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Mujeres y esas horas del vodka

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A esas horas del vodka pocas mujeres no resultan impresionantes. Ves figuras alargadas, redondas, verticales, dando tumbos por la banqueta después de una noche de luces; flacas hasta el cansancio o como árboles que no soportan sus mangos. Desde lejos alcanzas a imaginar el sabor de sus labiales, y entre sus grandes o breves corazones que vibran de un lado a otro mientras caminan, piensas en las cajitas donde guardan sus polvos, sus brillos minerales y sus perfumes. ¿Qué tanto habrá en un tocador como el de ésa que va flotando por ahí? No te queda otra que pensar en el cuarto donde duerme, en el estampado de las cobijas en las que se enreda justo antes de empezar a soñar. ¿Estarás alguna vez en sus sueños?

¿Qué decir cuando por un golpe de suerte una cae en la palma de tu mano? La tienes tan cerca que tu mirada se agranda; recostado igual que sobre la bandera de tu patria, miras en ella una ciudad sin época que te encamina a diminutos comedores llenos de carne insólita. Esta que se acerca ve que la miras y un gesto de falsos modales te hace voltear a otra parte; pero sabes que hay que arroparlas entre las pestañas, porque sin duda pronto llegará el festejo de nuestra muerte y no queremos irnos con los ojos vacíos. Ellas se llenan tanto que el mundo se siente hueco, aunque estén desoladas o sonrientes.

Hay una hora del día en que se tensan en sí mismas hasta que te quiebran, y ya quebrado, echado en la cama, tocan tu cara y preguntan ¿qué sucede? Sientes lo que sucede, pero ya no tiene caso decirlo. Ahora, sentado en esta banca e inflado de vodka, buscas en los cajones y recuerdas; te inflas más del recuerdo que del vodka. ¡Cuánta historia cabe en una sola de ellas! Y además sonríen, se aplastan contra ti, te miran a los ojos, se carcajean y de pronto una lluvia privada las empapa y entristece.

En tu condición de borracho, verlas pasar es un privilegio y una herida. En otro tiempo, la frecuencia era un bien subestimado e indistinguible. La seguridad que tenías antes te hace pensar en todo lo que no viste con la debida atención, por creerlo una materia fácil, una recámara a la que podías acceder con tu llave única. Largos atardeceres de rojas sábanas en el cielo. Besos de piquito sentados en la arena de playa, que cunden la escena ahora que no los tienes, ahora que estás lejos, sentado en la banca.

Ni siquiera reconoces algunos rasgos. Los encuentras atractivos pero impuestos. ¿No eran impuestos los otros? Sí, pero estabas en tu tiempo; caminando a la par de ellos. Una ridiculez, ambos casos, del tamaño de una catedral. Y mientras tanto el vodka sigue hirviendo dentro de ti a estas horas, y en ellas, que alzan el brazo para pedir un taxi, o se acurrucan en la oscuridad de aquel árbol de la noche para vomitar las canciones de moda.


Cochito de Balandra

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Comments

Melissa Martha Mora     27 October 2017

Si uno por favor que hoy es viernes.

Alicia Carolina Zazueta Lucio     25 October 2017

Si por favor un vodka con hielos y jugo de naranja.

Deborah J. Albarado     24 October 2017

Yo no soy mucho de Vodka pero tal vez con un poco de jugo de naranja me tome uno o dos.

Sierra Lojan Donaldson     23 October 2017

Yo prefiero el tequila, pero saborearlo y pasar bien el momento.

Mercedes Marquez Manota     23 October 2017

La verdad si me gusta el vodka, pero no tanto como para emborracharme así, la bebida es algo que se debe disfrutar en una ocasión de fiesta o en un evento importante, pienso que si te gusta emborracharte seguido y ponerte hasta tras, eso significa que tienes problemas con el alcohol.