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La relación entre hermanos

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Los hermanos. ¿Cuántos significados, connotados y denotados, no evoca esa palabra? Cualquiera que haya tenido y crecido con hermanos sabrá de antemano que tener a ese familiar en particular implica una experiencia única. En este artículo vamos a tratar de explorar este lazo familiar tan especial, complejo e irrepetible en toda la vida.

Para empezar, un hermano es una persona que, al igual que al resto de tu familia, tú no escoges, sino que se te designa por azares del destino —y por las calenturas de tus padres, claro está—. Y esto implica una cosa: aprender a convivir.

Esto en ocasiones se da fácilmente entre los hermanos, sin embargo, hay otras veces en que las relaciones fraternales no son tan buenas. Puede haber envidias por un juguete, existir conflicto y duelo por la atención de los padres, o mil otras causas pueden producir problemas de gran impacto en la relación de ambos.

Aquí es muy importante destacar el papel de los padres, pues sin estas figuras de autoridad como mediadores, es posible que estos conflictos se prolonguen, e incluso lleguen a persistir durante la adultez. Los padres, pues, tienen la obligación de hacer que los hermanos lleguen a acuerdos y puntos de encuentro.

Así, conforme vas creciendo, vas viviendo experiencias distintas que te hacen convertirte en una persona completamente distinta a la que eras durante la infancia. Y a la par que vas atravesando las diferentes etapas de tu vida, tu hermano (o hermanos) te acompañan en esa travesía.

Pasas a la adolescencia, atraviesas una inmensidad de cambios en tu cuerpo, en tu mente, en tu forma de ser, de pensar y actuar, y te enfrentas a una infinidad de confusiones e incertidumbres que te pueden dejar tambaleando. Sin embargo, ahí también puedes contar con la mano amiga de tu hermano.

Y es que, a la larga, después de compartir tanto con una persona, después de vivir miles de días con la misma persona, terminas dándote cuenta de que tu hermano eres tú, y tú eres tu hermano. Claro que los dos tienen sus diferencias, pero como sucede con todas las relaciones sociales y los procesos identitarios, el otro nos forma como nosotros formamos al otro, en una relación dialéctica: somos espejos uno del otro, y comprenderlo trae a cualquier existencia un bienestar inmenso, porque nos demuestra que no estamos solos, sino que tenemos alguien a quien podemos acudir, y con quien podemos afrontar los retos que la vida nos va presentando conforme pasa el imparable tiempo.

Quizás por eso es tan especial el vínculo que se forma con los hermanos, pues son esas personas que, lo quieras o no, persisten y duran para toda la vida, aun a pesar de los ires y venires tan caóticos que a veces la vida nos presenta enfrente. Los hermanos son la prueba de que se puede luchar contra el paso de los años, son la prueba de que la amistad puede durar toda una vida.

Y claro, también están esas otras personas que, sin lazos de sangre o familiares que les impongan el término, terminan ganándose la denominación de hermano por sus acciones, por su lealtad, su compañía o su amistad. A esos les llamamos amigos, que son los hermanos que sí podemos escoger.

Este tipo de hermanos suelen formarse también desde la infancia. Pueden crearse estos lazos a partir de un encuentro con el vecino, quien sale a jugar fútbol contigo durante las tardes del verano. También se pueden formar en uno de los ambientes donde los amigos abundan y brotan como flores en primavera: la escuela.

Sea de donde vengan, los mejores amigos y los hermanos tienen mucho en común. Son personas que nos entiende, que nos quieren a pesar de nuestras infinitas contradicciones, imperfecciones y defectos. Son además personas a las que podemos acudir a contarles nuestros problemas, son familia que está dispuesta a dar un poco más de sí con tal de ayudarte o hacerte sentir mejor.

En este mundo caótico, globalizado y mercantilizado, los hermanos deben ocupar siempre un lugar especial en nuestra vida. Porque los años pasarán, los amores se irán y vendrán otros, pero los hermanos, los mejores amigos (que también son hermanos) y la familia, son quienes siempre permanecerán con nosotros, acompañándonos y brindándonos su apoyo en los momentos más felices, pero también, en los momentos más felices y plenos.

Así que ya sabes, aprecia a tu hermano, porque llegará un día en el que voltearás a ver esas fotos viejas en las carpetas viejas de tu computadora, y te darás cuenta de que sólo la sonrisa de tus hermanos ha durado después de tantas experiencias, cicatrices y momentos. 


Dogo Filósofo

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