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Drogas y adicciones (Parte 1)
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No es para nada desconocido que las drogas se han convertido en uno de los principales caminos para llegar a nuestro final orgánico y biológico: a la muerte. Pero no nos quedamos con el hecho de que las drogas, en su sentido más coloquial, sean aquellas que se consideran legales e ilegales, al alcance de cualquiera o al alcance de pocos. Las drogas (o de manera más detallada o descriptiva, las sustancias psicoactivas) no sólo son aquellas conocidas (por ejemplo, el alcohol, el tabaco, la marihuana, la cocaína, la heroína, entre otras), sino que la capacidad para innovar en este ámbito no cesa y mientras el tiempo sigue su curso, lo hace también la invención de nuevas formas para​ «sentirse bien», aunque sea sólo durante algunos minutos. La sensación de bienestar es potente y adictiva.

De acuerdo a Byung-Chul Han (2014), enfermedades como la depresión, el síndrome de burnout [y las adicciones] son la expresión de una crisis profunda de la libertad. Son un signo patológico de que hoy en día la libertad se convierte, por diferentes vías, en coacción. Y no se trata de que las instituciones desempeñan un papel de vigilante autoritario en todo momento, la misma población cubre ese trabajo como un ​Gran Hermano ambulante. Para Byung-Chul Han, un adicto a cualquier sustancia sería un idiota, alguien con su propia idiosincrasia, pues dice que «el idiota es por esencia el desligado, el desconectado, el desinformado. Habita un afuera impensable que escapa a la comunicación y a la conexión».

Ya sea por una u otra razón, el uso de las drogas, en cualquiera de sus presentaciones, ha llegado a ser un tema tabú en infinidad de sitios, pero más que eso, ha llegado a ser una cuestión de prohibición. No hace falta remontarnos a la Ley Seca en 1920, y que aún tiene algunas reminiscencias en el país vecino y en México, cuando se trata de días festivos. Aún no se tiene el 100% de confianza en los habitantes en cuanto al consumo de alcohol, y menos de las demás drogas.

Si rememoramos el uso de las bebidas o las sustancias psicoactivas en varios atrás, podemos ver que no se tenía un juicio contra ellas, ya que ni siquiera las veían como algo «malo». Algunas tribus o hasta religiones usaban el peyote o la ayahuasca (dos de los ejemplos más reconocidos, pero no los únicos) para los rituales. Las personas lo consumían o lo bebían sin pensar que se trataban de «drogas», sino que era un modo para lograr acercarse a un dios o a un ser superior.

De acuerdo a las creencias que cada uno de nosotros tenga, y conforme a la educación que nos han enseñado a obedecer y a seguir durante nuestra vida, veremos a las sustancias psicoactivas con un punto de vista diferente. Si cada uno menciona un motivo por el cual cada una de ellas debe ser prohibida, me atrevería a mencionar que sí, que algunas deberían ser totalmente prohibidas o al menos evitar a toda costa su consumo, pero no todas. Por su puesto, ello está a consideración y a decisión de cada uno.

¿Qué piensan hasta ahora? ¿Creen que las drogas o las sustancias psicoactivas son algo malvado o la misma sociedad es la que crea esas etiquetas hacia algo que por sí sólo no tiene valor?


Thomas Walker

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Comments

Luis Camacho Rodriguez     23 May 2018

La cantidad de drogadictos es creciente y alarmante, ya hasta afecta a la sociedad en la que vivimos porque a veces son ellos los culpables de los delitos