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Un vistazo a mi vida desde la ansiedad y la agorafobia

Hombre-ventana-mirando hacia fuera-persianas

“Todo es hermoso si lo veo desde aquí arriba, desde mi ventana. A salvo de la interacción humana. No sé en qué punto exactamente me desconecto de todo y dejo de sentir, o al menos trato. Dejo de ser parte de eso que sucede en la calle y sólo observo.

Observo y me pregunto: ¿Cómo lo hacen todos? ¿Cómo caminar libremente por la calle? ¿Cómo esperar en una esquina por alguien que llegará a cierta hora?, ¿Cómo manejar hacia un punto en específico? ¿Cómo lo hacen? ¿Cómo ir en esa inconsciencia de la inercia de una vida llena de rutinas? ¡¿Cómo?!

Y no me explico qué hay de malo en mí que me hace quedarme aquí, que me incapacita para derrotar a los monstruos y poner un pie en la calle, pues son tantas las barreras invisibles y los miedos, que duele siquiera sacar un dedo de mi habitación. ¿Cómo se llega a éste punto? ¿En qué momento se vuelve uno espectador de la vida que pasa?

Aunque pensándolo bien, siempre he luchado internamente para poder salir, llevándome a empujones hasta la puerta para poder ir a algún lugar, nunca ha sido fácil dejar el lugar dónde vivo para ir a la calle.

Tal vez lo pienso demasiado, tal vez la sociedad me llenó de miedos paralizantes, tal vez la sobreprotección me llevó a esto, no lo sé, pero siempre hay una sombra grande impidiéndome salir; y duele, porque todo se ve tan lleno de luz allá afuera, y yo me siento tan fuera de lugar, tan separada de esa visión prístina que da la calle en una hermosa tarde de verano.

No entiendo. No me entiendo, sin embargo me siento, siento todo ese terror que me paraliza, todo ese dolor que desea irse para ser sanado. Y sé que hay cosas por hacer, pero los demonios que resguardan la entrada son más grandes y fuertes. No es fácil, en días así, uno se tiene que quedar mirándolos reír y sintiéndolos picar, otros días dejan que me les una, se hacen pequeños, entonces salimos y yo soy más fuerte y poderosa otra vez.

Siempre odié el cuento de Rapunzel, y a veces, soy esa tonta encerrada en la torre sin poder salir, sin poder hacer que mi cabello crezca más para poder escapar, sin una espada para poder romper la puerta y asesinar al monstruo, porque hay veces que me gana, me paraliza, y por más cosas que tenga que hacer en la calle, me quedo aquí, en mí, viendo a la gente libre pasar sin monstruos en la espalda. Siempre necesito acumular valor por días para salir sólo unas horas, mentalizarme para ello.  

Quisiera ser como todos y no sentirme así, poder liberarme del peso de mis pensamientos, pero hay días en que no soy tan fuerte y me vencen, se amontonan sobre mí.  No sé si haya alguien allá afuera que me entienda o que le pase igual, pero tal vez nunca nos encontremos, si no podemos derrotar a los monstruos y salir. Tal vez algún día sane y se vayan por completo, que la lucha diaria sea menor cada vez  y en un momento desaparezca, y sea por fin libre. No lo sé, por ahora sólo quiero envolverme en las cobijas y desaparecer del mundo, del todo, de mí.”


La ansiedad y la agorafobia son padecimientos reales, si conoces a alguien que los padezca, no le juzgues ni intentes convencerle de que sólo “echándole ganas” podrá salir de ese estado. Hay veces que los miedos en la mente nos envuelven al punto del pánico y aunque no se puedan ver, para alguien que sufre de esto, son muy reales y casi tangibles. Da tu apoyo a tu ser amado, busca ayuda profesional, hay muchas asociaciones y apoyo en internet, haz la diferencia, dale amor en lugar de juzgar fríamente algo que no podrías entender a menos de que lo padecieras.

A veces sólo necesitamos paciencia y un abrazo que nos haga sentir seguros, sin presiones, sin regaños, sin desesperación, sólo amor puro y empatía. Y si tú padeces algo así, no te calles, no te avergüences, busca ayuda, NO ESTAS SOLO(A).


S. Montferrat

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