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¿Cómo reconocer a un buen político?

Decía un político de pueblo que la mejor definición de política es aquella que reza: es el arte de andar por la vida oliendo mierda sin hacerle gestos.

Usando esta misma alegoría, el escritor Carlos Fuentes escribió su “Manual del Perfecto Político”, señalando todos los oscuros secretos para tener éxito en esta carrera.

Tener un operador para hacer el trabajo sucio, la habilidad para cambiar de piel de acuerdo con los distintos escenarios, tener entre sus aduladores a un verdadero asesor, hacer mucha obra pública (que les permita exponerse a los aplausos y también enriquecerse) y procrastinar (sobre todo las soluciones).

Nada de esto hace a un buen político tanto cuanto a un político exitoso. Seguir esta receta al menos le permitiría al más común de los mortales garantizar su futuro económico en poco tiempo, para después escudarse en la frágil memoria de la sociedad y desaparecer.

Reconocer a un político bueno es difícil, porque no los hay. Pero en caso de existir tendría que tener atributos como los siguientes:

Honestidad

El valor de llamar a las cosas como son, transparentar la información, reconocer los errores y aplaudir los esfuerzos exitosos de los otros es una de las prácticas menos comunes entre quienes ejercen la política. Si encuentras uno que te responda con honestidad: no tengo idea de dónde vamos a sacar dinero para tapar los baches de esta colonia, pero haré mi mayor esfuerzo para conseguirlo, arrópalo.

Sensibilidad social

Voltear a ver al pobre, abrazar a sus hijos, entregar una despensa y sonreír para la foto lo hace cualquiera. Llorar cuando se atestigua las lamentables condiciones de pobreza que prevalecen entre los seres humanos suele, en cambio, traducirse en lenguaje político como debilidad. En lo personal, creo que cuando veas llorar a un político en el medio de casas de cartón o niños chamagosos, cuando su cara se tuerza ante la fetidez de un basurero o sufra verdadera congoja ante un asesinato, debes votar por él.

Ética

Uno de los dichos más populares en esta actividad dice: el poder corrompe. Es cierto. Hemos escuchado de algunos políticos que intentan quedar fuera del cohecho por parte de grupos de facto, poderes económicos o intereses criminales. El sistema generalmente termina por tragárselos. De cualquier modo, intenta ofrecer al funcionario un “cañonazo de 50 mil”, como decía el manquito Álvaro Obregón, si lo resiste, dale 5 puntos en tu lista de los buenos.

Ideales

Dicen que desde la Generación X, pasando por los Millenials, la sociedad ha dejado de tener ideales. ¿Quién diablos se emociona ahora con las canciones de Silvio? ¿Quién, además de los economistas que quieren un Nobel, habla de la pobreza? Tener ideales es fundamental para poder escuchar a la sociedad y hacer realidad los sueños y anhelos colectivos. Así que cuando escuches a un político tararear, desde el fondo de su corazón, aquella que dice: “te doy una canción si digo oh patria”, dale dos puntos, y si encuentras uno con verdaderos ideales, mil.

Carisma

Un buen político debe tener algo más que buenas ideas. La facilidad para comunicarlas, transmitirlas, seducir a partir de ellas y convencer a propios y extraños de que lo que se hace es lo mejor para la mayoría es fundamental. Un ejemplo excepcional de esta característica la puedes encontrar en dos personajes diametralmente opuestos en su ideología: tanto Barack Obama como Donald Trump son capaces de encender emociones –muy distintas por cierto, pero emociones al fin.

Roedor de Lencería

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