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Qué es el pensamiento crítico y cómo conseguirlo

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El pensamiento crítico es una de esas habilidades humanas que parecen recibir mucha publicidad por parte de los sistemas educativos progresistas. La idea fundamental es que nuestros modelos pedagógicos deberían buscar el desarrollo intelectual de las personas y no sólo inyectarles información a sus memorias. Es algo que se escucha continuamente de parte de psicólogos y pedagogos: Memorizar no es lo mismo que comprender un tema y aplicar ese conocimiento de forma inteligente.

En ese sentido el pensamiento crítico tiene que ver con un modo de pensar más que con un contenido específico. Es un tipo de procesamiento de la información que nos permite evaluar la información que recibimos y formar un criterio a través de nuestros propios análisis y razonamientos.

No hace falta decir que esta competencia mental resulta especialmente importante en un mundo en el que recibimos una enorme cantidad de información a través de la televisión, la radio y el internet. Después de todo, vimos en la era de la información, o eso se dice. Mas esto conlleva ventajas y desventajas: podemos estar mejor informados si sabemos cómo pensar, pero también corremos el riesgo de absorber un gran número de datos dañinos, imprecisos o de plano falsos.

En este punto es en donde entra nuestro criterio intelectual. En la medida en que éste esté desarrollado podremos filtrar ese enorme río de información y navegar en medio de él para no formarnos ideas equivocadas acerca del mundo, y al mismo tiempo, saber cómo defender posturas propias de una manera clara, eficaz y fiel a la verdad. A continuación describo algunas de las características que deberíamos tener en cuenta para empezar a cultivar este tipo de pensamiento:

Saber evaluar nuestras fuentes de información

Un elemento muy importante que deberíamos tomar en cuenta es el de identificar la fuente de información de la que estamos bebiendo y cuál es su reputación. Tal y como cualquier estudiante universitario sabe es muy importante conocer en qué medida podemos confiar en el libro, la revista o la página de internet que estamos revisando. Por ello deberíamos tomar en cuenta los puntos siguientes:

- ¿Cuál es el fin de esta fuente? ¿Entretener, informar, causar polémica?

Esto es muy importante porque la intención detrás del texto está relacionada con la objetividad que pueda tener el mismo y es particularmente notorio en el caso de aquellas que tienen una clara motivación ideológica. Por ejemplo, una página de izquierda que hable del capitalismo o de la derecha.

- ¿Esta fuente de información está legitimada por alguna autoridad?

Esto resulta especialmente relevante en el caso de temas académicos. Las revistas y libros que hablan de temas especializados suelen recibir algún tipo de evaluación por parte de autoridades en el tema, lo cual las hace más fidedignas.

Reconocer argumentos legítimos y falacias

Una vez que se ha evaluado la fuente de información es momento de revisar con cuidado el contenido de la misma. Para poder hacer esto con eficacia es necesario tomar en cuenta que existen cierto tipo de argumentos que son legítimos y otros que no lo son. Estos últimos son conocidos como falacias.

Una falacia es un argumento que no añade ningún peso a lo que se está defendiendo o criticando. Un texto lleno de falacias no es necesariamente falso (pensar así sería otra falacia conocida como argumento desde la falacia) pero sí nos dice que no debemos dejarnos convencer por argumentos inválidos. Es decir, hemos de ser capaces de reconocer qué argumentos deben ser tomados en cuenta y cuáles deben ser simplemente ignorados.

En internet es fácil buscar una lista de falacias que te pueden servir para identificar su uso en fuentes de información.

Formar un criterio propio

Este es el último paso que debemos considerar para desarrollar un pensamiento crítico. Una vez que nos hemos asegurado de la calidad de la fuente y hemos evaluado correctamente el contenido, estamos preparados para formar nuestro propio criterio. El proceso de recepción ha sido exitoso.

Formarse un criterio propio es relevante porque nos permite ligar esa información a nuestras propias experiencias de vida y conocimientos previos, y de esa manera, saber por qué podemos defender o rechazar lo que recibimos. De esa manera no sólo habremos sido críticos al entrar en contacto con tales datos sino que también seremos capaces de juzgarlos de acuerdo con nuestro propio razonamiento. Al hacer esto es conveniente asegurarnos de que nosotros mismos no caigamos en falacias y razonamientos inválidos.


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