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Las muertes más absurdas

ángel-estatua del cementerio

Hola a todos, soy Dann (aún no me acerco lo suficiente a una serpiente altamente venenosa, así que sigo escribiendo). La muerte es algo que, a lo largo de la historia de la humanidad, ha generado un miedo insondable y que a veces nos quita el sueño. Cuándo, cómo y de qué manera moriremos es algo que toda persona se ha preguntado al menos una vez en su vida. Sin embargo, cuando se trata de la realidad, la vida a veces nos juega malas pasadas y en la muerte no es la excepción. Es por eso que hoy, en honor a todas las personas que temen morir, les vengo a platicar sobre las muertes más absurdas. Prepárense (porque yo no lo estoy).

Hans Steininger fue un austriaco que aún conserva el récord Guiness por poseer la barba más larga, con sus 1.40m. Se sabe que Hans dedicaba gran parte de su día a cuidar su barba (pues era su preciosa), y generalmente debía enrollarla para que no ocurrieran accidentes. Un día de tantos, en el año 1567, hubo un incendio en la ciudad de Hans y éste, al intentar huir del siniestro, tropezó con su barba y bueno, se rompió el cuello.

El rey de Suecia Adolfo Federico comió hasta reventar…bueno, casi. En 1771 murió debido a un problema digestivo generado por atragantarse en un gran banquete y es que, parecía que absorbía la comida en vez de disfrutarla. Su última cena consistió en: langosta, caviar, chucrut (que consiste en col blanca que es fermentada con vinagre y especies, además de ser acompañada principalmente con carne o embutido de cerdo), sopa de repollo, ciervo, champán y, ¡catorce platos de postre!

Bobby Leach era un temerario. Fue conocido porque en 1911 sobrevivió a una caída en barril por las cataratas del Niágara. Pero nadie hubiera imaginado que moriría de una manera tan curiosa: iba caminando felizmente por una calle de Nueva Zelanda, cuando resbaló con una cáscara de naranja. No, no murió por la caída, se rompió la pierna y fue tan grave que tuvo que ser amputada. Murió por complicaciones de la cirugía.

Isadora Duncan era considerada por muchas personas como la madre de la danza moderna. A ella le encantaba una bufanda muy larga que, en un viaje en automóvil, se atoró en la rueda. Isadora fue azotada al suelo y arrastrada por algunos metros. Murió instantáneamente. No usen bufandas largas, por favor.

David Grundman y un compañero suyo decidieron en 1982 que no existía una mejor manera de deshacerse de su aburrimiento que ir a dispararles a cactus en el desierto. Primero, le dispararon a un cactus pequeño y en sus mentes, al ver destrozado aquel organismo, todo parecía un éxito. Por eso, David decidió lanzarse rápidamente a las grandes ligas y le disparó a un cactus de más de 7 metros de largo y, quizá con más de 100 años de longevidad. Una parte del cactus cayó encima de David. Sin comentarios.

Yoolek Paen era una mujer tailandesa que en 1991 iba campantemente caminando por su granja y resbaló con excremento de vaca y se agarró de la cerca eléctrica que limitaba a la granja; murió, evidentemente. Eso no es la parte graciosa, sino que su hermana, después del funeral de Yooket, les mostraba cómo es que había muerto su hermana y bueno, espero que les hayan hecho un descuento de 2x1 en la funeraria.

En 1993, un abogado de Toronto cayó del Toronto-Dominion Centre para demostrar que las ventanas no se podían romper. Y a decir verdad, tenía razón. La ventana no se rompió, sino que el impacto fue tan grande que la ventana se zafó. Fue un precio algo alto con tal de demostrar tu argumento.

Esquilo fue el creador de la tragedia griega y fue escritor de más de 900 obras (supuestamente, aunque sólo se conservan siete). Su muerte fue también una tragedia. Se dice que él estaba en el bosque pensando y le cayó una tortuga del cielo. En efecto, una tortuga. ¿Qué probabilidad hay de que pase eso? En fin, se supone que un águila había cazado a la tortuga y la dejó caer sobre una piedra para romper su caparazón.

Sin duda, la vida es una fiesta y la muerte, al parecer también. Espero hayas disfrutado el artículo. Yo soy Dann y espero que me leas una próxima vez…Si es que no mueres por comer tanto.


Daniel Díaz Hernández

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