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5 recomendaciones para ser más convincente
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Las diferencias de opinión forman parte esencial de la convivencia humana, y si queremos resolverlas de manera razonable —esto es, sin acudir a tretas ni actos de fuerza— nuestro única herramienta es la argumentación. Con esa idea en mente, ponemos a tu disposición cinco consejos que te serán de gran utilidad cada vez que desees convencer a alguien de la aceptabilidad de tu punto de vista.

  • Domina el tema de discusión.

Si quieres formarte una opinión sobre un asunto, tienes que entenderlo a fondo, así contarás con más elementos para sustentar tus ideas, lo que incrementará significativamente tus probabilidades de éxito. Parece obvio, sin embargo con frecuencia, muchos cometen la imprudencia de meterse en situaciones argumentativas para las que no están preparados. Debido a ello, se exponen a derrotas vergonzosas y le hacen daño a su reputación.

  • Evalúa los fundamentos que sostienen tu posición.

No te bastará con estar seguro de que la verdad está de tu lado para que otros lo admitan, tienes la obligación de poner a prueba la firmeza de todos los argumentos que justifican tus certezas. Sólo de ese modo lograrás averiguar si tus razones son sólidas o si por el contrario, no soportarían un examen detenido por parte de tus adversarios. A partir de esa minuciosa evaluación, podrás determinar en qué medida tu opinión es defendible. 

  • Conoce bien a tu prójimo.

¿Quiénes son tus oponentes? ¿A qué grupos sociales pertenecen? ¿De qué manera ven el mundo? ¿Qué distancia media entre su posición y la tuya? Éstas son preguntas relevantes que debes hacerte como proponente cuando vayas a argumentar, sea cual sea la circunstancia. Las respuestas obtenidas te suministrarán información de valor, que te orientará en tu búsqueda de argumentos acordes con el modo de pensar de quienes tratas de convencer.

  • Prepárate para eventuales contraargumentos.

Es de esperarse que luego de emitir una opinión y dar a conocer tus motivos para defenderla, te toque hacer frente a los esfuerzos de otros para tratar de defender las suyas. Si la fecha y la hora de la actividad han sido fijadas previamente, aprovecha esa ventaja para adelantarte a posibles contraargumentos y hallar formas de encararlos. Puedes incluso mencionarlos y procurar rebatirlos antes de que tus oponentes decidan sacarlos a colación.

  • Adáptate a los factores contextuales.

Las indicaciones anteriores están supeditadas en gran medida, al marco situacional en el que vas a argumentar. Tienes que tomar en consideración los aspectos del contexto que van a regular el desarrollo de la discusión. La duración, las reglas a respetar y el modo de comunicación verbal empleado (oral o escrito), constituyen limitantes a las que debes saber adecuarte, sin pena de fracasar a pesar de seguir las demás recomendaciones.

Conviene advertir que estas orientaciones sólo surten efecto frente a auditorios razonables. Así pues, cuando te animes a llevarlas a la práctica, asegúrate de que no estás luchando por una causa perdida. De ser así, te sugerimos que inviertas tu valioso tiempo en individuos mucho más sensatos.


José Court

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