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El veneno de los anfibios

Los anfibios son un grupo de animales que se encuentran entre la transición del agua a la tierra, es decir cuando se hallan en el huevo y como parte de su desarrollo necesitan del agua. Cuando estos se convierten en adultos pueden vivir en los dos ambientes. Una características que los puede definir es que pueden respirar por la piel.

Actualmente en el mundo existen tres grupos que se distinguen por su forma: las salamandras que tienen cola, son algo parecidas a las lagartijas sólo que su piel es parecida a la de las ranas y permeable, las ranas que por los cuentos infantiles puedes saber como son, tienen extremidades con las cuales pueden brincar y por último las cecilias, que son parecidas a las serpientes con una piel también permeable. Una característica que comparten todos los anfibios es que poseen glándulas granulares, que son órganos que se encuentran entre la piel de todos estos animales. Estas glándulas secretan diversos compuestos químicos de forma natural y que algunos pueden ser tóxicos o nocivos.

Esto no significa que todos los anfibios son venenosos o peligrosos, al contrario, estas sustancias pueden encontrarse día a día en diferentes concentraciones, como los alcaloides, los cuales se consumen en la nicotina del cigarro. Estas sustancias pueden usarse como anestésicos o psicoactivos.    

Existe un grupo de ranas ampliamente conocidas por sus propiedades venenosas, los dendrobátidos, conocidas como ranas punta de flecha o dardo. Estas ranas se encuentran desde Centroamérica hasta América del sur. Algunos grupos indígenas, como los Emberá Chocó en Colombia, utilizan el potencial veneno de estas ranas. Mojan las flechas con su piel y después utilizan las flechas ya secas para cazar a diferentes presas, por ello quizá son conocidas como ranas flecha venenosa, tienen colores muy llamativos y son pequeñas.

Otras aplicaciones culturales del uso de estos elementos tóxicos de la piel de los anfibios están dictaminados por sus características psicotrópicas. En México, una especie de sapo que se distribuye en Sonora, la han usado para provocar alucinaciones gracias a la sustancia de la familia de las triptamidas, la cual es un poderoso alucinógeno.

Los usos de las sustancias que secretan estos animales va más allá de los culturales. El profesor Clark del Museo de Historia Natural de Londres menciona que las aplicaciones en medicina de estas sustancias tienen un gran potencial farmacéutico.

La próxima vez piénsatelo dos veces antes de besar un sapo, ya que en vez de príncipe puedes encontrar algo que puede no ser de tu agrado. 

Jorge Sánchez