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Cómo pasé de ser carnívora a vegana

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En México la mayoría de las personas están acostumbradas a comer carne; en el pasado, si no había carne en la mesa no era comida, si llegabas a casa y tu madre sólo había hecho arroz y verduras, sentías que no habías comido nada, incluso yo recuerdo que a veces sólo me comía la carne y dejaba todos los vegetales pero no me regañaban, mientras comiera la proteína de la carne estaba bien para mis padres.

Debo decir que yo solía ser de aquellos niños que amaban comer carne a pesar de que adoraba a los animales; no tenía aún una conciencia desarrollada en cuanto a todo el maltrato animal que existe para que la carne llegue a la mesa. Comía de todo: quesadillas de chicharrón, tacos de tripas, milanesas de pollo, hamburguesas de res y cualquier tipo de comida mexicana que me pusieran en la mesa. Sin embargo, al ir creciendo, comencé a darme cuenta del terrible maltrato que sufren los animales para convertirse en comida, empecé a tener una visión más amplia de lo que implica el sufrimiento animal, aunque aun así, me era difícil dejar por completo la carne, comía menos pero me sentía muy culpable al hacerlo.

Conforme fui creciendo, empecé a enfermar: tenía dolores abdominales y mi digestión era pésima, había ido con muchos doctores, pero siempre era lo mismo y no mejoraba. Estaba cansada del dolor, así que me decidí a ir con un hombre que sabe de hierbas y medicina prehispánica; mi primer tratamiento con él fue una tortura a decir verdad, debía tener una dieta estrictamente vegana y tomar muchas hierbas, sin embargo el dolor era tanto que la hice al pie de la letra sin chistar.

Ha sido de las mejores decisiones que he tomado en mi vida, los dolores su fueron, mi digestión cambió completamente de pésima a buena y recuperé mi peso normal; a partir de eso decidí hacerme vegana, aunque francamente yo detestaba cocinar, así que la comida vegana que preparaba era bastante sencilla y aburrida. Con el tiempo aprendí a cocinar y todo cambió, buscaba recetas veganas en internet y descubrí muchísima comida deliciosa: desde comida mexicana hasta pasteles llenos de betún engordador, fue entonces cuando me enamoré mucho más de llevar una vida vegana.

Ahora bien, muchos defensores de comer carne se preguntan de dónde conseguimos las proteínas, pero puedo decirles que hay vegetales con porcentajes mayores de proteína que la misma carne: como la espinaca, la cual aporta 49% de proteína, cuando la carne de res sólo te aporta un 23% de proteína, el kale o col rizada, el brócoli, la coliflor, los champiñones, el perejil, el pimiento, el pepino, la col, el jitomate, entre otros muchos vegetales. En fin, sabiendo combinar los grupos de alimentos, (frutas, oleaginosas, cereales, leguminosas y verduras) y sabiendo a qué hora comerlos, puedes llevar una vida completamente sana y libre de maltrato animal.

Una de las cosas que me dice siempre mi querido hombre de las hierbas, y que a mi parecer tiene mucha lógica, es: “Cuando algo o alguien muere, ¿qué es lo que hacemos con ese cadáver?, pues obviamente es enterrado o cremado, ¿no es así?, entonces ¿por qué los humanos insisten en enterrar los cadáveres de los animales en su propio cuerpo para que se descompongan dentro de ellos?.”

Personalmente creo que tiene mucho sentido ésta forma de pensamiento, además de que los vegetales los podemos cultivar hasta en nuestra propia casa, lo cual reduce gastos y está al alcance de cualquiera. La cocina vegana es deliciosa, barata, tiene el mismo grado de dificultad que la cocina con carne y evita el dolor innecesario de nuestros hermanos sin voz.

A mí me ha funcionado muy bien dejar de comer cadáveres, llevar una vida vegana me ha hecho feliz y saludable. De cualquier manera, cada quien es libre de elegir lo que le parezca más conveniente para sí mismo de acuerdo a su conciencia y estilo de vida. Si he despertado tu curiosidad, hay miles de páginas veganas en internet donde puedes entrar a buscar recetas paso por paso para ver las delicias que podrías estar comiendo ahora sin maltrato animal: desde una pizza hasta pastel.

 Bon appetit!


S. Montferrat

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