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¿Está evolucionando la muerte en el siglo XXI? (Parte 1)

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Tal vez sea parte de la naturaleza del mexicano o simplemente las circunstancias, pero tengo ganas de hablar de la muerte y los posibles cambios de escenarios finales durante el siglo XXI. La penúltima semana falleció el cantante de una agrupación medianamente conocida a nivel mundial: Linkin Park. No me voy a poner a hablar sobre lo mucho que me gustaba el grupo, pero tampoco voy a silenciarme al respecto. En lo que va de este año él es el segundo músico que, según las declaraciones, se suicida.

Alrededor hay hipótesis que no dudo puedan ser reales y no simples pensamientos conspirativos tal y como ha sucedido en otros supuestos casos de suicidios, como el del activista informático Aaron Swartz en 2014, pero también hay otras opciones que me parecen complejas y ante las cuales no sé cómo reaccionar. Lo único que me queda decir, entonces, es que la muerte puede estar acercándose hacia un proceso evolutivo en el caso de los seres humanos. ¿que por qué lo digo?

Como algunos recordarán, el año pasado estuvo lleno de decesos de gente famosa mundialmente y en distintos ámbitos. alguna vez incluso leí que el año pasado fue el que registró más muertes de gente conocida en la historia. Sea o no verdad, lo que puedo rememorar de esos fallecimientos es que la mayoría o fueron por causa natural o por enfermedades crónicas como el cáncer, pero eso no parece ser así para varias personas de generaciones más recientes.

Además de las muertes de las que todos supimos porque su obra era pública, como David Bowie o Umberto Eco, de manera personal también me tocó vivir varias pérdidas, de mayor o menor cercanía, y aunque casi todas se relacionaban con causas naturales, como la edad o complicaciones, también hubo alguna que no. Después de pensar un poco, y sin ganas de declarar como una afirmación objetiva, creo que podríamos estar ante las primeras generaciones que se encaminen a la muerte por voluntad propia con más frecuencia que antes.

La depresión ya fue señalada como un problema de salud pública, pero más allá de los pequeños problemas, como el ausentismo laboral o escolar, están los problemas graves y los cuadros de depresión severa de los que, muchas veces ya no hay vuelta atrás y culminan con la muerte. Más allá de las hipótesis que pueda hacer a este respecto y mis deducciones en materia de salud pública, creo que conviene mirar estos fenómenos y preguntarnos por qué están sucediendo.

No sé si pensar en el porqué ayude a resolver el problema y tampoco sé si realmente es un problema. Al escribir estas líneas y divagar sobre un tema incómodo para la mayoría de personas, el suicidio, me vienen a la mente varias cosas más. Por un lado reconozco que esta acción no es única de nuestra especie, por el otro creo que sí son únicos los motivos por los que sucede este fenómeno en nuestra especie. A diferencia de varios animales que deciden autoinmolarse para controlar el nivel de población, de acuerdo a las observaciones que han hecho científicos, los seres humanos deciden ponerle fin a su vida porque pierden el sentido.

Claro, muchos me podrán decir que el sentido dejó de existir hace mucho y que si creo todavía que hay un sentido estoy más del lado de los idealistas y defensores del progreso, pero no creo que me refiera a un sentido trascendental sino a uno que, aunque pequeño, personal y caduco, nos sirve de ancla y timón a lo largo de los sinsabores de la vida. Varias personas se cuestionan qué les puede haber faltado a personas exitosas y talentosas como para que hayan decidido terminar con sus días en la tierra, aunque la respuesta no es completamente evidente, creo que hay ciertas cosas que podrían ayudar a resolver esta cuestión.

Para bien o para mal he leído algunas de las declaraciones respecto a la muerte de Chris Cornell de su viuda. En ellas declaraba que la decisión que Chris tomó en mayo no fue hecha en sus cinco sentidos sino bajo el influjo de un medicamento prescrito para tratar la ansiedad, que en la noche del suceso Cornell apagó y prendió las luces de su casa a través de una aplicación móvil. Sea cierta o no la hipótesis de la mujer de Cornell, de lo que no me queda duda es que señaló algo que es crucial en la vida actual del hombre moderno: somos dependientes de los medicamentos y estamos a su merced en muchos casos.


Elisa E.

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