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¡A comerse los miedos! 4 platillos exóticos de la cocina mexicana

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Si tú eres de los que cree que la comida mexicana se reduce al mole, las enchiladas, los tacos, el pozole y las carnitas, lo primero con lo que vamos a sorprenderte es con la variedad de ingredientes que componen la dieta proteínica en nuestro país: más de mil 800 variedades de insectos se encuentran en los recetarios ancestrales, 549 con precisión son los que se siguen consumiendo en la actualidad.

Es que como dice Sergio Ávila, el chef que fundó la comeduría ‘El Rey Alacrán, en México somos muy valientes: nos gusta comernos nuestros miedos.

Así, aquellas cosas que nos pican y muerden, son también víctimas de nuestros dientes: alacranes, víboras, hormigas chicatanas y otros bichos menos perniciosos como el gusano de maguey, los chapulines, los huevos de mosco, de hormiga o los acociles, unos crustáceos de agua dulce –aunque no por ello menos cascarudos.

La incorporación de estos insectos a los platillos tradicionales es sin duda una práctica antigua, que ha sobrevivido por desgracia debido a las enormes carencias y necesidades de las comunidades rurales e indígenas, antes que por su delicioso sabor y su alto contenido nutrimental.

Sí, como lo leíste, los insectos –así de pequeñitos y asquerosos— aportan una gran cantidad de nutrientes y son una fuente de proteína saludable debido a la ausencia de grasa en sus carnes.

Es más, los insectos son el futuro de la alimentación: de acuerdo con estimaciones de la FAO, si continúan las tendencias de producción agroalimentaria actuales, para 2050 el mundo enfrenta una crisis en la que no habrá suficiente capacidad para ofrecer una dieta de calidad a las personas.

Para alimentar a los 9 mil 600 millones de personas que se estima habitarán la tierra para entonces, la producción agrícola a escala internacional tendría que crecer en más de 69 por ciento con respecto a la de 2006.

Como puedes ver, se trata de un problema sensible, así que encontrarse entre los primeros dispuestos a comer insectos, te hará candidato a la supervivencia.

Por eso te recomendamos algunos platillos que no sólo servirán para aplacarte el hambre, sino que ya se encuentran entre los favoritos de los paladares gourmet.

Escamoles

Los escamoles son la larva o hueva de unas hormigas muy especiales, las que viven cerca de los plantíos de maguey y nopales, debajo de los cuales hacen su nido.

Para cosecharlas hay que esperar la temporada, que es en marzo y abril y generalmente coincide con la Cuaresma. También hay que tener mucho cuidado porque la especie Liometopum apiculatum es muy agresiva. Con estos antecedentes, uno puede entender el alto costo de un kilo de escamoles.

Para comerlos, se pueden freír en mantequilla y condimentar con epazote. Así y en un taco son un suculento e indescriptible platillo. Hay quienes integran este guiso a los frijoles refritos, a sus huevos estrellados o a los tradicionales mixiotes y barbacoa de la región de Hidalgo, donde se consumen principalmente.

Gusano de maguey o chinicuiles

Para los jornaleros de Tula, en Hidalgo, también conocidos como tlachiqueros –en referencia al tlachique, un ingenioso popote hecho con un guaje alargado para extraer el aguamiel que más tarde convertirán en pulque—no hay mejor chicharrón que el que se hace con chinicuiles.

Lo más difícil de este platillo es recolectar la larva de las mariposas que anidan en los magueyes. Puede llevar toda la mañana juntar suficientes para un taco. Molestia que se contrarresta, por supuesto, libando el dulcísimo aguamiel de los magueyes.

Una vez que se reúne la suficiente cantidad, lo que hay que hacer es freírlos al punto crujiente del chicharró – si es en una buena manteca mejor—, para servirlos en una tortilla y bañarlos en salsa verde picosita.

Jumiles

Lo voy a decir sin tapujos, de todos los insectos y platillos exóticos que he probado en México son los jumiles los únicos que me han dado asco, no por su sabor que es delicioso, ni por su aspecto, ni por la textura crujiente al principio y viscosa al final.

Lo que pasa es que el jumil, en Morelos y Guerrero, se sirve vivo en un pico de gallo (jitomate, cebolla y chile verde). Lo incomodo es que, tras dar la mordida al taco, los animalitos comienzan a escapar y caminan por los cachetes. Por lo demás, su sabor es delicioso.

Además, hay otras formas de comerlos y si usted es de los fanáticos de pararse a comer quesadillas en Tres Marías, un popular punto en la carretera entre la Ciudad de México y Acapulco, probablemente ya los probó, porque los usan molidos para condimentar algunas de las exquisitas salsas que se sirven, porque tienen un suave gusto a canela que obtienen de su alimento, los tallos y las hojas de los encinos.  

¿Aún quieres saber qué son? Bueno, también los conoces con otro nombre: chinche de monte.


Roedor de Lencería

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