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La muerte de la clase media: El velo(rio) del arte

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La clase media se encuentra en una situación de crisis de identidad sin saberlo. Le han arrebatado tantos aspectos de la misma que resulta difícil exhibirlos todos a detalle en un sólo artículo. Es por eso que en esta serie pretendemos exponer los crímenes contra diversos componentes de su cultura. En esta primera entrega discutiremos el asalto contra las artes más consumidas por los clase-medieros y los efectos del mismo.

De inicio, cabe establecer algo: la clase media no suele consumir todos los tipos de arte que hay. Si nos vamos por las estereotípicas “bellas artes”, serían dos las que consume principalmente nuestro sujeto: el cine y la música. Otras tienen su audiencia (tales como la danza, la literatura o la pintura), pero es mucho más normalizado que se consuman éstas casi a diario. No discutiremos aquí por qué es así, pues no es el objeto de este texto el develar las razones por las cuales la gente tiene preferencia por ciertos tipos de estímulos o experiencias estéticas. Baste por el momento con establecer que son las artes a las que más se acerca la gente de esta condición y que por ello nos enfocaremos en éstas.

Dicho esto, pasemos al causante del problema: la industrialización del arte. Es evidente que estas dos mencionadas, más que cualquier otra, se producen a escala masiva y se encuentran sobre-representadas en los principales medios de comunicación. Y no estamos aquí en protesta por la falta de representación de las demás artes. Todas tienen su espacio y queda en manos de los artistas empezar a buscar métodos alternativos de difusión para su obra y su arte, lo que buscamos evidenciar es que han pasado de piezas para ser “apreciadas” a productos para ser consumidos.

¿Y cuál es el problema con esto? Verán, en la sociedad post-industrial la gente vive en un estado acelerado (fenómeno ampliamente evidente en las metrópolis), donde la inmediatez lo es todo. Ejemplos de ello serían la popularidad de las redes de mensajería instantánea y la comida rápida o empaquetada. Pero no sólo eso, sino que, por el ritmo tan desenfrenado de la vida cotidiana a la que están acostumbrados nuestros sujetos, el mundo se vuelve aburrido en poco tiempo. Es por ello que hay una incesante demanda de nuevos productos “artísticos”. Hay una necesidad de consumir constantemente estímulos “novedosos” que puede ser cubierta satisfactoriamente -por un rato, al menos- con un nuevo hit en la radio de la estrella musical del momento (puesta ahí por la misma industria) o con la nueva secuela a esa película tan exitosa del año pasado.

Puede que aquí alguno se pregunte de nuevo ¿y qué? ¿Qué tiene de reprobable o condenable que consuma cosas nuevas? Nada. Hacer esa pregunta exhibe que se está fallando para visualizar el punto del texto. Así que pongámoslo en claro. En esta sociedad capitalista, el sistema de oferta y demanda le resultó contraproducente a nuestros individuos clase medieros, pues ellos pedían cultura y gratificación inmediata, y su capricho fue cumplido a un costo desorbitante: industrias enormes surgieron para arrebatarles de las manos el poder de decidir el destino de su cultura. Queríamos velocidad en la generación de cultura, y las compañías convirtieron el arte en producto de consumo, empaquetado y listo para llevar.

Así, de pronto, ya no es la clase media quien produce arte para la clase media. Ya no son ellos quienes generan expresiones que denuncien o exhiban su sentir acerca de su situación en el mundo. No. Ahora se les proporciona cultura desde arriba. Un grupo de personas en posición privilegiada dicta el porvenir de su cultura. Deciden qué películas les van a proporcionar y qué música han de escuchar. Seleccionan piezas que, a su criterio burgués, ejemplifiquen lo que ellos consideran como los valores deseables para toda esta gente y lo que ellos asumen que deben sentir respecto a su propia situación. Así, la cultura ha sido secuestrada por unos cuantos changos adinerados.

Bien, expuesto todo esto, vale preguntar cuál es el punto de toda esta denuncia. El punto es que la clase media consume el arte, en lugar de apreciarlo. La industria se ha apropiado de la música y el cine, produciendo una imagen y generando ciertas expectativas respecto lo que es y no es apropiado transmitir en el cine. Ignorando las agendas políticas detrás de estas decisiones, es evidente que no puede ser sano que le dicten a un sector poblacional tan grande cómo debe interpretar su realidad y qué elementos son a los que más vale la pena prestar atención, pues así se crea un fenómeno de alienación de su propia cultura, donde no pueden participar, sólo consumir. Donde no pueden generar, sino recibir pasivamente ideas y conceptualizaciones. Donde la masa no piensa, sino que es pensada.


Dogo Filósofo

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Comments

Laura Patricia Mateo Rojo     24 November 2017

No podría imaginarme un mundo si el arte de la música o el arte de las películas y obras.

Miriam Juana Hernández Gerena     23 November 2017

El arte debe formar parte de nuestras vidas porque es algo que alimenta la vista y el alma.

Alicia Carolina Zazueta Lucio     22 November 2017

Si el arte es algo necesario como distracción en la vida.

Marcus Ortiz Romero     22 November 2017

Para cada persona el concepto de arte es diferente. Unos aprecian el teatro, otros aprecian el cine, otros aprecian las pinturas, otros aprecian la música y etc. Para mi se me hace increíblemente raro ver ricos comprar pinturas por millones de dolares que solo tienen lineas y rectángulos pintados mientras que en la calle he visto graffitis con mucho detalles pintados que considero son obras maestras.

Casia Cifres Valdivia     21 November 2017

Pienso que el arte esta en todas partes y es necesario en nuestras vidas.

Luis Camacho Rodriguez     21 November 2017

Aunque sea cierto que ciertos ejecutivos deciden que película o música producir, la gente todavía tiene el poder de elegir no pagar por eso. Últimamente han salido muchos remakes de películas viejas pero aparte del aspecto nostálgico muchas han perdido dinero porque no tenían lo que la gente quiere ver. Por ejemplo el remake de Ghostbusters no le gusto a muchas personas y no se recuperó la inversión de producir la película. Yo sólo opino que la cultura varia de persona a persona.