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Ayudando a los adolescentes a pasar a la adultez

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Hoy como adulto repaso mi vida y no puedo evitar pensar, “¡que diantres estaba pasando!” durante la adolescencia. Cuando entramos en la adolescencia se genera una producción de hormonas que se apodera de nosotros por completo. Las palabras para describir un adolescente usualmente son: inconsistente, volátil, amargado, enojado, deprimido, hormonal, ingenuo e ignorantes. Si los adolescentes son “ignorantes”, me pregunto por qué los padres sólo les dicen esto, si ellos son los que deben enseñarle a sus hijos. Antes de dar por caso a los adolescentes diciendo que es la edad, que no saben lo que quieren y que ya pasará por qué mejor no les enseñamos lo que hubiéramos querido saber a esa edad, lo que es importante.

Se considera un adolescente a la persona que tiene entre los trece y dieciocho años, pero a los dieciocho ya son adultos. No existe un cumpleaños mágico a los dieciocho que hace que todos los adolescentes automáticamente se conviertan en adultos. Todas las herramientas que necesitan para ser adultos funcionales, las deben ir adquiriendo durante la adolescencia, pero los adultos somos fanáticos de esperar que los jóvenes y niños hagan todo como por arte de magia.

Seamos los maestros de vida que ellos necesitan. Sabemos que hay un millar de cosas que deben ir aprendiendo y es importante que se les enseñe y con nuestro sistema educativo parece que las escuelas no son el lugar adecuado para enseñarles eso. Hablo de educación y control emocional, que conozcan sus sentimientos, que aprendan a identificarlos. Después deben encontrar maneras sanas de canalizarlos, dónde y cómo expresar los sentimientos positivos y negativos. Los adolescentes sienten y experimentan TODO y nosotros sólo los culpamos por no saber controlarse. En lugar de eso, enseñémosles cómo hacerlo.

Después, les pedimos que hagan todo solos. Los padres siempre les han hecho comida, limpiado la casa y su habitación, dado dinero, pero cuando cumplen dieciocho queremos que sepan cómo hacer estas cosas. ¿Por qué no mejor les enseñamos a cocinar poco a poco?, les asignamos tareas en casa de acuerdo a su edad y capacidades y les damos la mesada a cambio de trabajo justo y en colaboración con la familia y el hogar o el vecindario (dinero por lavar el coche, limpiar el jardín, pasear los perros de los vecinos, etc.).

Cuantos hemos escuchado cuando éramos niños; “tú silencio”, “tu no opinas”, “aquí se hace lo que yo digo” y los enseñamos a guardar silencio y esperar instrucciones. Entonces al llegar el día de la universidad o su primer día de trabajo. ¿Dónde queda la iniciativa y la participación? Mejor enseñémosles las críticas constructivas, las opiniones para mejorar o agilizar (tú vas por mi hermano y yo limpio la sala). Con esto les damos el sentido de pertenencia a un hogar y una comunión que se transformará en una sociedad. Con esta misma actitud de permitirles pensar por sí mismos y participar los ayudamos con la toma de decisiones. Comienzan a pensar que si limpian la sala, ahora tendrán después más tiempo para salir a tomar un café con los amigos.

Por último, están el sin fin de trámites y papeleos que deben realizar, credenciales, pasaporte, contratos de trabajo y de renta, pago de servicios, seguros, entre muchas otras cosas. ¿En qué momentos se les enseña a los jóvenes a ir al banco y tramitar una cuenta, pedir trabajo y crear un currículo, donde se encuentran y para qué son las dependencias de gobierno? Estoy segura que en la escuela no aprendí eso. Como adultos nos corresponde guiarlos en esto también, informarlos y asesorarlos para que después no pierdan tiempo o cometan errores que pueden evitar.

Los adultos somos buenos para justificar lo que hacemos y lo que hacen los menores. Nosotros somos los responsables, si somos los inteligente, maduros y compuestos que decimos ser hay que demostrarlo y asumir nuestras responsabilidades. Ayudemos a los adolescentes a ser mejores adultos que nosotros. 


Catalina

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