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Como las personas hacen dinero a través de la religión

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Hace 20 o 30 años, la religión predominante en México (y para tal caso Latinoamérica) era el Catolicismo, o mejor dicho, la versión “latina” del Catolicismo, plagado de referencias al pasado pre-hispánico de la cultura de la gran mayoría de los países latinoamericanos.  Sin embargo, actualmente este no es el caso, y aunque el Catolicismo sigue siendo la religión con mayor número de adeptos en la región, otras religiones (y no-religiones) han mermado lo que antes era un 90% - 95% de dominancia en el “mercado” de las religiones.

Personalmente, y proviniendo de una familia predominantemente de ascendencia judía, me tocó presenciar esta evolución en la sociedad mexicana, en donde se rechazaba y se hacía burla de personas de otras creencias o religiones; hasta el día de hoy en que ser adepto de otra religión diferente al Catolicismo no produce las mismas burlas o rechazos, ya que, sin afán de exagerar, otras religiones, incluyendo a los denominados ateos o agnósticos, ocupan un gran porcentaje de la población actualmente.

Junto con esta evolución en la predominancia de las religiones en México y en la región, el esquema político y económico también ha evolucionado.   Por un lado, el poder adquisitivo de la población mexicana ha aumentado en las últimas décadas, gracias a las alianzas económicas con Estado Unidos y otros países, así como el incremento en el nivel de educación de la población económicamente activa, así como el mucho más fácil acceso a la educación superior con el que las nuevas generaciones cuentan hoy en día.  Por otro lado, en el ambiente político, el gobierno, en un esfuerzo por regular fiscalmente los cultos y religiones presentes en el país, ha creado el régimen fiscal de asociación religiosa, bajo el cual dichas asociaciones son denominadas “personas morales con fines no lucrativos”, y son exentas de la mayoría de impuestos que son demandados a otras asociaciones.

Y es aquí donde podemos iniciar el predicamento, ya que, al denominarse asociaciones sin fines de lucro, significa mucho más que la denominación otorgada por el gobierno, sino realmente asociaciones que destinan una gran parte de sus ingresos a causas sociales, servicios dedicados a sus adeptos, servicios comunitarios o cualquier otro servicio o recurso destinado al bienestar de sus feligreses o de la comunidad que los rodea.

Junto con el surgimiento de religiones derivadas del cristianismo “americano” (protestantes, bautistas, metodistas, etc.) y el incremento del poder adquisitivo de la población económicamente activa, han surgido en México y Latinoamérica las denominadas “mega-iglesias”, las cuales se caracterizan por poseer más de 1,000 miembros (algunas incluso sobrepasan los 10,000 adeptos) en una sola ubicación física, en la que concentran un centro de convenciones, servicios religiosos para adultos, jóvenes y niños, entre otros servicios destinados exclusivamente a los feligreses o miembros de esa mega-iglesia.   Todos estos “servicios” están asimismo diseñados para atraer nuevos miembros, y los miembros activos son constantemente empujados a atraer a nuevos miembros, incrementando el estatus de la mega-iglesia como tal.

Independientemente del mensaje religioso impartido en cada una de las religiones o iglesias que existen en el país, el mensaje generalmente se encamina hacia la “abundancia” económica que cada miembro debe esperar de su congregación, así como la obligación de aportar económicamente hacia la congregación en forma de diezmo, ofrenda, aportación o promesa económica, en el entendido de que les será devuelto al ciento por uno, y que entre más aporten a la congregación, más les será devuelto, muy similar a como un banco o sociedad financiera promueve sus productos financieros en el mercado.   De la misma forma, los miembros de estas iglesias desean retribuir los servicios ofrecidos a ellos y sus familias por la congregación, dando aportaciones cada vez mayores a la iglesia.

Ahora bien, la mayoría de estas nuevas iglesias cuentan con un “comité” directivo, generalmente conformado por el líder religioso y su familia, algunos de los más allegados adeptos y miembros fieles de la congregación. Ellos se encargan de recaudar y darle destino a los ingresos recabados de los miembros, pagos de salarios (los cuales son raramente otorgados a miembros ya que son “voluntarios”) e inversión de recursos económicos en el crecimiento de la iglesia y de sus servicios e instalaciones.

No existen cifras exactas de las cantidades que son recaudadas por estas nuevas religiones o iglesias, pero no es difícil extrapolar esos ingresos en el estilo de vida que llevan los líderes de estas congregaciones y en la constante expansión en que estas mega-iglesias se encuentran.  Es más que obvio para cualquiera de los miembros de estas congregaciones que sus líderes gozan de un estatus económico superior a la media del país, e incluso, se espera que así sea, ya que los líderes son los principales promotores de la filosofía “ciento por uno”, y atribuyen su riqueza económica no a las aportaciones de los feligreses, sino al producto de su fe y adherencia a su religión o creencia.

No es casualidad de que muchas de estas nuevas iglesias, adicionalmente a los servicios religiosos que ofrecen, rentan sus instalaciones para talleres y conferencias de empresas multinivel, las cuales asimismo predican una idea de abundancia económica repentina y sin necesidad de mucho trabajo.   Incluso, los líderes religiosos de estas mega-iglesias generalmente son propietarios o representantes mayoristas de estas empresas multinivel, y utilizan sus instalaciones con ese doble propósito.

Cabe recalcar que en sí misma, la abundancia económica de estas asociaciones religiosas no es condenable, ya que se adhieren a las leyes y reglamentos establecidos y las aportaciones de sus miembros o feligreses son totalmente voluntarias. Sin embargo, una de las razones por las que son denominadas “asociaciones sin fines de lucro” y como se definió anteriormente, es porque prestan servicios sociales o comunitarios y destinan una gran cantidad de sus ingresos o “ganancias” en obras de caridad, de ayuda a la comunidad y a sus propios feligreses. No obstante, y sin intención de generalizar, es muy raro encontrar una asociación religiosa que realmente dedique la mayor parte de sus ingresos a servicios comunitarios. Si bien algunas iglesias apoyan orfanatos, comedores, consultorios y demás servicios de gran necesidad, estas son las menos frecuentes y son realmente contadas aquellas que se dedican no solo gran parte de sus ingresos o ganancias a estas obras, sino el tiempo y trabajo de sus feligreses para apoyar la comunidad que las rodea y que tanto los necesita. Si todas las asociaciones religiosas tuvieran como requisito proveer de estos servicios como regla hacendaria, ocasionarían un cambio positivo enorme en las comunidades que las rodean.                                                                                                

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