serían las implicaciones de esto, comencemos por entender qué es la “Polarización Política”.

Para hablar de manera castiza, digamos que polarizar es orientar en dos posiciones contrapuestas la opinión pública, es dividir el estado de opinión en dos extremos opuestos. Para decirlo de otra manera, la polarización política es el fenómeno político en el cual el apoyo del electorado a cierto candidato, figura política, posición política o tema que sea políticamente relevante se distribuye en dos polos opuestos y, por ende, antagónicos.

¿Cómo sabemos si un País está polarizado? y ¿cómo se mide la polarización política?

Estás dos interrogantes comparten curiosamente una respuesta común, ya que los resultados de los mecanismos de participación ciudadana (voto, plebiscito, referendo, revocatoria del mandato, cabildo abierto, etc.) y los resultados de los mecanismos para medir el estado de opinión (sondeos y encuestas), nos dicen si hay polarización política y qué tanto.

Según los politólogos, existen dos tipos de polarización:

1. Polarización general

También llamada polarización popular; esta modalidad es sobre la que estamos hablando y de la que todos los programas de opinión discuten, es literalmente cuando la sociedad se parte políticamente en dos.

2. Polarización partidista

División que se sucede dentro de determinado partido político en torno al apoyo que la colectividad le otorgará a alguna figura política o línea doctrinaria del partido.

Eso sí, no solo el fenómeno de la polarización opera en materia política, autores han hablado por ejemplo de polarización económica, cultural o musical. De hecho, este término aplica para casi todos los temas: Desde cuál debe ser el director técnico de nuestro seleccionado, hasta nuestro cantante favorito.

Siguiendo con este hilo temático conductor y sabiendo que la polarización en la práctica significa tener a una porción de la población en contra de la otra; entonces probablemente el cuestionamiento más sensible por resolver sea: ¿Cuáles son las consecuencias o implicaciones de vivir en un país polarizado políticamente?

Bueno, comencemos por señalar que en cualquier caso o evento que imaginemos de polarización política, siempre los voceros de las posiciones moderadas perderán poder e influencia, pues sus posturas no despiertan el mismo interés ni generan el mismo impacto mediático de las posiciones antagónicas. Posiblemente los líderes de unas y otras posiciones intentaran alterar los hechos y la historia mediante la intervención de fuerzas externas, como los sesgos mediáticos; la utilización de gestores de redes sociales para crear matrices de opinión; la coerción y/o manipulación de organizaciones sociales, gremiales y estudiantiles. En los Congresos, Asambleas y Parlamentos los acalorados debates pueden degenerar en descalificaciones e insultos, pasando por amenazas de denuncios y exaltadas solicitudes de renuncias. Si la polarización se presenta en democracias escasamente Institucionalizadas, los diferentes órganos del poder público pueden servir como instrumento de promoción de determinado candidato o postura política, multiplicándose la corrupción y generalizándose la comisión de todo tipo de delitos, particularmente los electorales. En los lugares donde los Estados son débiles y poco eficientes, la polarización política puede desembocar incluso en un conflicto interno o guerra civil.

Hoy Alemania está polarizada frente al tema de la recepción de refugiados de oriente medio. Reino Unido está polarizada acerca de la pertenencia a la Unión Europea. Colombia está polarizada respecto del apoyo al proceso de paz con el grupo narcoterrorista de las FARC. España está polarizada entre la izquierda y la derecha, lo que Institucionalmente le ha impedido conformar gobierno, casos similares al de España viven Brasil, Chile y Argentina. Estados Unidos lo está con relación a la campaña presidencial entre demócratas y republicanos.

Y entonces ¿qué es lo evita que en estos Países surja un proceso desestabilizador de sus democracias, economías, instituciones y seguridad pública?

Pues que son Países cuyas Constituciones garantizan un ejercicio más o menos seguro y amplio de las libertades públicas; que son Estados que disponen de escenarios institucionales para manifestar descontento y divergencia; que son repúblicas que consagran en su ordenamiento jurídico un mínimo de garantías que no pueden ser conculcadas o transgredidas por los poderosos, ni siquiera por el gobierno. Y que son Países cuyas fuerzas de seguridad tienen los medios para impedir que se haga política armada. 


Sergio Augusto Alvarez Vargas

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