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Populismo ¿La voluntad del pueblo no se equivoca?

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En todas las épocas y en todas partes surgen políticos que dicen entender los problemas y las aspiraciones profundas de las mayorías y se autoproclaman ser los defensores del pueblo contra los diversos perjuicios que atormenta a las personas. El discurso de estos políticos es más o menos el mismo: Denuncian la situación social catastrófica de la que es víctima el pueblo; señalan como los culpables a la clase política, las élites empresariales y las potencias extranjeras; acuñan un sermón de exaltación de las grandes cualidades del pueblo, de los principios sobre los cuales fue fundada la patria y de los parámetros morales superiores sobre los que construyen su vida la gente pobre; finalmente, aseguran que la forma de romper con los vicios del pasado y salvar la sociedad, es introduciendo profundos cambios sociales, económicos y políticos.

Por supuesto que para que este discurso, recargado de valores como la igualdad, la justicia social, la dignidad y la soberanía nacional, conquiste la atención del electorado, debe haber en la opinión pública un estado de profunda insatisfacción con las instituciones democráticas y la política tradicional.

Esta manera de ser en política que describo se le conoce como “populismo”; y este discurso populista, que hace uso de cualquier estrategia persuasiva (sea cierta o engañosa), para captar la atención del público es conocida como “demagogia”. Y aunque el populista no tiene un programa político bien definido porque sus esfuerzos no se concentran en estructurar políticas, programas y proyectos serios, sino en producir un hecho emocional de rechazo entre el electorado, les basta muchas veces para ganar las elecciones.

Ahora bien, ¿será que la promesa de bienestar social y el triunfo electoral faculta al populista para emprender radicales reformas que pueden vulnerar derechos humanos y libertades individuales de muchas personas? Muchos dirán que el voto es un mandato que obliga llevar a cabo lo prometido; después de todo, cuenta con el respaldo de la mayoría y la voz del pueblo es la voz de Dios.

Seguramente estas personas conocen muy poco de historia. Si hay algo que ha sumido a los países de Latinoamérica en el subdesarrollo, es esta fe ciega en los caudillos populistas que nos prometían la construcción de un mundo en el que correrían ríos de leche y miel sobre las cenizas decadentes del pasado.

Claro que estos líderes populistas consideran que el voto de las mayorías les otorga la facultad para hacer cumplir la denominada “voluntad popular”, no importa si en el intento quebrantan las leyes, los derechos humanos y la constitución.

Pero, ¿será que la voluntad popular no se equivoca? ¿El pueblo es tan inteligente que siempre elige al mejor?

Yo dudo que el pueblo, conformado por las personas de extracción más humilde y menos educadas de la sociedad, no sean susceptibles de ser engañadas o no sean proclives a los errores y los prejuicios como todo ser humano. Pero entiendo que algunos consideran que el pueblo siempre es honrado, trabajador, inteligente, desinteresado, humilde, generoso y nunca se equivoca; entonces, siempre escoge al mejor líder.

Para resolver esta dicotomía, que pone de un lado a la legitimidad de la autoridad ejercida por el gobernante, y del otro, al alcance que tiene esta legitimidad frente al ejercicio de los derechos humanos del ciudadano, debemos escarbar en el concepto de legitimidad:

La legitimidad, es la autoridad que puede provenir de un fundamento jurídico y/o de un mecanismo de participación ciudadana como el voto, para obtener obediencia sin necesidad de recurrir a la coacción.

Sin embargo, la legitimidad, como la mayoría de los institutos jurídicos modernos no es un valor absoluto, sino relativo; para que el ejercicio de un cargo público sea verdaderamente legítimo, su existencia y facultades deben estar previamente consagradas en la constitución o la ley. Por ejemplo, las decisiones de un presidente de la república estarán limitadas por el ordenamiento jurídico vigente y por el rol de control y vigilancia que ejercen otros poderes públicos. Además, la función pública está llamada a materializar los derechos humanos de las personas, nunca a vulnerarlos; no importa lo altruistas y sacrosantas que parezcan las justificaciones.

Nuestras democracias han sido poco republicanas: No logramos crear sociedades en las que prevalezca el imperio de la ley, con índices de impunidad bajos y justicia para todos, no pudimos estructurar comunidades socialmente equilibradas, la prestación de los servicios públicos es deficiente y de poca calidad; y el rezago en infraestructura, ciencia e innovación nos ha hecho poco competitivos. Las graves fallas de nuestros gobiernos e instituciones demoraron nuestro desarrollo y crearon las condiciones para caer en las redes de los discursos bonitos cargados de promesas irrealizables del populismo. Infortunadamente estos discursos envuelven el peligro de que el remedio resulte peor que la enfermedad.

No hay que confundirse por los encantadores de serpientes, no existen las recetas milagrosas que nos lleven hacia el progreso, el bienestar y la felicidad; tampoco existen los hombres omnisapientes y providenciales que van a llegar a salvarnos de nosotros mismos. El desarrollo económico, la estabilidad política, la eficacia y la eficiencia en la ejecución de las distintas políticas públicas pasa por tener unas instituciones fuertes, por la seguridad jurídica, y particularmente por el respeto de los derechos humanos de todos: Ricos y pobres, hombres o mujeres, niños o ancianos, socialistas o capitalistas.


Sergio Augusto Alvarez Vargas

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Comments

Laura Patricia Mateo Rojo     20 October 2017

Esto no creo que vaya a cambiar pronto, es algo que ya tiene mucho tiempo y no sera tan fácil terminarlo, solo hasta que el pobre sea mas pobre y este cansado de pasar hambre e injusticias y decida hacer algo al respecto, solo así.

Miriam Juana Hernández Gerena     19 October 2017

La verdad es increíble que los dejemos llegar hasta donde han llegado, hasta cuando los dejaremos seguir aprovechándose del pueblo?

Paola Olabuenaga Navedo     17 October 2017

Estoy cansada de los partidos políticos que solo sirven para sus intereses e ignoran los intereses del pueblo.

Sierra Lojan Donaldson     16 October 2017

Ojala algún día se tome en cuenta la voz del pueblo y no los intereses personales y económicos del politico, el pueblo, la gente tiene hambre y necesidad de ser escuchado. La corrupción están descarada que no les importa nada mas que sus propios intereses y como obtener mas dinero del pueblo para sus lujos.

Sierra Lojan Donaldson     16 October 2017

Ojala algún día se tome en cuenta la voz del pueblo y no los intereses personales y económicos del politico, el pueblo, la gente tiene hambre y necesidad de ser escuchado. La corrupción están descarada que no les importa nada mas que sus propios intereses y como obtener mas dinero del pueblo para sus lujos.