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Lo que la gente debería saber sobre el cabaret

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Son al menos cuatro los años que llevo aprendiendo sobre el cabaret y conforme pasa el tiempo sólo me sorprendo más de los alcances que tiene y la falta de perspectiva que hay alrededor de él. Como en otras experiencias de mi vida, el acercamiento que tuve al cabaret fue genuino y sin prejuicios, pero no así el de las personas a mi alrededor. La primera en hablar al respecto fue mi madre, pero hasta la fecha sigue pasando que me encuentro con gente que cree que el cabaret sólo considera al burlesque y nada más.

Drama, flexibilidad y reflección

Generalizar la palabra cabaret con un único tipo de espectáculo que llegó a ofertarse en los primeros lugares con ese adjetivo es bastante pobre y lamentable desde mi perspectiva. Las personas que piensan que el cabaret sólo se trata del lugar al que se acude para presenciar actos de striptease es una equivocación y una estrechez del panorama. El cabaret, no como lugar sino como género dramático, contempla la cuestión a lo establecido y es el dedo en la llaga que de un modo u otro nos saca una risa dolorosa: llega hasta lo más profundo de los problemas que nos aquejan, personal o socialmente hablando, y nos ayuda a aceptarlos.

Si no me creen, basta con que vean alguna de las obras de cabaret que se presentan en la ciudad de México, cuya cartelera es además basta. Pero eso no es lo mejor del cabaret, al menos no para mí. Y es que lo que sucede con el cabaret es que no tiene una forma estricta y delimitada sino que es flexible y maleable; ya sea que se acerque más a una farsa o al formato del café-concert, el cabaret siempre cumple con la función de hacernos reflexionar a la vez que reír y nunca conduce al hartazgo o fastidio, todo lo contrario.

Creatividad y adicción

El cabaret causa adicción a los que nos vimos sumidos en la desilusión más profunda después de enfrentarnos a la realidad y logra reconciliarnos con el mundo sin que eso signifique resignarnos a la situación. De algún modo que todavía no logro descifrar, el cabaret pareciera darle ánimos e impulso al espíritu contestatario y necio que no se da por vencido ni acepta que el mundo siga sumido en las mismas injusticias de siempre.

Además, el cabaret es un género que invita a la creación porque, al no tener esquemas rígidos, no intimida como el teatro clásico. Ver cabaret es transformarse desde el interior y permite expresar la emoción auténtica y profunda que conecta la risa con el dolor. Muestra las carencias y los sinsabores con una delicadeza exquisita y al mismo tiempo con la firmeza suficiente como para aceptar aquello que de otro modo nos negamos a observar.

Sexualidad

Y si retomáramos lo que todos conocen del cabaret, el burlesque, ¿qué pasaría? La verdad es que tampoco nos dejaría con un panorama plano o pobre porque permite un encuentro con un aspectos fundamental de nuestra vida sin pudor y sin tapujos: la sexualidad. El burlesque descubre el lado animal que tenemos de un modo casi mágico: el desnudo dialoga con la mente del espectador y camina lentamente por el sendero de la sensualidad. Un espectáculo burlesque es el punto de encuentro en el que el erotismo fluye como si fuera un río deslizándose sobre las rocas.

Indudablemente el teatro cabaret está relacionado con otras manifestaciones y espectáculos, pero su relación con el burlesque va más allá del simple hecho de que hayan compartido escenario: ambas manifestaciones nos enfrentan con verdades incómodas de la política y la vida personal. Hoy en día la sexualidad es un aspecto de la vida a la que aún tememos y en cuando a lo otro, muchas veces negamos que tengamos inferencia dentro del campo político, olvidándonos de que somos innegablemente animales políticos.

En resumidas cuentas, el cabaret es la fuente que concilia lo que negamos y a través de ella bebemos el trago amargo y necesario que cambia nuestra forma de pensar y de vivir; no sé si se necesiten más motivos, pero para mí éstas son suficientes razones para alzar la voz y decir: ¡Larga vida al cabaret!


Elisa E.

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