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Después del terremoto

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Un mensaje por redes sociales me avisa del inminente desastre que ha ocurrido en la Ciudad de México y con una diferencia de 11 días con el temblor de 8.2 grados que sacudiera Oaxaca y Chiapas, el día 19 de septiembre será doblemente recordado en México. Hace 32 años un temblor con una escala de 8 grados destrozó la capital del país, ahora en el mismo día otro temblor con epicentro en Morelos, causa no menos daños que su similar en 1985.

Primero me comuniqué con familiares y amigos, algunos viven o realizaban actividades en el Centro Histórico, mi tía observó como se derrumbaba un edificio y algunos de los amigos que viven en el centro vivieron la sacudida en primer término. Fuera del morbo intenso dentro del cual les puedo escribir y que también circula en redes sociales sobre fotos e imágenes fuertes, quiero hablar en este espacio de QuéBusca sobre las acciones y como hemos logrado como población mantenernos unidos antes los desastres y que estos hechos sacan lo mejor y peor de nosotros.

En el temblor del 1985, como el que aconteció en los últimos días, se observa la poca capacidad que existe de nuestros gobernantes para responder ante los desastres, como siempre la población es la que responde, la que saca las garras para el rescate y ayuda; sin menospreciar el trabajo de cuerpos dedicados como los bomberos, protección civil, ejército y armada. Sin embargo, en la ciudad siempre ha respondido la comunidad.

Ahora todos los noticieros y medios se centran en la capital del país, pero ¿qué pasa con los estados que aún no se ha resuelto, ni han logrado recuperarse? Se observa la ayuda por todas partes para la capital, pero ¿qué pasa con las comunidades aisladas de los otros estados afectados?

No hay duda que existe una gran solidaridad, pero también no todo es bueno, hay registros de robo a casa habitación, asaltos; existe gente que utiliza la situación para aprovecharse, cuentas de banco falsas, ayuda falsa, alarmas falsas, así como un turismo del desastre, gente posteando de cómo ayuda por Facebook, selfies en medio del desastre...Como siempre el protagonismo.

No hay duda que las redes sociales han cambiado nuestra percepción acerca de las cosas, nuestra forma de comunicarnos. Se ha vuelto una herramienta indispensable, yo la he utilizado para conocer el estado de mis amigos y familiares, también ha dotado de una manera rápida de conocer la verdad, no hay duda que es un desastre natural pero ¿qué pasó con los edificios que se pasaron por alto y que tenían fallas estructurales desde el 85?

Sabíamos que iba a pasar, no sabíamos cuando, pero no es la primera vez. Yo viví en la colonia Roma, experimenté algunos temblores y quedaban huellas aún del 85. Algunos edificios se habían quedado en pie, pero no habían sido revisados a detalle, los bienes raíces encarecieron la Roma y nadie atendió aquello que se sabía de antemano que era un riesgo. Parece la clásica actitud de “mañana lo hacemos”, “al ratito”, “no creo que pase”. Se observaban esos edificios, podías vivir en ellos, recorrerlos, mirarlos, algunas veces pensamos “no quiero vivir un temblor aquí”. Ahora, fuera de la Ciudad de México observo en carne propia una escuela derrumbada, gente muerta y atrapada, aquellos edificios eran tumbas en pie, pero a nadie le importo; a nosotros, a la autoridad, a las bienes raíces.

También viene el circo mediático, una Frida Sofía que no existe, una televisora que muestra la otra cara; delegar y evitar las responsabilidades, dónde se sufrieron más daños, las mismas zonas que en 1985, una lección que no hemos aprendido. ¿Qué pasará? ¿Lo dejaran pasar por alto?

A pleno inicio de las campañas, un sexenio que nos ha lastimado como sociedad, ahora golpeados por el desastre natural, podemos decir y ahora recalcar que no hemos aprendido. Y aun falta tiempo por venir, desde este espacio me desahogo, sé que no estoy en la mejor posición y no soy el más activo, pero desde esta perspectiva podemos cambiar y ver que tenemos una gran respuesta como sociedad. Por una parte somos culpables por dejarlo pasar y no demandar, por dejar que los edificios permanecieran como fantasmas igual que la corrupción, pero a partir de hoy ¿hemos aprendido la lección?


Jorge Sánchez

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