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Política y arte: Los flujos migratorios imaginados por Mona Hatoum

Cerrar o abrir fronteras será un tema constante en el discurso público durante los próximos años. Sin lugar a dudas, el flujo migratorio es una veta que exige investigación y análisis continuo. El proyecto Suspended (2011) de Mona Hatoum configura una imagen que nos aproxima a reflexionar sobre la experiencia simbólica de un mundo que se construye de choques que dislocan y fracturan su geografia.

Suspended es una instalación en una sala de 35 columpios cuyos asientos rojos y negros de madera  están tallados con fragmentos de los mapas de varias grandes ciudades. La propuesta consigue generar una sensación cercana a la experiencia migratoria contemporánea. Los visitantes de la sala circulan entre estas ciudades oscilantes en constantemente en movimiento, pero más que una conexión producen un choque agresivo entre ciudades.

El uso de muebles es una constante en el trabajo de Mona Hatoum. Los objetos que utiliza tienen un uso cotidiano, pero se convierten en extraños y permiten un sistema abierto en el que los observadores descifran la obra desde su propia historia interior. Constantemente la percepción del objeto se vuelve lo opuesto, la artista trata el conflicto y la contradicción; busca que sus instalaciones atraigan y repelen; y prefiere la seducción a la belleza.

La práctica artística de Hatoum habla de la proximidad y la distancia; reflexiona sobre las  fronteras geopolíticas, conflictos sociales, incluso personales. Articula estas cuestiones en el uso de materiales, que están implícitas en los mismos, y sólo es posible experimentarlas cuando el cuerpo está frente al objeto.

La intención es que la gente se enfrente a sus propias concepciones de mundo, se incite a hacer preguntas. En un primer encuentro físico, el espectador reacciona frente a los aspectos sensoriales del objeto, antes de crear significados, hacer asociaciones o connotaciones sobre lo qué quiere decir la obra, percibe las cualidades de sus materiales y reacciona de algún modo ante estos.

“Siempre me resulta problemático cuando los museos y las galerías quieren poner un texto explicativo en la pared”, confiesa Mona Hatoum, “me resisto a los intentos de las instituciones por determinar un significado de mi trabajo, porque se fija un sentido y se limita la lectura de la obra: no permite la expansiva interpretación del espectador, que refleja su propia experiencia imaginativa”.

Cristina del Río Francos