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El dilema de la vaquita marina

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Cuando escuché que Leonardo Di Caprio fue a visitar a Peña Nieto, con la finalidad de exigirle al gobierno mexicano que invierta más dinero en salvar a la vaquita marina, en vez de sentir gusto, sentí tristeza y un poco de enojo. Tuve que entrar en debates bioéticos conmigo mismo. ¿En realidad la vaquita marina tiene salvación, con una población de 30 (o menos) individuos?

Primero, un poco de biología. La vaquita marina -Phoconena sinus-, es uno de los cetáceos más pequeños del mundo; además es endémico de México y puede medir 150cm y pesar 50 kg. Habita aguas someras, pocas veces nadan a más de 30 m de profundidad, y solamente se les encuentra entre el golfo de California y el mar de Cortés. Aunque en el 2015 había aproximadamente 97 vaquitas marinas, población ya muy pequeña, en 2017 la población se redujo hasta 30 individuos, por lo que se podría considerar prácticamente extinta.

Ahora bien, si desde hace dos años ya se tenían menos de cien ejemplares cuando Peña Nieto anunció el programa para rescatar a las vaquitas marinas, siguen siendo muy pocos para mantener una población genéticamente saludable y que no caigan en problemas como la endogamia, ¿cómo puede ser posible que, aun con un programa de protección, actualmente haya menos vaquitas?

Bueno, en realidad no es difícil de imaginar. Lo que le ha sucedido a la vaquita marina ha sido la consecuencia producto de actividades antropogénicas. Esto no viene desde este sexenio o el de Calderón, esta defaunación ha sido provocada durante mucho tiempo. Inclusive siglos atrás. No se trata de “hacer” un programa, inyectando millones de pesos a una causa perdida, de los cuales, quién sabe cuántos son los que realmente se dieron como apoyo a la vaquita marina y cuántos fueron a parar a otros bolsillos. La vaquita marina está extinta. La hemos exterminado. Y solamente le prestamos atención porque es una especie carismática. Hemos extinto sinfín de especies a lo largo y ancho de todo el planeta y en vez de invertir dinero en rehabilitar y restaurar ecosistemas, hábitats, comunidades, paisajes, etc., lo que hacemos en cambio es sólo invertir en especies bonitas; como por ejemplo el panda, especies que nunca serán más importantes biológicamente hablando que los sistemas antes mencionados.

¿Cómo intentas proteger a una especie si estás acabando con su hábitat? ¿Realmente carecemos de sentido común? ¿De qué te sirve tener animales en los zoológicos si no hay un lugar donde puedan desarrollarse libremente porque los hemos destruido?

La extinción de especies no se da de la noche a la mañana. Tuvimos mucho tiempo para salvar a la vaquita marina. No sirve de nada hacerlo cuando quedan 30 individuos. Que esto sirva de reflexión sobre uno de los cientos de problemas que tenemos como humanidad. Estamos en el antropoceno y bajo la mentalidad colectiva de que “no hay nada más grande, poderoso, e inteligente que nosotros”. Y hemos vivido durante milenios pensando eso. El punto crucial es que dependemos de las demás especies, dependemos de los ecosistemas y sus bienes y recursos. Nos estamos matando, con el ego por encima de la razón.

Yo soy Dann y espero te haya hecho pensar. Si te gustó, dale like y compártelo. Espero que me leas una próxima vez… si es que no nos extinguimos antes.


Daniel Díaz Hernández

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Comments

Sarahí Hernández     21 July 2017

Tampoco creo que con millones de pesos se pueda salvar a la vaquita marina, no en estos momentos cuando solo quedan 30 ejemplares, obviamente ocurrirá la endogamia