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Una sorpresa
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Llegas a un punto de tu vida donde sientes, en tus cosas cotidianas, un sinsabor, una sensación de que algo te falta, un vacío que no puedes llenar con salidas, con fiestas, amistades, películas, series, libros o cualquier hobby que pueda uno tener. Uno piensa que tal vez cambiar algunos aspectos en la vida puede ayudar, sin embargo, sigues sintiendo esa desazón, esa especie de vacío.

Frecuentas más amistades de las que normalmente lo hacías, comienzas a hablar con personas que no hablabas hace mucho, pactas salidas incluso con gente que sabes que no suman ni restan en tu vida con tal de poder llenar ese vacío. Comienzas, también, a buscar algún tipo de pasatiempo nuevo, a buscar nuevos tipos de géneros musicales, nuevos géneros de películas o buscas, incluso, nuevos gustos de ropa o de cortes de cabello, pero no terminas de hallar ese punto exacto que haga realmente el cambio en tus días.

Llegas a tal punto de sentirte inferior e insignificante en donde te encuentras parado.

Y sin darte cuenta, de a poquitos, te vas dando cuenta de que lo que realmente necesitabas y no debías seguir buscando está justo ahí, frente a ti, y que sin darte cuenta se fue metiendo en tu cabeza y que era lo primero en venirte a la mente al despertar y lo último en pensar antes de dormir.

Y te vas dando cuenta de que siempre estuvo ahí y que no querías aceptarlo, estabas cegado en querer llenar ese vacío con cosas banales y no te dabas cuenta de que solo necesitabas abrir un poco más tus ojos y al final solo bastaban dos palabras claves para finalmente saber que no necesitabas algo, sino a alguien que estuvo presente, frente a ti, pendiente de ti, cuidando cada decisión que podías comentarle, cuidando cada salida que contabas, preocupándose por cada peligro por el que pasaste, que estuvo en cada momento que te sentías mal emocionalmente o de salud.

“Oye, te extraño”, simples palabras, pero con una gran profundidad que hicieron que la venda caiga de mis ojos y pudiera darme cuenta de que lo que necesitaba en mi vida era ella. Para volver a sentir esa calidez en el pecho, para volver a sentir esa ganas de correr y abrazarla y mirarla a los ojos y decirle ‘¡Caramba! También te extraño’.

Y todo fue tan repentino, porque no me había dado cuenta de lo que en todo ese tiempo sentía, hasta leer eso en una conversación. Y fue en ese punto exacto en donde me di cuenta de que ella rondaba en mi cabeza día y noche y lo único que hacía era reprimir eso con tal de sentirme fuerte para no aceptar que era ella quien podía hacerme sentir todo un mundo nuevo. Tal vez por vergüenza o por miedo a no ser una decepción para ella, o qué se yo, simplemente trataba de reprimir u ocultar, hasta que se hizo totalmente imposible poder ignorar ese sentimiento.

Una llamada, un mensaje, un detalle tan simple como un dulce podían hacer que el humor cambie de repente, que el día mejore, que una sonrisa aparezca de la nada.

Pasaron varios días para que pueda tomar el valor de decir, por fin, todo lo que pensaba y sentía y, para mi buena suerte, todo era mutuo. No había que pensarlo más, no había más dudas, no había más porqués, solo la toma de una decisión de la cual jamás me arrepentiré.

Hoy por hoy puedo dar fe de que la vida siempre trae alguna sorpresa consigo, de que siempre, cuando más solo te sientes, siempre hay una mano que te ayudará a quitarte esa idea. Hoy puedo abrazar la calidez de esa sensación de que elegiste a la persona correcta sin equivocación alguna.

Si, la vida trae duros golpes y caídas, pero cuando te das cuenta de esa sorpresa, sientes que todo, siempre, puede ir mejor.


Alonzo Herrera

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Comments

Qué lindo escribes. De alguna manera puedes llegar al corazón de una persona sin saber con exactitud por lo que está pasando.