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Carta de lo perdido frente al espejo

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Me asomo al espejo y veo el reflejo de mi cuerpo desnudo observándome. Líneas que me constituyen, deshacen y me forman en la masa ambigua contenida en estrechos márgenes de retención.  Soy una cárcel que palpo y no soy la sangre que me conmueve de mi herencia. Soy esto que toco, sólo un pedazo de carne definido por sombras y luces, derramándose en el espejo y derramándose en mis manos como cristal líquido.

Tantas veces crucé aquella cuadra marina del amor para terminar hecha polvo que ahora escapa entre mis dedos. Alguna vez tuve un nombre y fui la lluvia en tus brazos y mi fuego era el fuego inextinguible de un nacimiento.

Fui la primavera cuando tu mano rozaba mi pecho y un agitado tambor despertaba el mar. Yo vi mayo pasar y morir y con él algo de lo que era se marchaba. Amé los soles resplandecientes en aquellas flores amarillas y el pájaro atrapado en tus ojos. Amé las estrellas en la noche que me recordaban tu presencia y el cálido aroma de tu cuerpo los miércoles en la mañana, donde rehuí de una soledad antigua en la cual las puertas, siempre cerradas, prohibían conocer los linderos del alba, porque su música era muy resplandeciente para el gris del espejo. En esta ocasión lo gris aparenta ser refugio del temblor, o porque hay algo triste del otro lado del espejo que me posee o la memoria es otro órgano maldito regido por el insomnio.

Mi cuerpo frente a un espejo siendo violentado y saqueado y escupido por otro yo durante meses, mi cuerpo vacío, árbol muerto donde no anidan las aves.

Y a tu muerte fingida y la última y permanente distancia, el recuerdo de pasados amaneceres:

6:00am- elmismolugardesiempre a la misma hora…

Es regresar a los mismos lugares testigos de cosas revolviéndose dentro de mí como si pudiera ver nuestros rostros pasar en frente hasta sentir mi piel fría y el pecho estrecho. Veo la primavera irse todos los días en esa esquina como si fuese el último día cada día que le sigue. Pero ya no pertenezco a ese jardín donde he dejado mis flores hasta la muerte, también nos he visto morir en sueños y luego el asesinato de un golpe de tu imagen, de tus manos, de tu piel, de las palabras que siempre estuvieron demás y todo lo mío que en ti echo raíces. Alguien cortó flores de un tajo en mi pecho.

No me quedo esperando lo que no existe aunque algo en mi insista en  la muerte.

No. Nunca más en los mismos lugares esperando la llegada de tu recuerdo.

A pesar del corazón desbordándose en unas manos, el espejo me recuerda lo que fui, cada muerte, cada palabra, cada Noquieronada y la sombra vuelve y se acopla en mi imagen vacía como meses atrás. Envuelve un pedazo de carne y la esencia única y pura del cuerpo revienta en los ojos. El espejo conoce cada silencio.    


Paola Carolina Valencia Villalobos

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Comments

Rebeca Aragon Obrado     18 October 2017

Nuestro cuerpo es una obra de arte, seamos delgadas o gorditas, nuestro cuerpo es una maquina tan sorprendente que no hay nada igual.