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Viví, sentí, crecí. ¿Y mi amor?

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¨No me vuelvo a enamorar¨, ¨Era todo para mí¨… Esas son algunas de las frases más típicas que escuchamos decir a alguien que ha pasado por una ruptura amorosa causando aquello que conocemos como un corazón roto. Esa sensación que nos hace sentir como si tomaran nuestro órgano más vital y lo encarcelaran en una mano, cerrando el puño, poco a poco, hasta sentir ese inmenso vacío dentro; vacío que nos hace creer que jamás volverá a sentirse habitado por alguien más. Pero, ¿cómo poder salir adelante? ¿Cómo volver a confiar en el amor sin estar constantemente con el temor de que alguien más nos llegue a afligir este dolor?

Cuando dejamos de creer en el amor, y llegamos a la gran desilusión, lo menos que queremos hacer es tener contacto con las personas. Por alguna razón, nuestra mente se desconecta del mundo haciéndonos creer que estamos en una batalla sin nadie a quien acudir, lo cual es completamente erróneo. Pensar que jamás volveremos a amar, y que nunca encontraremos a esa persona ideal que nos hará volver a sentir es un pensamiento de alguien que se ha cerrado completamente a las posibilidades, y que se niega a reparar ese ¨corazón roto¨.

¡Claro! Todas las personas tienen una esencia única, pero cuando hablamos de características, rasgos físicos y morales llegamos a la conclusión de que no son tan únicas como habíamos previamente creído. Si bien esa persona te hacía sentir especial,  no es la única que pueda hacerlo. ¿A caso podría ser él o ella la única con la capacidad de sentir, amar y desear? 

Recuerdo en una ocasión, una amiga muy querida estaba pasando por una ruptura amorosa. Después de haber terminado su relación, que no le beneficiaba en lo absoluto, pasó días, semanas incluso meses sin querer intentar estar con alguien más.

En una ocasión, le comenté, ¨Aquello que él te hace sentir, miles de personas pueden hacerte sentir también¨.

Estaba tan cerrada a las posibilidades de volver a sentir algo por alguien más, que rechazaba la misma idea. Sé que olvidar y seguir adelante es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pues sé realmente cómo se siente tener un corazón roto, pero sanarlo es posible. Con un poco de amor, y no estoy hablando del amor de pareja, sino aquel amor hacia la familia, hacia los amigos, hacia la vida, hacia uno… Sólo así nos daremos cuenta que somos persona íntegras capaces de amar y sanar. Recuerda que día tras día estás viviendo con alguien que jamás te dejará… tú.

Es importante darse la oportunidad de sentir al máximo sin reprimir emociones. Necesitamos desahogarnos, y si para hacerlo es necesario pasar noches viendo películas de comedia romántica, pues hagámoslo. Dejemos que ese sentimiento fluya, hasta haberlo externado por completo.

En una ocasión, tras haber pasado por una separación con alguien a quien quise muchísimo, recuerdo haber pasado 3 días viendo películas de amor desahogándome por completo, porque sabía que así y únicamente así, sacando todo el dolor que estaba experimentando, podría hacerle espacio a mi vida a ese nuevo amor propio que al igual que antes me había acompañado.

Enfocarnos en nuestra vida como persona autónoma es fundamental. Sal con la familia, y regresa a las actividades que acostumbrabas hacer antes de haber empezado tu relación. Esto te mostrará que antes del amor, sentías, y vivías de una manera plena.

No hay que intentar meternos a una relación de un día para otro. Date tiempo para reflexionar sobre lo que te gusta y no te gusta. Piensa. ¿Qué falló en mi antigua relación y cómo puedo hacer para mejorar como individuo? Tratemos de no tropezar con la misma piedra o, en algunos casos montañas. Sal de fiesta y conoce gente nueva. Date la oportunidad. Ambos sabemos que te lo mereces

La única forma de volver a sentir algo por alguien más es dándote esa oportunidad. El amor está en todas partes. Sé que al principio no será fácil, pero el tiempo hará lo suyo; no hará que olvidemos por completo, pero si disminuirá ese dolor, al final, convirtiéndolo únicamente en un recuerdo, una experiencia. Ese recuerdo nos hará sonreír, y tendremos el privilegio de poder decir, ¨Sentí, viví, crecí¨. Rescatemos sólo aquello que nos hará recordar una gran lección de vida y coloquémosla en nuestro  estante como  símbolo de victoria, de cómo hemos amado, y de cómo hemos ayudado a nuestro corazón a sanar.


Abraham Aragón

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