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Béisbol, amor de mis amores

Tigres-béisbol-camisa

La semana pasada me preguntaron: “¿quién fue tu primer gran amor?”. Lo primero que llegó a mi mente fueron los Tigres. 

Sí, el equipo de béisbol. Ellos son mi primer y gran amor. 

En el año de 1997, mi papá contrató un plan para tener una línea móvil con Iusacell, compañía que era del entonces dueño de los Tigres, el Ing. Alejo Peralta. Con él, le regalaban ocho entradas para todos los partidos que se jugaran en el Parque del Seguro Social, el estadio con el ambiente más bello que he vivido jamás.

Nosotros éramos Pumas, futboleros, pero eran boletos gratis, y como decía mi abue: “a la gorra, ni quien le corra”. No sabíamos nada de béisbol pero igual fuimos. Mi papi lo propuso y yo acepté. Total, siempre me divierto en grande con él.

¿Han escuchado esas patrañas de ‘amor a primera vista’? Bueno, sí existe. Me pasó al entrar; la tienda, los niños, helados, nieves, trompetas, matracas, botanas, algodones, los mejores tacos de cochinita del ‘mundo mundial’, con su guacamolito y cebollitas... ¡y nada más y nada menos que el rey de los deportes!

Cuando llegamos a las gradas, mi papá me contó una historia muy fea: ese estadio había servido como anfiteatro cuando ocurrió el terremoto de 1985; los cadáveres eran agrupados en el campo para que la gente buscara a sus familiares. Como cuento de terror. Y ahí estábamos. Doce años después de la tragedia, disfrutando un partido de los Tigres.

Siempre he creído que los dioses del béisbol fueron los que me llevaron a mis preciosos Tigres justo en esa temporada. Tenían como entrenador a Dan Firova y contaban con un roster de lujo: Sergio Gastelum, Luis Polonia, Isidro Márquez, Iván Montalvo y Matías Carrillo, campeón como jugador y como entrenador, además de ser el líder histórico de los Tigres en Hits, dobles, home runs, bases robadas y RBI.

Yo estaba enamorada de Iván Montalvo. Recuerdo que los primeros playoffs fueron (si no mal recuerdo) contra Poza Rica. Mi papá me compró en la tienda del estadio el jersey de los Tigres con el número 8, de Montalvo. De hecho, es el jersey de la foto. El estadio era tan pequeño que se veía muy bien el dugout. Al percatarse Iván Montalvo de mi jersey, me señaló con el bat y me mandó un beso. Ya se imaginarán cómo me puse. Y así lo hizo cada que era su turno al bat; mi jugador tercera base volteaba, me señalaba y mandaba besito. 

En la final de la zona centro, se enfrentaron contra su eterno y más grande rival; el México rojo. Una final que no se daba desde 1966. Los diablos ganaron uno y mis Tigres se impusieron con cuatro. Déjenme compartirles un fragmento de la página oficial de los Tigres...

“(...) los Bombarderos de la Colonia Narvarte comenzarían derrotando ante un gran lleno a los rojos en el primer juego con una magistral labor del lanzador norteamericano Scott Lewis, quien apoyado por bambinazos de Matías Carrillo e Iván Montalvo consiguen una pizarra de 7-0. El segundo encuentro también se pintó de color felino con victoria de 4-2, siendo el pitcher ganador Daniel Garibay, con batazo de cuatro esquinas de parte de Julio Miguel Trapaga. (...) En los siguientes dos encuentros los Tigres encontrarían la gloria ganando Ernesto Barraza el 4º juego por 9-0, y el quinto Scott Lewis por 7-4. El Homenaje a Don Alejo Peralta estaba consumado. ¡TIGRES CAMPEÓN!”

¿Lo ven? ¡Qué clase de final!

Yo era Puma. Y si suman que además soy universitaria, se podrán percatar que también son mis amores. Pero tengo otros equipos de fútbol, como los merengues, el Bayern o la Juve. Con los Tigres es diferente. Para mí el béisbol es Tigres. ¡No hay más! Disfruto la serie mundial pero hasta ahí. 

A Tigres los amo como a nadie porque ir al estadio era algo de padre e hija. Y no sólo en mi caso. En México, el ambiente beisbolero es totalmente familiar. Y mi papi y yo creamos un vínculo muy difícil de romper. Por eso, la noticia de que Tigres iba a desaparecer nos rompió el alma. En serio, lloramos. Pero llegó nuestro héroe con capa beisbolera. ¡Gracias mi hermoso ‘Torito’ Valenzuela! ¡Te amamos!

Hoy me doy cuenta que amo el béisbol y amo a mis Tigres porque me han regalado los momentos más felices que he vivido junto a mi padre. Todas mis experiencias en ese estadio las viví a plenitud; disfruté cada sabor, olor y cada sonido junto a mi padre. Porque hasta el ruido de los batazos era increíble. Siempre recordaré con un suspiro y con cariño aquel primer hogar de mis Tigres, el único e inigualable Parque del Seguro Social.

¡Gracias Tigres! 

¡Te amo, papá!


Angie Tovar

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