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Pequeño cuento mexicano

*Nota: para no desentonar, este cuento utiliza un lenguaje muy campechano.

En la chamba me pidieron que escribiera un cuento donde intentara explicarle a un extranjero cómo es una salida con los cuates en México. Y es por eso que me cayó de perlas la llegada de mi amiga, “la güera”. Vino por tres días al defectuoso y anduvimos de pata de perro.

Día 1:

Fui a recogerla al aeropuerto. En el auto me comentó que venía paniqueada porque su mamá le había dicho que México es un país donde pululan secuestradores que son capaces de hacer cualquier tipo de atrocidades con tal de obtener unos pesos, y los políticos asesinos de periodistas, y policías que matan chavitos que comen tacos, y los saqueadores, y todo tipo de animal salvaje que se les pueda ocurrir.

Obviamente no le iba a mentir. Por eso, mejor le cambié la conversación.

-¡Tú no te preocupes, güerita! Mejor vamos por unos tacones de pastor que conozco por mi “jaus”. Están re buenos, ya verás.

Y con todo y mi optimismo taquero, ella seguía con su cara de afligida.

En la cena me comentó que no tenía hambre por aquello de la preocupación, pero igual se empacó unos frijoles charros, cuatro de pastor, dos de suadero y uno de lengua. ¡Eso sí! Con agüita simple pa´que no le fuera a caer pesado.

Después, nos fuimos a dormir.

Día 2:

¡La venganza de Moctezuma ataca a “la güerita” desde bien tempranito! Casi tres horas atrapada en el trono. ¡Pobrecita! Pero bien que le entraba a los tacos con harto pasto. Ni modo, es parte de visitar México. Las terribles infecciones estomacales.

Pero no crean que eso arruinó los planes de la güerita. ¡No! Ella iba dispuesta a conocer las tales trajineras. Y pues sí, llegamos a Xochimilco y todo como siempre: flores y borrachos por doquier. Nosotras también llevábamos borrachos particulares porque invité a dos amigos de la facultad de ciencias políticas. ¡Son bien borrachos!

Durante el viaje, don Candi (el señor que guiaba nuestra trajinera) hizo buena mancuerna con mi cuate Juan. El muy sonso se lo vacilaba pero el don bien que le respondía. Hicieron un chiste que no recuerdo muy bien por tanto alcohol pero era algo relacionado con una garza de mentiras. A todos nos dio mucha risa menos a la güerita. Yo creo que fue porque no masca muy bien el español.

De ahí nos fuimos a un “Bar Karaoke”, donde yo no dejé de cantar las de Timbiriche. Creo que hasta me aventé unas de Paquita la del Barrio.

Al principio, la güerita parecía un poco aburrida. ¡Y pus´sí! No tenían canciones en inglés. Pero por fortuna iba Juan, quien además de saber vacilarse a la gente es un mujeriego de primera y no tardó en crear un ambiente propicio para nuestra güerita, quien por fin se estaba pasando un rato a la mexicana, justo como le habían contado sus primas que fueron a Cancún en el “esprín breic”.

Esa noche, todos caímos en el chante de Ketcho.

Día 3:

Desperté y en la sala sólo estábamos Ketcho y yo. Después de un rato, sonó mi celu y era la güerita. Resulta que había pasado la noche con Juanito o al menos eso recordaba porque el caballero ya no estaba. Y lo peor, ella no sabía en qué hotel se ubicaba.

Afortunadamente con solo un “click”, la tecnología nos puede dar nuestra ubicación precisa.

Llegamos por la güerita, que estaba muy platicadora con unos travestis que trabajaban por el lugar. En el trayecto a mi casa conoció los bellos rumbos de Tlalpan. Recogimos sus tiliches en mi depa y la llevamos al aeropuerto.

Al despedirnos, yo le di una nota para un amigo que tenemos en común y decía:  

Pink Lane, my love:

I will love you for the whole eternity. You are the best man in the world, and I say it without fear of being wrong.

Your beloved, Angie blue.

Al recibir la nota, la güerita me abrazó y me dijo que habían sido las mejores vacaciones de su vida.

Se subió al avión y derechito a Vancouver.

Ni el Ketcho ni yo volvimos a saber algo de Juan. Él creía en las “teorías de las conspiraciones” y esas payasadas, por eso siempre bromeamos con que lo secuestraron los marcianos.

Después recibí un correo que decía algo así:

My beloved, Angie blue...

Simple as a flower, I tell you from previous lives: You'll always be the only woman I'll ever love.

Your love, Pink Lane.

Angie Tovar

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