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Celos

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Después de haberlos experimentado en relaciones anteriores, un amante puede sentirse orgulloso de estar al margen de ellos, si lo que quiere es andar flotando en su relación, como un ave que pesca sobrevolando el lago, sin apenas mojarse el pico entre presa y presa.

En mi caso, se trata de uno de los sentimientos que más me hunden y ponen a prueba mi capacidad de guardar silencio. Es complicado guardar silencio por tiempo prolongado cuando uno, de pronto, está lleno de celos. Hay una clase de silencios, que seguramente reconocerán cuando se presenten, que son un grito ahogado, un reclamo. El celoso debe guardarse de esta clase de comportamiento si lo que quiere es salir con un saldo más o menos blanco, de un episodio de celos.

Por ahora no nos detendremos en saber si los celos están bien fundados o no. Observemos, mejor, la sensación y la consecuencia. Por lo regular, si somos muy celosos, los celos se adueñan de nosotros y nos hacen cometer idioteces de las que nos arrepentimos, y que nos arrepentimos doblemente cuando nos damos cuenta que son un reflejo de nuestra debilidad, una prueba de lo ansiosos que estamos, como un adicto que sólo inspira lástima alrededor de los suyos.

En circunstancias extremas, por celos somos capaces de golpear o conseguir una pistola de dudosa procedencia, para pegarle un tiro al objeto de nuestro deseo –este mes ha habido dos casos videograbados. En otras ocasiones sólo quedamos en ridículo en una fiesta (en una boda, por ejemplo, o en un bar) para echar a perder otra noche, otra de las noches que hasta el momento eran agradables y que por una interpretación de nuestra mente drogadicta de celos, hemos convertido en una porquería.

Hasta el fin de semana pasado, ya hacía tiempo que no aparecían los demonios de los celos en mí. Había estado, como dije antes, sobrevolando el lago sin apenas mojarme el pico. Sumergido en los gustos y beneficios, pero al margen siempre de los tropiezos, de las piezas que se atoran en la maquinaria de las relaciones.

¡Qué fertilidad hay en los celos para aquellos que quisieran escribir historias! Un vaso en la habitación tal vez tenga que ver con el comentario de hace unos días; ¿por qué me preguntó sobre tal tema? Nunca me había hablado de mate, ¿estará viendo a un argentino? ¿Le preguntaré el nombre del amigo, o más vale que me quede callado? ¿Cuál amigo? El nombre me dejará condenado, puesto que quedará grabado en mí y cada vez que surja una historia de un tal Carlos, por ejemplo, o Gabriel, volverá el ovillo a desenrollarse en el insufrible hilo de relatos que provocan los celos.

Mañana me despierto muy temprano y miro desde un punto estratégico la entrada de su casa. Quiero ver el momento justo en que se despiden y se dan un beso. Tal vez salga sola, pero me quedaré esperando a que el otro salga pasados quince minutos, media hora o una hora entera. Si los veo saliendo juntos a las siete de la mañana, ¿qué será mejor? ¿encararlos ahí mismo para que no quepa duda, o esperar y observar su comportamiento, sus frases, sus gestos de cariño, sus mensajes y llamadas, para acariciar su mentira?

De otra forma, es decir, si no sigo dándole de comer a mis celos, si los soporto hasta que mueran de hambre mientras yo muero un poco con ellos ¿qué me queda? ¿Cuando vaya a su casa, sus compañeras de piso estarán ocultando que el fin de semana hubo un intruso, un invitado secreto? ¿Qué gesto en su amiga Eva brillará como una fogata repentina en el bosque nocturno, para encajarme en el estómago el maleficio de la duda?

Pero me tranquilizo, contra todo pronóstico y tomo un libro no leído. Es una novela. Y sonríen mis celos, me mal aconsejan, me cuentan historias, historias que están armadas con pedazos de hechos verificables que por sí mismos no significan mucho, pero que armados como los armo en mis celos son todo un plan, una conjetura sustentada.

Hay que sobrevivir el fin de semana, me digo; solo, arropado, sin ánimo de comprobar ni preguntar nada, ni mencionar nada, ni callarme demasiado. Hay que leer la novela, y luego otra. Al final, no se trata de ella. No se trata del engaño potencial, sino de salir victorioso, de vencer a los celos, al menos durante un fin de semana y comenzar luego la semana con mínimas observaciones, las menores posibles, ninguna, aunque sea inevitable mirar cómo a reacomodado algunos objetos en su habitación, y preguntar qué comió ayer, con un ánimo nada saludable.


Cochito de Balandra

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Comments

Cochito de Balandra     4 July 2017

Muchas gracias Nadyelionw

Nadyeli     29 June 2017

Wow, me pareció realmente interesante ver todo desde los ojos del celoso, es como una adicción, estar consciente de que no es algo bueno pero no poder evitarlo. En fin, me gustó!