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La muerte de la clase media: El entierro de la educación

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En esta tercera entrada de la serie, se expone el estado de aquello a lo que tantos apelarían para confrontar la precaria situación del arte y el espíritu clasemedieros: la educación, panacea de los pueblos retrasados y tercermundistas. La educación, que tanto promete transformar conciencias y sociedades, que pretende desde hace tiempo liberar a los oprimidos del yugo de su propia ignorancia (el mayor de todos los males), que es enarbolada por cada político en campaña como medida para sacar a la “gente" adelante.

Hay quienes dirán que el propósito de la educación es emancipar al educando de su propia ignorancia, en un trabajo que toma toda la vida. Otros dirán que la educación debe servir al fin de ayudar a generar un bienestar común para el pueblo, en una concepción más socialista y menos individualista. En ambas, sin embargo, la educación debe ser agresiva, confrontacional y debe generar un estado de constante incomodidad con los conocimientos presentes.

A estas alturas, quede en claro que no estamos identificando "educación" con "sistema educativo avalado por el estado", pues la educación se puede dar tanto dentro de la escuela como fuera de la misma. Sin embargo, abordaremos principalmente los problemas que sufre el sistema educativo avalado por el estado en tanto que es el elemento que se encuentra subordinado a los intereses de la clase política-empresarial, esa clase quimérica que tiene al país en el estado tan lamentable en que lo encontramos al salir por la puerta.

Aquí se podría pensar que son los políticos, los profesores y hasta la señora que atiende la cooperativa quienes han degradado las escuelas, pero no los empresarios. No nuestros amados empresarios, que arriesgan su patrimonio para darnos empleo, quienes invierten en en nuestro país creando mejores condiciones de vida, aquellos filántropos que el otro día inauguraron un bebedero, que luego dedujeron de impuestos, por supuesto. Una observación que sería válida si no fuese el caso de que las currículas universitarias son consultadas con las grandes empresas en cada estado para saber qué habilidades y conocimientos requieren sus alumnos para egresar y trabajar para las mismas. Así, las empresas cooperan para moldear a los alumnos de las universidades, a sus futuros empleados.

¿Y adivinen qué tipo de habilidades no le sirven a una empresa que busca que de las universidades salgan asalariados? Por supuesto, habilidades de reflexión, pensamiento crítico y organización social. Vale menos todavía soñar con que lleguen alguna vez a promover una educación cívica dentro de las escuelas. Imagínense el problema que surgiría para nuestros empresarios si la gente empezara a organizarse para no venderles el país, si la gente criticara sus prácticas de subcontratación, si sus empleados no se dejaran tratar como piezas intercambiables en su enorme máquina de producción de dinero. Así, la codicia de unos pocos moldea esos contados espacios de "educación superior", de modo que no contribuyan a los intereses del individuo ni de la sociedad, sino del capital.

Nada menos difícil de ver, cuando en numerosas escuelas se llena la currícula con materias de relleno. Claro, ¿para qué exigir que tu empleado aprenda de epistemología, política, filosofía y/o responsabilidad social cuando puedes atestar su carrera con materias como Inteligencia Emocional, Emprendedurismo o Coaching? ¡Qué conveniente, tener puros empleados felices en contacto con sus emociones! ¡Vaya maravilla, tener a un montón de monigotes encantados con culpar de sus problemas a su manera tan pesimista de ver el mundo y no al mundo mismo! ¡Jefe del año, aquel que mandó a sus empleados a una secta, un curso de Bioneuroemoción para ser violentado para que lo ayuden a ser un líder!

Nos angustia la situación. La clase media no está agónica. Está muerta. Lo hemos visto con claridad. Sin arte que mueva su alma, no osará mover el mundo exterior. No tiene espíritu (pero sí Netflix) y la podemos ver zombificada, en una rutina de trabajo → gimnasio → Netflix → repetir (y unas cheves el fin de semana). Y cuando su mejor frente se encuentra bajo el control de aquellos que se benefician de tener al clase-mediero en esta condición, nos vemos ante la necesidad de denunciar por todo medio posible que nos han formado mediocres en nuestra mayoría. Claro, aquello que muere puede renacer. Pero de momento, parece que hemos optado por pudrirnos. En silencio. Con tierra en nuestros rostros y flores prontas a marchitarse en el pecho.


Dogo Filósofo

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Comments

Miriam Juana Hernández Gerena     9 November 2017

Esto no acabara pronto.

Arturo Vega Estrada     9 November 2017

cada vez vamos de mal en peor.

Alison Ruigomez Bellera     7 November 2017

Solo hay ahora la clase pobre y la de los políticos.

Deborah J. Albarado     7 November 2017

Todos sabemos esto pero no hacemos nada para solucionarlo, nos seguimos dejando que abusen de nosotros.

Mercedes Marquez Manota     6 November 2017

Esto es algo que ya se veía venir, pero nadie hace nada para evitarlo.

Laura Patricia Mateo Rojo     3 November 2017

Nunca es tarde si el pueblo se uniera para hacer algo al respecto, pero solo nos quejamos y seguimos dejando que todo esto siga.

Marta Eugenia Baldero Enjuanes     3 November 2017

Ya es muy tarde. Peña Nieto ya fregó al país con su reformas inútiles para llenar su bolsillos o la de sus amigos. Vendió al país por centavos. La reforma energética no sirve, yo estoy pagando mucho más por luz que nunca antes.

Melissa Martha Mora     3 November 2017

Muy cierto todo, nos quejamos pero no hacemos nada al respecto.